José Miguel Insulza, secretario general de la OEA: “Discrepancias ideológicas perjudican la integración”

El secretario general de la OEA, el chileno José Miguel Insulza, trata de sostener la organización, donde en los últimos años se han introducido gobernantes que, como toros en una cristalería, tratan de imponer su ideología sobre los principios de democracia y no intromisión en los asuntos internos de los países. En esta entrevista, el diplomático, muy cuidadoso para no herir susceptibilidades, admite sin embargo que las discrepancias ideológicas perjudican el proceso integrador en las Américas.

–La labor suya en aquellos tiempos difíciles para Paraguay, en junio de 2012, fue muy reconocida aquí…

–En la OEA no hicimos otra cosa que seguir todos los precedentes y todos los principios que hemos tenido siempre cuando en un gobierno o país se produce una crisis entre poderes del Estado. Han habido otras destituciones de presidentes (en otros países). Nosotros no tenemos ninguna facultad de intervenir ni debemos hacerlo. Fue una decisión del Paraguay y no una decisión nuestra. No me corresponde decir si las causales (de destitución de Fernando Lugo) me parecen bien o mal. El punto es que lo decidió la Cámara y yo tengo que respetar eso. Por lo tanto, nosotros nos ceñimos a principios. En lugar de hablar de sanciones, nosotros apoyamos el proceso institucional de Paraguay. La apuesta tuvo buen resultado.

–Fue muy criticado también la posición de la OEA porque se interpuso a gobernantes que en forma avasallante quisieron imponer su voluntad. Creyeron meterse en un país débil, manipulable…

–Es difícil dejar a todo el mundo contento. Cuando las cosas se ponen difíciles, hay que volver a los principios. Si un país se encadena a la Constitución, hay que respetar. La mayoría de los países que no estaban de acuerdo respetaron esa línea. A mí no me importa que el Presidente sea de izquierda, de derecha o de centro. Si es un Presidente de un país democrático, voy a respetar. No tratamos de andar dejando contentos a todos, sino de dirigir una institución que tiene consistencia.

–¿Y qué responde cuando estos gobernantes dicen que usted recibe órdenes de Estados Unidos?

–Hay unos señores en Estados Unidos que dicen que recibo órdenes de (Nicolás Maduro de) Venezuela. Las dos (opiniones) las barajo y las dos las tiro al mismo canasto de basura. Ninguna dice la verdad.

–Pero, ¿qué dice de los que quieren fuera a Estados Unidos?

–No conté con el beneplácito de Estados Unidos, pero creo que es actor imprescindible. Es completamente idiota pretender aislar a Estados Unidos. Yo quisiera muchas veces que Estados Unidos actuara de manera distinta, pero en una organización hemisférica es necesaria y es buena. Me parece que sería un error prescindir de EE.UU. Es cierto, hay una idea de algunos, de una OEA sin Estados Unidos. Pero eso no ha prosperado y nadie lo ha planteado realmente.

–¿Qué hizo la OEA para permanecer en el tiempo? Unasur es nuevo y no sirve. A Paraguay por lo menos ya no le interesa…

–La OEA tiene como fortaleza, primero, su respeto al derecho. Tiene una secretaría general poderosa, fuerte, que no tiene todos los recursos necesarios para hacer lo que quisiera. Todos los países pagan sus contribuciones de manera bastante normal. Tiene algunos programas como el programa de derechos humanos, de alta credibilidad. Está el programa de drogas, que acabamos de sacar, de gran repercusión. Hay temas hemisféricos como la migración… Nosotros estamos satisfechos y no tenemos ganas de disputar el terreno con nadie.

–Pero quieren desautorizar hasta a la Corte Interamericana. Venezuela se desafilió, seguramente, para que no se le investigue (a Maduro) por violaciones de derechos humanos…

–No todos los países de las Américas han ratificado la Convención Americana de Derechos Humanos. Estados Unidos y Canadá no la han ratificado. Algunos ni siquiera la han firmado. Venezuela espero que recapacite.

–¿Lo de Venezuela tiene que ver con la violación de derechos humanos?

