El viento reformador se agita – Diario La República, Perú

El siguiente editorial responde exclusivamente a la visión de este medio

 

El viento fuerte reformador que expuso Jorge Bergoglio apenas iniciado su pontificado se ha transformado en una tromba en su primera gira internacional, realizada a Brasil a la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud. Comunicador nato, discursivo, aplicado y eficaz, el papa Francisco ha suministrado las palabras precisas que indican que con él la Iglesia parece haber iniciado una transformación en la imagen en una dimensión que llegará a comprometer el fondo. Claro, si tiene éxito.

Leonardo Boff, uno de los teóricos de la Teología de la Liberación, ha apuntado que Francisco “es el proyecto de otra Iglesia, en línea con la espiritualidad de San Francisco de Asís, pobre, humilde, amigo de la naturaleza, despojado del poder y de sus símbolos”.

En los 135 días en el trono de San Pedro ningún gesto permite indicar que el suyo será un gobierno clásico de la Iglesia. Al contrario, uno a uno, sus comportamientos hablan de una profunda y racional elección del cambio; al mismo tiempo, más allá de las palabras, ningún hecho revela que tendrá éxito. Por ahora, la explicación de ello, que no deja de ser justa, es el escaso tiempo que ha tenido para encarar la concreción práctica de su mensaje.

Su presencia en Brasil fue resonante, inédita, aleccionadora y en cierto sentido fundacional. Durante su visita se ha evidenciado la enorme brecha entre el actual papa y el molde que Roma ha construido a través de los últimos años para que allí encaje el jefe de la Iglesia.

Desde una favela, Francisco hizo trizas en unos minutos el paradigma de una Iglesia generosa con los pobres y crítica de la opulencia, para reemplazarlo por un discurso abierto contra la desigualdad, la exclusión y la corrupción. En otros momentos, ha llamado a la acción a los jóvenes contra la indiferencia, ha cuestionado a los poderes de la política y de la economía su falta de responsabilidad social.

En todas sus expresiones ha quedado clara su apuesta por una iglesia social, que no comprometida necesariamente con algún proyecto ideológico, pero sí viva, dinámica, presente, más cerca de las personas que de los salones del poder y del dinero.

Francisco va sumando caracteres de su pontificado; a su inicial rechazo del boato de la alta jerarquía católica, le agregó la humildad personal del ministerio y la recusación de la corrupción de la curia. A la apertura a un dialogo con los ateos, le ha seguido la valoración del papel cultural y espiritual de las otras religiones, el beneplácito frente a un Estado laico abierto, la negativa a condenar a las madres solteras y a los homosexuales.

Francisco parece depositar en cada mensaje pequeñas pastillas de su perestroika. En Brasil se ha situado en el centro de las opciones que han jalonado a la Iglesia en las últimas décadas. Al reunirse con los 45 obispos que integran el comité coordinador de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) ha marcado distancias con la ideologización de la Iglesia en cualquiera de sus corrientes como con el clericalismo, esa deformación que construye la fe alrededor de los sacerdotes y no de los fieles.

El primer viaje internacional del Papa parece indicar que el período de la asunción del cargo ha terminado y que se asoma una etapa de realizaciones, en un proceso que él mismo ha diseñado y priorizado de acuerdo a sus declaraciones ante los periodistas durante el vuelo de regreso a Roma. De hecho, queda claro que su principal afán, por ahora el único, será la ruptura del inmovilismo de la alta jerarquía.

http://www.larepublica.pe/politica/editorial-31-07-2013