“Representa el modelo de concentración de riqueza y exclusión”

El Golpe y el gobierno de Cartes

Por Adolfo Giménez

En los últimos veinte años hubo un crecimiento de organizaciones del campo popular, hubo luchas importantes por la tierra, por mejores precios de productos agrícolas, contra la represión, por mejores condiciones laborales, por salario, en contra de las privatizaciones y de los despidos, por el respeto a los derechos humanos,  pero se llegó a un punto en el que la dispersión y la falta de una articulación más unitaria requieren de una reflexión, de un debate democrático amplio y de una propuesta combativa y movilizadora para seguir adelante.

De esta manera se podrá responder y resistir mejor  al proyecto de Horacio Cartes y el Partido Colorado junto al bloque de partidos golpistas; y a la alianza “azulgrana” que tiene el objetivo de establecer una gobernabilidad sobre la base de la profundización del modelo neoliberal, agroexportador, extractivista y de represión-criminalización de las luchas sociales.

En estos veinte años se consolidó una estructura económico- social que se venía perfilando con claridad desde décadas pasadas, cuyas principales características son: descampesinización, alta migración a las ciudades, surgimiento de “un ejército” de trabajadores informales y desempleados, bajo desarrollo industrial, permanente flexibilización y precarización laboral, miles de niños trabajadores en diversos establecimientos y en las calles.

El 67% de la población vive en las ciudades, el trabajo informal ocupa más del 35% de la población económicamente activa, el salario mínimo recibe menos del 35% de los trabajadores y los asentamientos precarios crecieron de una manera gigantesca.

¿Un gran triunfo?

El “contundente” triunfo electoral del Partido Colorado el 21 de abril pasado se basamentó en la tradicional  y costosa maquinaria con que cuenta este partido, además de prácticas reconocidas  como el acarreo de gente, la compra de cédulas y el pago por el voto. Pero a Cartes le ayudó algo más: la intensa campaña de los grandes medios en contra de Fernando Lugo, el Frente Guasu,  algunas organizaciones sociales y los partidos de la izquierda socialista, además de machacar diariamente la supuesta legitimidad del golpe de Estado parlamentario ocurrido el 22 de junio de 2012.

No obstante, no se puede dejar de reconocer que los partidos tradicionales en Paraguay, por encima de estas “incorrecciones”, arrastran todavía a una masa  importante de votantes en determinadas circunstancias como la que ocurrió el 21 de abril. Por tanto, solo la organización y la elevación del nivel de conciencia política del pueblo permitirán superar esta situación y alcanzar nuevos triunfos a corto plazo.

El plan económico que implementará el gobierno de Cartes es el mismo que ya ha perfilado Federico Franco: apertura económica y facilidades a inversionistas extranjeros , profundización del actual modelo,  achicamiento del Estado, plan de privatizaciones. Es muy probable que en poco tiempo se reabran las negociaciones con la transnacional Rio Tinto Alcan para regalarle la energía de Itaipú, así como también  las propuestas de privatización de la ANDE, Copaco y Petropar.

Además  está en marcha el plan de aislar el país con el alejamiento del Mercosur y de la Unasur, como parte de una estrategia trazada en la embajada yanqui para un acercamiento con la Alianza del Pacífico, algo completamente absurdo dadas las condiciones en que se daría esta supuesta integración, sin ninguna conexión física ni de infraestructura.

No hay una situación de derrota

Comprender que hoy existe una dispersión en el campo popular  significa una alarma, pero no es una situación de derrota. Las organizaciones están en pie, la clase trabajadora, el campesinado, los trabajadores informales, los sintechos y sintierras, los pueblos originarios, los estudiantes comprometidos con la lucha del pueblo, etc.

Pero es necesario restablecer los vínculos, avanzar en la unidad entre el campo y la ciudad, en la unidad de acción, en la construcción de nuevas entidades que aglutinen al conjunto del bloque popular ante la nueva ofensiva que lanzará la clase dominante como ocurrió hace pocas semanas tras el asesinato del ganadero Luis Lindstron.

Así como el sector sindical entró en una profunda crisis a mediados de la década de los años 90, la característica principal en las organizaciones campesinas es la actual dispersión, la falta de un plan de lucha en conjunto y una mayor unidad entre las dirigencias. Las auténticas organizaciones de sintechos buscan consolidarse en un ambiente donde se impusieron durante mucho tiempo las prácticas burocráticasy el prebendarismo político. Al mismo tiempo, falta una mayor vinculación con las organizaciones de los pueblos originarios convertidos en el último sector de los oprimidos, en la extrema miseria.

Los partidos golpistas destituyeron en junio del año pasado  a Fernando Lugo con base en un juicio político arbitrario, sin fundamento. El  objetivo que tienen es evitar que se repita la experiencia del gobierno Lugo, aislar a la izquierda socialista, criminalizar las luchas sociales y asociarlas a grupos terroristas.

Al mismo tiempo forman parte de un proyecto internacional contra los gobiernos progresistas de la región sudamericana, con el apoyo de las oligarquías locales.  Los grandes medios de comunicación (diarios y canales de televisión)  manipulan y distorsionan la información de manera escandalosa, con total impunidad, recortando al pueblo su derecho a la información veraz y de espacio en los medios, aplicando la censura sistemática.

De hecho, sus propietarios forman parte de la oligarquía que está estrechamente ligada al capital extranjero y a los organismos mundiales. Otro aspecto  a resaltar es que estos empresarios no tienen un proyecto nacional, son parte de un sistema económico y político internacional, responden a Estados Unidos y algunos países de la Unión Europea.

El proyecto Cartes busca instalar definitivamente el modelo económico de la concentración de la riqueza y de la exclusión, de sometimiento a políticas extranjeras, de neoliberalismo y de ajuste. La respuesta debe ser la unidad, la discusión de nuevos proyectos organizativos, de compromiso y  planes de luchas a corto y mediano plazo para  disputar un modelo diferente, un nuevo tipo de democracia y una sociedad más justa y solidaria.

 

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