Guillaume Fontaine, sociólogo y experto en temas energéticos: “El beneficio del ITT será a corto plazo por la venta anticipada de petróleo”

Entrevista a Guillaume Fontaine, Sociólogo e investigador experto en gobernanza energética y políticas públicas.

¿La Iniciativa Yasuní ITT era el primer paso del Ecuador a un modelo pospetrolero?

Ese modelo se discute desde hace 25 años. Hay que diferenciar entre lo que es el deseo de que un país que ha dependido tanto del petróleo deje de hacerlo. Ahora bien, si esta propuesta era un paso inicial… yo no lo creo.

¿Por qué?

Este proyecto respondía a un sector político particular del ecologismo del Ecuador, que yo lo veo compuesto por dos vertientes: la activista radical y la más pragmático. La primera plantea una ruptura con una serie de modelos contra el capitalismo y la globalización.

¿Cuáles son sus rostros? Docenas de personas que trabajan en las ONG. No hay activistas profesionales, por decir biólogos, sino más bien gente politizada.

¿Estuvieron en A. País?

Acción Ecológica no estuvo en el movimiento, pero sí muy cerca de Alberto Acosta. Él es un ecologista autoproclamado radical.

¿Y Fander Falconí?

Él y Carlos Larrea. Esta doctrina radical parte de la economía ecológica y de la ecología política para plantearse no un modelo de desarrollo, sino un modelo de sociedad pospetrolera. En ese sentido fue promocionada la Iniciativa Yasuní ITT en su primer momento.

¿Cuál es el otro sector?

Uno más pragmático que no refiere a una ideología aunque sí a una forma de hacer ecología. Ellos se solidarizaron con el plan inicial.

¿Sobre qué posición?

Es gente que ha trabajado desde hace décadas en mejores gestiones ambientales. Lo que la academia llama gobernanza ambiental. Ahí están Roque Sevilla o Yolanda Kabadse, que trabajaron en la discusión con las posibles contrapartes a nivel internacional, para asociar la reducción de las emisiones de CO2 con el interés de preservar la biodiversidad del Yasuní.

¿Por qué para usted esa iniciativa no fue efectiva?

Por problemas con el funcionamiento del mercado energético. La idea de reducir las emisiones de CO2, desde la reducción de la producción, era equivocada.

¿En qué sentido?

Lo que determina el consumo mundial de hidrocarburos no es la oferta sino la demanda. Si se deja de producir petróleo en un lugar, la demanda se abastece en otro. A eso se suma otro factor: el cálculo muy conservador, por parte de la Iniciativa en el 2007 (USD 40 por barril), cuando desde 1998 el crudo no ha dejado de crecer.

¿Ese cálculo conservador, de recoger solo USD 3 600 millones, no alentó a la comunidad internacional a donar?

No, y peor al Estado que se supone hacía el sacrificio de no recibir el 50% de esa ganancia. Una cosa es sacrificarse por USD 2 000 millones y otra por USD 8 000, que es por donde ahora iría ese escenario. Lo barato de la Iniciativa no es un factor de incentivo para la comunidad internacional. Tomemos en cuenta que en el 2008 hubo una crisis financiera que hasta ahora afecta a países de la Unión Europea. Tal vez Alemania ha logrado sortearla, pero no Francia, España o Italia, que además iban a ser nuestros posibles donantes. ¿Cómo les dicen esos gobiernos a sus electores que van a donar x cantidad de dinero para un parque nacional, cuando tienen una presión enorme por el empleo?

Entonces, ¿la crisis interna del Régimen, a inicios del 2010, por el descabezamiento de la primera comisión negociadora liderada por Falconí y Sevilla no marcó el fracaso final de la Iniciativa?

Ahí se produjo un hito, porque por primera vez hubo un documento sobre el cual se podía tomar una decisión. Los términos de referencia de ese fideicomiso mostraban el interés por involucrar a actores internacionales como el PNUD y los países donantes en la gestión interna del país, incluso en ámbitos territoriales.

¿Controlar el Parque?

Detrás de la Iniciativa ITT está la idea de eliminar la explotación petrolera en el Yasuní, donde están otros bloques y de allí terminar con la actividad extractiva en la Amazonía. Los términos de referencia de ese fideicomiso denotaban que la compensación para los países donantes eran las garantías de una recuperación progresiva del sistema nacional de áreas protegidas, de terminación de los proyectos extractivos, la recuperación de territorios indígenas para reforestar y una gestión mancomunada con los donantes. El Gobierno ecuatoriano hubiera tenido que pedir permiso a todos estos donantes para tomar una decisión en el 30 o 40% del territorio nacional. Esto iba, virtualmente, en contra de la soberanía ecuatoriana y por lo tanto era inaceptable desde la perspectiva de Rafael Correa.

Si el Presidente no piensa gobernar después del 2017, ¿por qué asume el costo político de poner fin a la Iniciativa si se supone que ese petróleo se exportará en 4 ó 5 años?

No es cierto. Los beneficios van a ser a muy corto plazo, con la venta anticipada de crudo. Eso está pasando en la región con China, que paga en efectivo y sustituye así a los organismos multilaterales. El 2013 será un año crucial en la historia de este Presidente.

¿Por qué?

Va a dar lugar a una serie de políticas de alto costo que en mi criterio no buscan una reelección. La eliminación de los subsidios es un ejemplo y la explotación del ITT, el otro. Lo hace porque tiene una base política en la Asamblea para avanzar en esas medidas sin negociar con la oposición o sin recurrir a una consulta popular. Además, si los plazos sobre los resultados de la Iniciativa se aplazaron de un año a seis, por consistencia intelectual el Gobierno tenía que tomar una decisión: explotarlo o no explotarlo.

