“Belice, un vecino cercano e incómodo”, análisis de Eder Juárez acerca de las tensiones y el estancamiento diplomático entre Guatemala y Bélice y el panorama futuro respecto a las alternativas de resolución del conflicto terrirorial entre ambos países.

Las tensiones entre Guatemala y Belice ya no son noticia, como tampoco lo es el estancamiento de los diálogos binacionales para buscar una solución al reclamo territorial, insular y marítimo.

No hay una respuesta para esa pregunta. Nadie puede decir a ciencia cierta cómo Guatemala resolverá o al menos intentará resolver el diferendo con Belice y poner punto final al histórico problema del reclamo. (Lea: El Reclamo)

El ministro de Relaciones Exteriores, Fernando Carrera, asegura que está trabajando en el tema y para eso existe una comisión permanente de carácter técnico que se reúne periódicamente con representantes de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Una de las últimas reuniones se dio en Belice el pasado sábado 5 de octubre y en esa oportunidad los vicecancilleres abordaron el tema “para tratar de bajar un poco la discusión y que ya no hubieran más dimes y diretes”, dice Carrera, quien asegura que se trata de un “proceso permanente”.

El diplomático indicó que no le corresponde calificar si vale o no continuar con la resolución del diferendo, ya que hacerlo es una decisión ya tomada por Guatemala y firmada por ambos Estados para resolver ir a la Corte Internacional de Justicia (CIJ). (Lea: Camino a la Corte)

“Así que no estamos hablando de voluntades individuales, ni opiniones individuales. Son obligaciones de Estado”, aclara.

Sin embargo, hasta ahora no hay certeza que el diferendo se resuelva ante la CIJ, luego de que Guatemala suspendiera unilateralmente realizar una consulta popular –previamente coordinada con una simultánea y similar de Belice–, en la que los guatemaltecos decidirían si el  reclamo llegaba hasta el ente internacional.

UN ERROR CARO

Guatemala se encaminaba a realizar la consulta popular prevista para el 6 de octubre pasado, pero se suspendió luego de que trascendió que los beliceños cambiaron su legislación exigiendo una participación en su referéndum del 60 por ciento de la población, para que éste fuera legítimo y aceptable. (Lea: Consulta suspendida)

Esta situación tomó por sorpresa a la diplomacia guatemalteca, pues Belice no notificó ese cambio y los responsables guatemaltecos tampoco se enteraron. El costo de ese error fue muy caro porque se suspendió el acuerdo preestablecido y el caso se encuentra detenido.

Carrera dice que ese error fue el motivo por el que se disolvió la Comisión de Belice, que supuestamente se encargaba de la materia permanentemente a través de análisis jurídicos y diplomáticos.

Sobre el cambio de legislación de Belice para realizar el diferendo el excanciller de Guatemala y abogado constitucionalista, Gabriel Orellana,  aclara que se trata de “un diferendo territorial, entonces ellos están tratando de marcar su distancia e independencia y obviamente si logran más políticamente en su territorio, actuando en contra de Guatemala lo harán, es lo mismo que haríamos nosotros”.

Sin embargo asegura que esto dificulta el diálogo entre las dos partes,  pues “este tipo de diferendos territoriales tienen tanta significación”.

Orellana, excanciller de Guatemala y abogado constitucionalista, indica que el caso Belice es una asignatura “constitucionalmente” establecida y un tema que tarde o temprano se tendrá que cerrar.

Sin embargo, el tema solo cesará con una resolución legal, porque según el experto, es una obligación constitucional de Guatemala luchar por Belice.

El letrado dice que no es por agotamiento que se debe de dejar de un lado el tema: “Esto es simple y llanamente que si abandonamos la causa de Belice estamos violando la Constitución”.

DESINTERÉS Y DESCONOCIMIENTO

A criterio del excanciller Orellana, las nuevas generaciones de guatemaltecos se encuentran desinteresadas en el tema, principalmente, porque se encuentran desinformadas.

Carrera aseguró que se realizaría una campaña informativa para que los guatemaltecos estuvieran al tanto del reclamo territorial, insular y marítimo, pero hasta la fecha no se ha impulsado en los medios de comunicación.

Mientras tanto, en las aulas de las escuelas, colegios e institutos, el tema de Belice apenas ocupa algunas lecciones y páginas de libros, y muchos estudiantes son promovidos sin conocer o entender el tema.

Rodolfo Rohrmoser Valdeavellano, experto en derecho constitucional e internacional, considera que las nuevas generaciones de guatemaltecos no conocen el tema de Belice porque no se está enseñando en las aulas.

“La educación pública en el país es un desastre, antes era una maravilla. Es una generación que no está pensando en temas de interés nacional, se ha perdido la solidaridad absoluta que caracterizaba a guatemalteco”, opina.

