Honduras: agonía del bipartidismo – Por Víctor Meza, ex ministro de Manuel Zelaya

Los hondureños irán a las urnas en noviembre para elegir a un nuevo Presidente, tras la criticada administración de Porfirio Lobo, en cuyo mandato el país logro el tristemente célebre reconocimiento como la nación más violenta del mundo. Se trata de unas elecciones claves e históricas: se rompe por primera vez el bipartidismo que ha monopolizado por cien años la política del país, con nueve partidos en contienda. Además, una mujer aspira a gobernar por primera vez la nación, y los partidos tradicionales, el Liberal y el Nacional, son víctimas del cansancio de una sociedad harta del nepotismo, la corrupción, la repartición política, lo retrógrado de sus políticos y la sangría que sufre el país, que ya es una epidemia.

Los hondureños irán a las urnas con esos problemas en mente, pero también bajo la sombra de aquel golpe de Estado cocinado por las fuerzas más reaccionarias del país, que con ayuda del Ejército sacaron a punta de pistola y en pijama a Manuel (Mel, para sus seguidores) Zelaya del poder, en 2009. Como resultado ‘colateral’ de ese golpe, Zelaya fue elevado a la categoría de héroe, y se ha forjado ahora como el líder de un cambio político por décadas anhelado, aunque él mismo sea hijo del modelo que ha dominado el país. Gracias al golpe, el escenario político cambió y también gracias al golpe una mujer aspira a la presidencia. Ahora está en manos de los hondureños, en su voto, el hecho de decidir qué modelo esperan: si mantener el statu quo o apoyar a los nuevos movimientos políticos. La vista está puesta en Xiomara Castro, pero también en el comentarista Salvador Nasralla. Ambos son los rostros de la nueva política hondureña.

De este nuevo escenario que se abre en aquel país habló el analista Víctor Meza, director del Centro de Documentación de Honduras, ex ministro de Gobernación durante la Administración de Zelaya y miembro de la Comisión de Reforma de la Seguridad. A continuación su análisis:

Honduras se enfrenta a un novedoso panorama electoral, con la competencia de tres fuerzas políticas importantes: los tradicionales Partido Liberal y Nacional, y la fuerza emergente del Partido Libre. ¿Qué posibilidades hay de que se modifique el bipartidismo que ha prevalecido en los últimos 100 años?

El proceso electoral que culmina en noviembre de este año presenta varias características que lo convierten en uno novedoso y singular. En primer lugar, participan nueve partidos políticos y ocho candidatos presidenciales, lo que evidencia la agonía del sistema bipartidista tradicional, gravemente deteriorado sobre todo a partir del golpe de Estado del 28 de junio del año 2009. Por primera vez en la historia contemporánea de Honduras, tres – quizás cuatro – partidos políticos tienen opciones reales de resultar vencedores o, al menos, contar con una  representación parlamentaria importante. En segundo lugar, por primera vez una mujer – Xiomara Castro, candidata del nuevo Partido Libertad y Refundación (LIBRE) – encabeza con cierta holgura las encuestas más destacadas y creíbles, mostrando claras opciones de triunfo el próximo domingo 24 de noviembre. En tercer lugar, también por primera vez, amplios movimientos sociales se han incorporado decididamente a la campaña electoral y cierran filas en contra de los dos grandes partidos políticos tradicionales, el Liberal y el Nacional.

A todo esto se debe sumar otro elemento que es importante destacar: la legislación electoral vigente estaba destinada a regular las competencias entre los dos grandes partidos políticos tradicionales, es decir, es una legislación adecuada al bipartidismo. Resulta obsoleta e inadecuada para la nueva dinámica política que genera el pluralismo multipartidario. Se ha vuelto una camisa de fuerza para la nueva energía política desatada después del golpe de Estado del 28 J.

Todos estos elementos, en su conjunto, marcan las diferencias y convierten al actual proceso electoral en uno distinto y novedoso.

¿Cuál es el origen del electorado de Libre? ¿Es una división del liberalismo, o se trata de nuevas fuerzas o nuevos votantes?

El partido LIBRE, fruto directo del movimiento de resistencia en contra del golpe de Estado, es una amplia coalición de militantes políticos y activistas sociales. Muchos de ellos provienen de las filas del tradicionalismo político, especialmente del Partido Liberal (son los “liberales zelayistas”), otros han sido “independientes” y los demás  surgen desde las complicadas redes y articulaciones de los movimientos sociales. Son una abigarrada multitud que tiene por denominador común su rechazo al golpe de Estado y su demanda por una Asamblea Nacional Constituyente para “refundar” Honduras.

Dos nuevos rostros se presentan en estas elecciones, con fuertes discursos contra la corrupción y la violencia. La esposa del derrocado presidente Zelaya, Xiomara Castro, y el comentarista Salvador Nasralla. ¿Han presentado propuestas convincentes sobre estos temas?

El tema de la corrupción, como el de la seguridad, es un tema obligado en los discursos electorales. Todos los candidatos, con mayor o menor énfasis, hablan del tema y prometen combatir las prácticas corruptas y encerrar a los culpables en la cárcel. Pero sólo son denuncias del fenómeno, sin ahondar en su contenido y efectos. No ha habido, al menos todavía, propuestas serias que vayan más allá de la denuncia y planteen soluciones creíbles. El discurso de Xiomara es el que con más énfasis y credibilidad aborda el tema y lo coloca en la agenda del debate. El candidato Nasralla se limita a condenar públicamente las prácticas corruptas y prometer un gobierno casi puro, libre de corrupción y de corruptos.  Debemos reconocer que hay un déficit de conocimiento sobre el tema y que la Academia está en deuda con la sociedad en el tratamiento científico de este asunto.

