Grotesco nepotismo – El Periódico, Guatemala

El siguiente editorial responde exclusivamente a la visión de este medio

 

El nepotismo es el favor o protección de que disfrutan los parientes y amigos de los políticos que ocupan cargos públicos.

En nuestro país este mal está profundamente enraizado e, indudablemente, es causa o motivo de muchos de los problemas que aquejan al sector público, porque, generalmente, los parientes y amigos de los funcionarios se valen de la influencia o de la intervención directa de los mismos para obtener prerrogativas, privilegios, prebendas, empleos y demás, lo que redunda en corrupción y abuso de poder.

Bajo el nepotismo, lo que impera son los vínculos de sangre, de afinidad o de amistad, y no el mérito, la excelencia y la honorabilidad. Luego, quienes obtienen los contratos, las concesiones, los puestos, los favores y las ventajas no son los que tienen la capacidad, la experiencia, la aptitud, el talento, el conocimiento y la ética, sino los que tienen el privilegio de ser parientes, amigos o allegados al político influyente o con poder.

Vemos, entonces, cómo los cónyuges, hijos, hermanos, padres, primos, tíos, sobrinos, hijos putativos, hijastros, ahijados, cuates, financistas, etcétera, de los políticos que acceden al poder público (Gobierno, municipalidades, entidades descentralizadas, etcétera) son los primeros en ocupar cargos importantes, en obtener jugosos contratos y concesiones, en participar de oscuras y amañadas negociaciones y en tener acceso a información privilegiada que les permite lucrar con ventaja.

Muchos “clanes” se entronizan en el seno de los mismos partidos, dado el sistema político antidemocrático con el que contamos, se distribuyen entre los miembros del clan las candidaturas que tienen mejores opciones electorales y cuando llegan al poder se reparten lo mejor del pastel o los mejores huesos.

El objetivo de estos “clanes” es la rapiña y la piñata a costa de la cosa pública. Buscan aprovecharse, sacar raja y enriquecerse al máximo y en el menor tiempo posible. Les vale un comino el interés general y el bien común. Solo les importa llenarse los bolsillos.

En fin, caen como plaga sobre las arcas nacionales y, en menos de lo que canta un gallo, levantan el vuelo después de hartarse y dejar en trozos el erario.

Al que los denuncia o adversa lo denigran, intimidan, bloquean, atacan, destierran o destruyen, a él o a su familia. Utilizan el antejuicio como licencia para delinquir o como escudo para mantenerse impunes. Compran voluntades y votos.

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