Su lectura proyecta a Correa como un político responsable que arriesga su capital por el futuro del país. Su idea dista del estereotipo de los políticos ecuatorianos, en general.

Es una tesis en este sentido.

¿Una tesis ingenua?

Ni yo soy ingenuo ni Correa tampoco. Pero el gasto público se ha incrementado en estos seis años. La política de desarrollo en el Ecuador nunca ha dejado de ser extractivista, de hecho, se está negociando con las empresas mineras para preparar un boom a corto plazo. Por eso Correa escogió a Jorge Glas como vicepresidente. En este tercer mandato se vislumbra un equipo más tecnocrático que da cabida a proyectos de magnitud.

¿Las decisiones que está tomando Correa se asemejan a las que tomaban presidentes anteriores en ese afán por buscar recursos?

Desde los años 70 ningún gobierno ha tenido otra política de gasto, por lo que culpar o no al actual, no resuelve el problema. Cuando el gasto del Estado ha sido menor, en períodos anteriores, no ha dejado de crecer la producción petrolera. El problema no es debatir si se explota o no el ITT, sino cómo se lo hará y eso implica repensar la distribución de la renta, la participación de los organismos seccionales y las condiciones de negociación con los socios estratégicos. Nadie dice que petróleo es sinónimo de desarrollo; 40 años demuestran lo contrario. Por eso surgió lo del Yasuní, para cortar los ingresos petroleros y buscar otras formas de tener esos recursos.

¿Y eso no era factible?

No. Era un sueño, el ecologismo utópico. El fracaso de no haber levantado USD 3 500 millones no es por Correa sino porque no se logró convencer a la comunidad internacional. Esa meta se redujo a USD 350 millones en promesas. No hay una comunidad internacional dispuesta a poner ese dinero en la mesa para proteger el Yasuní ni tampoco hay otra fuente de ingresos para el Estado.
¿Por qué Correa no pudo cambiar la matriz energética?

No era posible, peor en una época de incremento del precio del petróleo. Es el costo de oportunidad, pues si el petróleo está al alza habrá más recursos que captar. Esa es nuestra tragedia. En este anhelo pudo haber incidido Falconí al estar dentro del Gobierno, pero no lo logró. Los incentivos funcionan más para los países importadores a la hora de subsidiar paneles solares, sistemas eólicos o biocombustibles con el dinero del ahorro sobre la factura de compra petrolera.

El Gobierno ha mostrado la cara buena de la explotación del ITT prometiendo más rentas a los organismos seccionales. ¿En qué se diferencian estas regalías de las que les ofrecía la ‘partidocracia’ que no acabaron la pobreza?

Esa es la paradoja de la abundancia. El petróleo genera muchos ingresos a nivel global pero a nivel local incrementa la pobreza y la desigualdad. Por eso el problema no es discutir cuántos ingresos generaba la Iniciativa ni cuántos la explotación del ITT, sino cómo se debe manejar esa plata. Necesitamos un nuevo modelo de desarrollo y de gobernanza energética.

¿El Gobierno está pensando en ese nuevo modelo?

Es el reto de estos cuatro años. Y aquí es donde las cosas empiezan a tener sentido: se ratifica la construcción del complejo petroquímico Eloy Alfaro, que no va a funcionar con aire ni con petróleo venezolano y se anuncia la eliminación de subsidios que hoy en día son nefastos y que ningún presidente en la región lo ha hecho. Si Correa lo logra, en dos o tres años entraremos en un período, no pospetrolero, pero al menos sí postsubsidio. Y eso ya sería bastante.

Pero si Correa no ha subidos lo pasajes, mantiene el subsidio a las gasolinas que es inequitativo y subió el bono…

Solo este Gobierno puede poner fin a los subsidios porque tiene la posibilidad de asumir el costo político y porque tiene una mayoría estable en la Asamblea. No sé si lo vaya a hacer, pero veo ciertas consistencias en estos anuncios. A esto se suma la posibilidad que él tiene para repensar la distribución de la renta a nivel seccional, en un marco legal donde el Estado ha tomado el control del sector petrolero frente a las empresas privadas..

¿La decisión de poner fin a la Iniciativa Yasuní generará descontento hacia Correa entre las clases medias del país?

El costo va a ser en términos de imagen política, porque mucha de la comunicación e imagen de Alianza País se hizo a partir del Yasuní y su fin le restará credibilidad. Va a haber semanas y meses de conflictividad social, porque muchos de los grupos que han impulsado este proyecto no se van a quedar de brazos cruzados y pelearán con todos los recursos jurídicos y políticos para neutralizar la decisión de explotar el ITT.

¿Ese enfrentamiento calará en la campaña seccional?

Depende de la sensibilidad del electorado sobre los temas ambientales. De los pocos estudios y encuestas que yo he visto, la conciencia ecológica es lastimosamente muy baja.
¿No se supone que los jóvenes están más conectados con los temas ambientales?

No lo he visto en América Latina. Pero si el Gobierno palpa que hay mucha preocupación por temas como el fin de la Iniciativa tendrá que rendir más cuentas y convencerse de que tiene que optar por una tecnología que garantice que no habrá destrucción ambiental.

¿Y si China explota el ITT?

Ese es el lado oscuro, no destapado. Nuestro desafío como sociedad es vigilar que no se bajen nuestros estándares ambientales y sociales por captar más inversiones de ese país. Eso sería un sometimiento.

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