–En materia de derechos humanos, los que se sientan en el banquillo de los acusados son los Estados. Naturalmente, a algunos no les gusta eso. Yo creo que los problemas de Venezuela han sido más con la Comisión de DD.HH. que con la Corte. Espero que recapacite.

–¿No cree que la situación política se va a agravar, en la medida de las violaciones que vayan cometiendo los gobiernos unidos por su ideología? En Paraguay quisieron imponer su ideología.

–Creo que son factores que tienen que ver con la falta de fortaleza de las instituciones, muchas veces, y tendencia a modificar la normativa que la rigen de manera muy frecuente…

–¿A qué se refiere?

–Hay una frase muy feliz del senador Ferreiro que habla de las democracias sin República. Quiere decir que los gobernantes son elegidos democráticamente, pero muchas veces las instituciones son tan débiles que los gobernantes gobiernan de manera más bien omnímoda. Creo que ese es un problema serio. La democracia es un proceso y estoy seguro de que tarde o temprano esas cosas se irán fortaleciendo.

–Cuando empezó el proceso de integración a comienzos de los noventa, el ideal era integrar a las democracias para su desarrollo económico. Más de 20 años después degeneró en directa intromisión en los asuntos internos. El radicalismo hizo entrar a algunos gobiernos en “corto circuito”…

–Yo no creo que los acuerdos de integración sean el principal problema. Por el contrario. Diría que existe poca integración si no hay la posibilidad de que los países se tomen acuerdos que amarren a todos los países.

–¿Es posible la integración sin afinidad política?

–En los años del presidente (Salvador) Allende, en Chile hablábamos de pluralismo ideológico que hoy día existe en América Latina. Pero es un límite abocado a un proceso integrador. La Unión Europea es también producto de identidades políticas entre los países que la forman. En América Latina, aunque hay un gran afán de los presidentes de trabajar juntos, de alguna manera las discrepancias ideológicas perjudican el proceso integrador…

–Lo destruyen…

–No sé…, no soy tan terminante, pero perjudicarlo sí.

–Hoy Paraguay rehúsa reintegrarse al Mercosur, por lo que le hicieron sus socios. Se podría decir que es consecuencia de una falta de afinidad ideológica…

–Yo no me voy a pronunciar sobre este tema. Los países del Unasur y Mercosur han respetado lo que la OEA ha decidido, y yo voy a respetar lo que hagan ellos. Yo no voy a entrar a discrepar con Unasur y Mercosur. Esto no es una batalla de organismos internacionales.

–¿Tiene alguna opinión sobre estos procesos económicos políticos? Ahora entró a regir la Alianza del Pacífico.

–La Alianza del Pacífico es un esfuerzo positivo de concertación económica entre cuatro países…

–Con afinidad política.

–Tienen acuerdos económicos importantes entre sí. También existe entre países como México, Canadá y Estados Unidos. Eso es bueno y es un proceso de profundización del comercio internacional que me parece muy adecuado, sobre todo en un período en que por desgracia los acuerdos en la Organización Mundial de Comercio no han avanzado mucho.

–¿Qué tipo de sistema cree es el que puede salir adelante?

–Yo creo francamente que lo que no funciona es esto que venimos diciendo sobre integración latinoamericana desde hace 50 años, desde México hasta Tierra del Fuego.

–La vieja retórica…

–La integración hay que hacerla con los que estén disponibles.

–Entre los que estén de acuerdo.

–La Unión Europea empezó con seis países. El resto se acercó después. La Alianza del Pacífico no es competencia para el Mercosur, porque es fundamentalmente un acuerdo de complementación económica, y el Mercosur, según las últimas declaraciones, es más política que económica, y por lo tanto son procesos paralelos. Y perfectamente un país puede entrar a los acuerdos de la Alianza del Pacífico sin por eso dejar de pertenecer al sistema Mercosur. No creo que estén en competencia. No hay que ser demasiado esquemático en esto. Vamos a ver lo que pasa con los distintos sistemas.

–¿Que le pareció Cartes?

–Muy bien. Interesado por el crecimiento económico, para mejorar. Lo vi muy inspirado, preocupado por los temas sociales. Le preocupa la pobreza, la desnutrición. Es consciente de que precisa una estrategia de crecimiento y que, felizmente, Paraguay ha tenido un buen crecimiento en los últimos años…

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