¿Qué papel juega el ex presidente Zelaya en esta elección? ¿Su presencia refuerza o perjudica la candidatura de Castro?

El ex Presidente Manuel Zelaya, por efecto del golpe de Estado, se ha convertido en una especie de mito político en el país. Lo expulsaron del país para que luego regresara en olor de multitudes. Los golpistas fueron tan torpes que, al derrocarlo, no se dieron cuenta que estaban removiendo las bases del equilibrio político tradicional, el que estaba basado en el esquema bipartidista, y, por lo mismo, estaban catapultando a Zelaya al primer plano del escenario político.

Hoy, su liderazgo es indiscutible y, por lo mismo, su respaldo a Xiomara es un factor clave en la popularidad de la candidata. Se complementa con el liderazgo propio que Xiomara ha ido creando gradualmente desde el momento en que se puso al frente de las marchas de la resistencia en contra del golpe de Estado.

¿Qué peso tiene en la memoria de los ciudadanos el golpe de Estado? ¿Influirá en el resultado electoral?

La memoria del golpe de Estado tiene un peso enorme en el imaginario colectivo y en la nueva conciencia social que permea a buena parte de los movimientos sociales y de los ciudadanos de Honduras. La ciudadanía actual es la hija directa de dos fenómenos clave en la historia reciente de Honduras: a) el huracán Mitch de 1998, un fenómeno natural que impulsó a las organizaciones de la sociedad civil y redistribuyó las influencias y factores de poder en el escenario social y político del país, y b) el golpe de Estado de junio de 2009, un fenómeno político que desarticuló el esquema bipartidista y abrió las compuertas a una nueva dinámica social y política que, entre otras cosas, se traduce en el surgimiento de LIBRE, el liderazgo de Zelaya y la popularidad innegable de Xiomara.

El general golpista Romeo Vásquez también lidera un nuevo movimiento político, la Alianza Patriótica. ¿Tiene alguna posibilidad de ganar la presidencia u obtener suficiente apoyo para lograr escaños en el Congreso?

El militar golpista Romeo Vásquez no tiene ninguna posibilidad de ganar las elecciones. Las encuestas le conceden menos del uno por ciento. El sólo fue un instrumento de las élites, bien estimulado y debidamente aconsejado. Pero, ignorante de su propia condición instrumental, se consideró un baluarte político de la ultraderecha y lanzó su candidatura. Pero sus antiguos patrocinadores saben distinguir entre lo que es un instrumento servil y lo que debe ser un líder político. Quiso ser el DÁbuisson de Honduras y se quedó en simple aspirante sin sostén ni opción. Sus aspiraciones resultan casi patéticas.

Lobo anunció una depuración de la Policía Nacional que hasta ahora no ha dado resultados. ¿Debe ser esta una de las prioridades del nuevo Gobierno? ¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrentará quien triunfe en las elecciones de noviembre?

El tema de la seguridad está colocado en la agenda electoral y política del país por derecho propio. La grave situación de inseguridad obliga a los candidatos a pronunciarse sobre la misma. Se advierten dos tendencias claras en este campo: la tendencia a militarizar las políticas de seguridad y la tendencia a privilegiar la reconversión policial en base a la doctrina de la policía comunitaria. Esas dos visiones, contradictorias entre sí ocupan el trasfondo del debate electoral sobre el mejor modelo de seguridad pública para Honduras.

Los votantes culpan del deterioro del país a los partidos tradicionales, principalmente al Nacional ¿Puede el Partido Nacional retener el poder? Si no es así, ¿qué papel jugará éste como partido de oposición?

El Partido Nacional es un partido tradicional, grande, bien organizado, con gran capacidad de movilización y, sobre todo, con abundantes recursos económicos para financiar una millonaria campaña que ya está en marcha. Puede, por supuesto que sí, ganar las elecciones de noviembre, lo que significaría, sin duda, más de lo mismo y menos apertura en el sistema político. No es casual que el candidato de este partido, actual Presidente del Congreso Nacional, sea considerado como el principal rival de la candidata de LIBRE, Xiomara Castro. Y en esta confrontación está la causa del creciente proceso de “ideologización primaria” que está sufriendo la campaña electoral. Es como si el país, en medio de sus ansias de cambio, retornara, casi sin darse cuenta, a los siniestros días de la guerra fría, en los comienzos de los años ochenta del siglo pasado.

¿El tribunal electoral es una institución independiente o está controlado políticamente por los dos partidos tradicionales? ¿Es confiable el sistema electoral de Honduras, en caso de que los votantes decidan modificar el sistema bipartidista?

El Tribunal Supremo Electoral es, lamentablemente, el resultado del reparto aritmético que han acostumbrado los partidos tradicionales en el manejo de las cuotas de poder dentro de la institucionalidad hondureña. Esa es su principal debilidad y la causa primera de su vulnerabilidad política. Por eso carece de la suficiente credibilidad pública para manejar el proceso electoral en su conjunto. Es uno de los principales factores de riesgo a tomar en cuenta al momento de valorar la transparencia y legitimidad del actual proceso electoral. Sólo una adecuada, masiva y constante vigilancia ciudadana, tanto nacional como internacional, puede ayudar a disminuir los peligros del riesgo de un fraude electoral.

– See more at: http://www.confidencial.com.ni/articulo/14094/honduras-agonia-del-bipartidismo#sthash.gyygToFE.dpuf

http://www.confidencial.com.ni/articulo/14094/honduras-agonia-del-bipartidismo