UNA OPORTUNIDAD

Rohrmoser dice ser “enemigo” de llevar el diferendo a la Corte Internacional de Justicia (CIJ): “Yo creo que Guatemala se dio por vencida muy rápido en cuanto a llegar a un acuerdo con Belice, aunque se realizaron varios mecanismos de solución pacífica y no fueron eficaces para ninguno de los dos”.

Recurrir a la CIJ es muy delicado, pues existe la posibilidad que Guatemala pierda y gaste dinero y tiempo, considera el entrevistado “Hay que hacerle una presión más fuerte a Belice, tal como lo hace en contra de Guatemala, para que se sienten a la mesa y se logre un acuerdo”, dice el experto.

A pesar de que se encuentra en desacuerdo que el tema sea llevado a la CIJ, Rohrmoser dice que vale la pena hacer el reclamo, “en el momento que la historia nos prueba que el territorio es geográficamente de Guatemala, existiendo una base jurídica para reclamarlo”.

Ahora también hay base jurídica para cuestionar lo que se está pidiendo si las Naciones Unidas reconocieron la independencia de Belice y el expresidente Serrano Elías reconoció al país; son argumentos que están en contra de Guatemala.

“Guatemala y Belice no se han concienciado de la importancia de lograr la paz en un arreglo conveniente para los dos países porque todavía no habido mucha inversión en áreas importantes”, asegura.

Por otro lado, Orellana dice que un signo positivo para Guatemala sería lograr  reivindicaciones de tipo territorial, insular y marítimo; un escenario positivo pero no tan optimista sería obtener derecho parcial sobre la tierra, el mar y las islas, y en un escenario negativo no se obtendrá nada.

En caso de que Guatemala no resulte ganadora en el reclamo, según Orellana, por lo menos en adelante se tendrá una relación sana con Belice y viceversa. “No se tendrá a un llorón como el Canciller de Belice diciendo que su pueblo está desesperado por la incertidumbre que genera el reclamo de Guatemala y nosotros a la expectativa porque no se resuelve el asunto”, puntualiza Orellana.

Sobre los señalamientos contra su diplomacia se envió una consulta electrónica al Ministerio de Relaciones Exteriores de Belice, pero no hubo una respuesta.

EN SÍNTESIS
EL RECLAMO

El diferendo territorial entre Guatemala y Belice es una querella debido al  reclamo de Guatemala sobre aproximadamente 11 mil 030 kilómetros cuadrados del territorio de  Belice, así como centenares de islas e islotes.

El diferendo inició en 1859, a  partir de la firma del Acuerdo anglo-guatemalteco.

El territorio reclamado por Guatemala comprende desde el Río Sarstún, en el sur, hasta el Río Sibún, al norte.

Las proporciones del reclamo se basan en que el territorio de Belice  debería comprender los territorios cedidos por España a Gran Bretaña en el Tratado de París de 1783 de 1 mil 482 kilómetros cuadrados  y en la segunda concesión en 1786 de 1 mil 883 kilómetros cuadrados, además del territorio propio de Belice de 4 millones 323 mil 964 kilómetros cuadrados.

Por lo que el restante territorio no reconocido sería parte de Guatemala y por lo tanto estaría siendo ocupado ilegalmente por Gran Bretaña.

RECLAMO
CAMINO A LA CORTE

Guatemala reconoció en el año 1992 la independencia del Estado de Belice, este reconocimiento se refiere a la autodeterminación del pueblo beliceño y dejó pendiente la resolución del Diferendo Territorial.

En el año de 1994, a través de una nota diplomática, el Gobierno de Guatemala formuló reserva ante las Naciones Unidas en el sentido de que dicho diferendo seguía sin resolverse, a lo que el Gobierno de Belice respondió que estaba dispuesto a negociar cualquier reclamo presentado por Guatemala.

Con fecha 18 de octubre de 1999, Guatemala reiteró a Belice formalmente la existencia del Diferendo Territorial circunscribiéndolo en la forma ahí expresada, como una forma de negociación, declarando finalizadas las reuniones técnicas para continuar con reuniones bilaterales auspiciadas por la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos.

Guatemala tomó la decisión de sustanciar un Proceso de Conciliación que finalizó en septiembre de 2002. Dicho proceso fue un paso en la búsqueda de una solución jurídica al Diferendo Territorial, ya que previo a someter cualquier asunto a la Corte Internacional de Justicia o a un proceso de Arbitraje deben agotarse los medios políticos de solución de conflictos que prevé el Derecho Internacional.

El Gobierno planteó en sus lineamientos de política exterior de 2008 a 2012, su firme decisión de darle una solución definitiva al diferendo territorial existente entre Belice y Guatemala a través de los medios que prevé el Derecho Internacional.