José Manuel Zelaya, ex presidente de Honduras: “Me sacaron por la fuerza pero volví con más fuerzas”

De regreso en Honduras y a un mes de las elecciones presidenciales, Zelaya habla con esta revista sobre el golpe que lo sacó del poder y las altas posibilidades de su esposa de llegar al gobierno.
 
Gobernó Honduras entre 2005 y 2009, hasta que un golpe de Estado lo echó del poder. Su derrocamiento movilizó a miles de campesinos, obreros, indígenas y estudiantes que durante meses resistieron a los golpistas. “Mel”, como lo llama cariñosamente su pueblo, fundó un nuevo partido y ahora acompaña a su esposa, Xiomara Castro, en la campaña presidencial.
“Nuestra historia de resistencia popular se arraiga en la lucha de un centroamericano nacido en Honduras, el general Francisco Morazán, fusilado por oponerse a las oligarquías centroamericanas”. Con estas palabras comienza el documental ¿Quién dijo miedo?, dirigido por Katia Lara, el cual narra los sucesos que siguieron al derrocamiento de José Manuel Zelaya, el 28 de junio de 2009.
La cinta cinematográfica exhibe el proceso histórico iniciado inmediatamente después de la interrupción democrática, focalizándose en el trágico destino que unió a dos gobernantes hondureños que osaron afectar los intereses corporativos.

Hoy, José Manuel “Mel” Zelaya, de 61 años, casado con Xiomara Castro Sarmiento y padre de cuatro hijos, está nuevamente en carrera: “Me sacaron por la fuerza, pero volví con más fuerzas que antes”, declara a esta revista.
Zelaya llegó a la presidencia de Honduras en 2005, representando al Partido Liberal. Cuatro años más tarde, el mismo día en que se concretaría una consulta popular para determinar si se reformaba la Constitución, el hombre alto de bigotes negros y sombreros coloridos fue detenido y sacado de su residencia en horas de la madrugada: “Hubo ráfagas de disparos contra mi casa y en diez minutos lo secuestraron los militares”, explicó tiempo después su hija Hortensia.
“Son los gorilas detrás del pueblo. Soldados de Honduras: ¿dónde está su patriotismo, dónde está Morazán?”, se preguntaba en Telesur un sorprendido Hugo Chávez Frías, mientras los mandatarios latinoamericanos condenaban el golpe y trataban de mitigar la inusitada violencia.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner fue una de las primeras en exigir la restitución de Zelaya en el poder, al tiempo que reclamó el cese inmediato de la violación de los derechos humanos en el país. Pronto, su iniciativa fue emulada por otros jefes de Estado.
En noviembre de 2009, finalmente se llevaron a cabo las elecciones presidenciales. Hubo una abstención del 62 por ciento, herramienta con la cual el pueblo hondureño castigó a los golpistas y a sus adherentes.
–¿Cómo recuerda el golpe de Estado que lo sacó del poder?
–El golpe de Estado fue una tragedia que no queremos olvidarla para que no se repita. Por ello se recuerda, para que esos hechos que le generaron tanto dolor al país no vuelvan a suceder.
–¿Cree usted que cometió algún error para que lo saquen mediante un golpe?
–Lo que pasó en Honduras fue una conspiración de varios sectores con el fin de derrocar a un gobierno elegido democráticamente. El error lo cometieron ellos. Nos volvió a las armas, a la barbarie y a los regímenes de corte dictatorial del siglo XX.

–Si le menciono a Isis Obeid Murillo, Walter Tróchez, Pedro Montiel y Wendy Ávila, todos jóvenes asesinados durante la resistencia, ¿cuál es su primera sensación?
–Son semillas de esperanzas para nuestro pueblo. Fue sangre joven que se sacrificó por el país para que algún día pueda tener democracia y libertad.
El regreso. José Manuel Zelaya regresó definitivamente a la tierra de Morazán. Lejos de distanciarse de la política, Mel, quien es consciente de que sólo la reconciliación del pueblo hará posible la gobernabilidad de Honduras, fundó el partido Libertad y Refundación (LIBRE), estructura con la cual competirá su esposa en las próximas elecciones presidenciales del 24 de noviembre.
La presencia del ex presidente en cada rincón de los 18 departamentos hondureños impacienta al gobierno conservador de Porfirio Lobo, cuya gestión exhibe índices alarmantes: el país perdió 21 puntos en el Índice Mundial de Competitividad; los barrios periféricos están siendo controlados por grupos pandilleros y maras, que desplazan a los habitantes para comercializar drogas; migraciones internas por la falta de empleo generan un aumento de la urbanización; incremento de la pobreza y de la deuda pública; 29 periodistas asesinados en los últimos tres años.
Además, un informe de la CONADEH señala que durante los cuatro años del Partido Nacional murió en promedio un hondureño cada 76 minutos, alcanzando la tasa de homicidios más alta del mundo.
–¿Xiomara Castro, su esposa, será la próxima presidenta?
–Soy respetuoso de la voluntad popular y la misma se expresará en votos en noviembre próximo. Desde hace diez meses, Xiomara viene ganando en todas las encuestas que se han hecho en Honduras. La voluntad popular, no tenemos ninguna duda, la está favoreciendo.
–¿La idea de LIBRE es romper con el bipartidismo, esto es con el Partido Nacional y el Partido Liberal en la sucesión del poder?
–LIBRE y Xiomara son una expresión de la voluntad popular, que lógicamente como todo proceso social es dinámico, quiere cambios y quiere avanzar en esta sociedad, especialmente en derechos humanos, democracia y paz.
–¿Qué significó para Honduras la muerte de Hugo Chávez y de Néstor Kirchner?
–Ellos son símbolos muy importantes en este siglo XXI. La desaparición física de ambos produce una reflexión y análisis de lo que ha sido su legado y su historia. Quedan vivos en el avance de los pueblos, apoyados en la lucha democrática que ellos realizaron.
El pueblo hondureño, intrépido, hostigado e inerme, pudo forjar un proceso de resistencia que feneció con los anhelos de perpetuidad de los golpistas y sus seguidores. Hoy camina otra vez junto a su líder, el mismo que durante su gobierno los dignificó.
Obreros, campesinos, afrodescendientes e indígenas son protagonistas nuevamente de la historia hondureña. Los militares pudieron echar del poder a un presidente pero no lograron quebrantar los sentimientos populares. “Mel” ha vuelto para hacerse carne en la frase de Morazán: “Y deseo que imiten mi ejemplo de morir con firmeza antes que dejar la Patria en el abandono”

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