Mesa entre gobierno colombiano y el ELN se instalaría a mediados de septiembre en Uruguay

Entre Uruguay, Brasil y Bolivia estaría la sede para dialogar con este grupo guerrillero. En 48 años, sería el séptimo intento por llegar a la paz.

La condición era liberar al ciudadano canadiense Gernot Wober —quien estaba secuestrado desde el 18 de enero— y esto se cumplió el martes pasado en un lugar inhóspito del sur de Bolívar. Un día después, el presidente Juan Manuel Santos afirmó que el Gobierno está listo para dar el paso e iniciar diálogos con la guerrilla del Eln. Todo apunta a que sea Uruguay la sede de las conversaciones, pero no se descarta que Brasil o Bolivia puedan facilitar su territorio. Lo cierto es que a los diálogos de La Habana (Cuba) con las Farc se van a sumar ahora conversaciones de paz con el Eln.

Aunque se sabe que los contactos con las Farc se iniciaron casi desde el mismo momento en que el presidente Juan Manuel Santos asumió la conducción del Estado, las aproximaciones con el Eln también se dieron por la misma época. La metodología fue semejante: consultas en las cárceles con guerrilleros detenidos, conversaciones con desmovilizados o civiles cercanos a este grupo insurgente y diálogos a través de intermediarios colombianos y extranjeros, hasta lograr contactos directos con comandantes situados dentro y fuera del país.

La idea persistente de esta guerrilla a través de los años ha sido la realización de una convención nacional para refrendar acuerdos alcanzados en una mesa de negociaciones. Según fuentes consultadas por El Espectador, ahora la idea no es muy distinta, sólo que el Eln quiere que exista amplia participación de la sociedad civil y de los movimientos agrarios, precisamente porque, al igual que las Farc, su principal preocupación es mejorar la situación en el campo, donde ha sido su escenario político y ha incursionado su fuerza armada.

De igual modo, como ha sido su tradición, el Eln pretende discutir asuntos de la soberanía nacional, especialmente en el espinoso tema de la minería y demás recursos naturales. Cabe recordar que en tiempos no muy lejanos esta guerrilla tuvo como una de sus principales manifestaciones de guerra el ataque a la infraestructura petrolera, bajo el argumento de impedir que fuera explotada por el capital extranjero. De hecho, este miércoles el máximo comandante del Eln, Nicolás Rodríguez, reiteró sus observaciones en materia energética.

Así como se especula que los negociadores del Gobierno serían el consejero para la reintegración, Alejandro Éder, y el general (r) Eduardo Herrera Berbel, por el lado de la guerrilla ya suenan algunos nombres. Entre ellos dos conocidos desde hace varios años: Antonio García y Pablo Beltrán. Otro que ya estuvo en mesas de diálogos, Juan Vásquez; y dos insurgentes más: Juan Carlos Cuéllar, hoy detenido en la cárcel de Bellavista (Medellín), y alias Lorenzo Alcantuz, nombre tomado de uno de los líderes de la revolución de los comuneros.

Desde sus orígenes, en 1965, con la toma de Simacota (Santander), son varios los momentos en que el Eln ha estado en espacios de diálogo con distintos gobiernos para cesar su guerra. A comienzos del gobierno de Alfonso López Michelsen existieron contactos con dos emisarios del Ejecutivo, pero los diálogos nunca prosperaron. En los tiempos de Belisario Betancur, algunos de sus contingentes alcanzaron a negociar un cese al fuego con el Gobierno. Grupos disidentes avanzaron después y negociaron la paz con el Estado.

En la época de César Gaviria, entre 1992 y 1993, el Eln estuvo en la misma mesa de negociación con las Farc y el Epl en la llamada coordinadora guerrillera Simón Bolívar. Tras el fracaso de la negociación, luego de rondas en Arauca, Caracas (Venezuela) y Tlaxcala (México), el Eln volvió a la guerra. Los diálogos sólo volvieron a finales de 1997, ya en la era Samper. Dicha aproximación permitió la firma de preacuerdos de paz en el Palacio de Viana (España) y en Maguncia (Alemania). No obstante, en tiempos de Pastrana los avances se malograron por el incendio de un oleoducto en Machuca (Antioquia).

Aun así, entre 2000 y 2001 el gobierno Pastrana insistió en dialogar con el Eln e incluso llegó a pensarse en un despeje militar en Cantagallo, en el sur de Bolívar. Sin embargo, una campaña política por el no al despeje, manejada tras bambalinas por el paramilitarismo, dio al traste con las conversaciones. Después vino Álvaro Uribe, y a pesar de que se incrementó la guerra, también hubo contactos vía Luis Carlos Restrepo, tal como lo dejaron consignados varios reportes diplomáticos de Estados Unidos divulgados por Wikileaks.

Ahora el turno es para el gobierno Santos y todo indica que a mediados del próximo mes se darán los anuncios de instalación de una mesa de diálogos. Después de 48 años de guerra, al Eln le llega una nueva oportunidad para dejar las armas y sumarse a la política. El dilema, sin embargo, va a ser el mismo que hoy se afronta con las Farc: ¿Cómo refrendar los eventuales acuerdos a los que se llegue en la mesa de diálogos o de qué manera saldar las cuentas pendientes con las víctimas y su derecho a ser reparadas? La política dará las respuestas.

 

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