Costa Rica: candidato del Partido Unidad Social Cristiana se baja de la carrera presidencial

  • Un cisma en la cúpula del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) ha llevado al candidato presidencial, el médico Rodolfo Hérnandez, a renunciar a su candidatura presidencial, según confirmó el médico  este jueves mediante un comunicado.

Hernández dijo en su comunicado que hizo todo lo posible por mantenerse en su esfuerzo, pero que ya no aguantó más la traición y la intriga y que se asqueó de lo que ocurría en su entorno dentro del PUSC.

Según el ahora ex candidato, dirigentes de la agrupación roji-azul se dedicaron a hacer campaña en su contra en los pueblos y se compromiteron con el candidato oficialista, Jhonny Araya, a hacer todo lo posible para que él (Hernández) perdiera las elecciones.

“Amigas y amigos me lo advirtieron; pero siempre me resistí a aceptar todo cuanto me decían. No cabía en mi mente que la política se prestase para dañar; me resistía a aceptar que una acción tan noble como la política hubiese sido prostituida desde sus cimientos”, afirmó Hernández, quien anunció que volverá a su puesto como director del Hospital Nacional de Niños.

El PUSC tiene tiempo hasta el 8 de octubre para nombrar un sustituto a Hernández, lo cual decidirá el Comité Ejecutivo en los próximos días, según anunciaron fuentes de la agrupación.

El siguiente es el comunicado completo emitido por Hernández:

LA MOTIVACIÓN SE FUE DE VIAJE

Dr. Rodolfo Hernández Gómez

Cuando hace seis meses me introduje en un mundo que marcó mi vida al decidir abandonar el confort que me rodeaba para luchar por mi país desde la acción política beligerante nunca pensé que me tendría que enfrentar a tanta intriga, tanta envidia, tanto egoísmo, tanta traición y tanta deslealtad.

Amigas y amigos me lo advirtieron; pero siempre me resistí a aceptar todo cuanto me decían. No cabía en mi mente que la política se prestase para dañar; me resistía a aceptar que una acción tan noble como la política hubiese sido prostituida desde sus cimientos.

Medio año ha sido suficiente para comprobar el diagnóstico: la democracia está en cuidados intensivos porque los responsables de velar por ella la ultrajaron, la debilitaron, la violaron y pretenden mantenerla así, secuestrada, para favorecer intereses personales o de grupo que yo no puedo cohonestar.

Decepción es lo que siento cuando me entero de que políticos de mi propio partido andan de pueblo en pueblo pidiendo que no voten por mí; frustración es lo que siento cuando candidatos a diputado, una vez elegidos, se niegan a trabajar junto a mí bajo el argumento de que lo único que importa para ellos es llegar a Cuesta de Moras aunque al partido se lo lleve el diablo. Y rabia es lo que siento cuando sé que mis detractores le informan al candidato oficial que harán lo posible para que yo no gane las elecciones.

Desilusión es lo que siento cuando la gente que puede contribuir a la campaña se niega a hacerlo, presionadas por quien pensó que mi candidatura sería no para ganar sino para resucitar al partido y allanar el camino para que otro sea el candidato en el 2018.

Coraje es lo que siento cuando personas que se dijeron sinceras abandonan sus obligaciones y procuran chantajearme para que me deshaga de los colaboradores que estuvieron conmigo desde el principio de esta lucha.

Tristeza es lo que siento cuando muchos se resisten a respaldarme por la sencilla razón de que hago política sana, transparente, honesta y sin componendas.

No puedo aceptar que los Caínes modernos sigan matando a los Abeles por la simple razón de que les estorban.

Rechazo es lo que siento cuando comunicadores inteligentes se hacen los tontos prestándose con sus lenguas y plumas retorcidas para descalificarme porque según ellos no tengo colmillo y digo las cosas de manera inusual y  divulgan informaciones sobre temas a los que no me he referido procurando ponerme en desventaja frente a otros aspirantes.

En estos meses, junto a mi esposa, mis hijas y mis yernos, he peleado la batalla de mi vida para adecentar la política, para devolverle la fe a la gente, para recuperar la esperanza y para restaurar la dignidad perdida.

Pero todo tiene su límite. A pesar de que estamos a cinco puntos del candidato oficial, he decidido retirarme y volver a la Dirección del Hospital Nacional de Niños para satisfacer mi vocación: la de servirle a Costa Rica desde un ambiente no contaminado, rodeado de amor, honor, respeto y fraternidad.

Además, se equivocaron quienes pensaron que soy manipulable, que soy maleable, que soy manejable, que puedo ser exhibido como trofeo de cazador inescrupuloso.

“Esta decisión que ahora tomo la he meditado junto a los seres que más amo: mi esposa Marcelle, mis hijas y mis yernos. No ha sido fácil para mí,( acostumbrado como estoy a trabajar y vivir sin sobresaltos, apegado siempre a normas éticas y morales que han regido mis actuaciones públicas y privadas) dejar de lado esta ilusión que me acompañó por poco más de 150 días. Pero todo lo bueno se acaba…lástima que el sueño de luchar por rescatar a Costa Rica desde las trincheras de la Unidad se haya roto de esta manera.

He hecho un gran esfuerzo para continuar; pero no soporto más puñaladas por la espalda.

Esta no es la democracia con que sueño; éste no es el partido que siempre defendí. Esto no es lo que quiero para Costa Rica.

Muchas gracias a los cientos de miles de costarricenses que me dieron su apoyo; nunca tendré con qué pagarles tanta bondad.

A los comunicadores les pido un favor: no me busquen; esta es la única declaración que daré sobre este tema.

La motivación se fue de viaje y no creo que retorne antes del dos de febrero”.

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