Marcos Calarcá, miembro del equipo negociador de las FARC: “Desafortunadamente, las diferencias con el Caguán no son muchas”

Luis Alberto Albán Burbano se hizo guerrillero en 1977, después del primer paro cívico nacional, adaptó varios nombres como Raúl, Iván y José y hoy es Marcos Calarcá, canciller y uno de los plenipotenciarios de las Farc en la mesa de diálogos en La Habana.

Caleño, graduado en licenciatura de la educación, es uno de los principales asesores políticos de la delegación de la guerrilla en Cuba a donde llegó desde antes de iniciarse los diálogos, cuando apenas comenzaba la etapa exploratoria del acuerdo marco con el Gobierno Nacional.

La Silla viajó a La Habana para contar cómo se está llevando el proceso de paz, más allá de la foto y la declaración oficial. Y en esas, habló un par de horas con Calarcá quien se refirió a los tiempos de la mesa, al punto de la participación en política, al Procurador y a las Farc frente al tema de los niños, de las mujeres, de las minas antipersonal y del narcotráfico. Estas son algunas verdades que nos debe la guerrilla, según uno de sus plenipotenciarios.

Esta conversación, en texto y en video, hace parte de la crónica del detrás de cámaras del proceso desde La Habana que se puede leer actualizada aquí.

Muchos, incluyendo a Andrés París en entrevista con nosotros, calculan si Santos alcanzará a firmar la paz en este periodo de Gobierno. ¿Le va a alcanzar este Gobierno a Santos?

“No me gusta especular, pero no es realista ese cálculo”

¿Cómo percibe el proceso?

Cuando a nosotros nos dieron la misión de venir a La Habana a hablar con el Gobierno, en la etapa exploratoria, veíamos condiciones positivas y yo personalmente las sigo viendo. Hay muchas dificultades, es verdad. Lo que sí veo es que cada vez más hay una cerrazón de un grupo que por diferentes circunstancias, desde los que se lucran de la guerra hasta los que políticamente tienen esa posición, se cierran, y les dan mucha difusión. Entonces no basta que las Farc tengan voluntad de paz. Nosotros hemos hecho una serie de propuestas mínimas que incluso para algunos sectores de izquierda son vergonzantes, y nos los han dicho. Pero nosotros decimos es que esa no es la revolución, ese no es el programa de las Farc. Nosotros en la mesa no vamos a hacer la revolución sino a ponerle fin al conflicto para poder seguir haciendo política, como lo venimos haciendo.

Pero dicen que ustedes le están poniendo freno al proceso…

Es que nosotros no entendemos… O sí: es un problema de matrices de opinión, basado en mentiras. ¿De dónde sacan que la mesa no avanza es por las Farc, si estamos sentadas dos partes y estamos haciendo propuestas? A nosotros nunca se nos ocurre decir que la mesa no avanza por el Gobierno. Entre otras cosas porque esas son violaciones a la confidencialidad del proceso.

El Gobierno ha dicho que traen a la mesa temas que no son de la mesa…

Hay una discusión entre dos posiciones antagónicas. Hemos hecho un gran esfuerzo para presentar algo no tan antagónico, pero tampoco puede haber la pretensión simplista de que entreguemos las armas y ya. Entre otras cosas porque esa es la garantía de una violencia peor en poquito tiempo. Nosotros demostramos nuestra voluntad de paz al ceder en nuestras pretensiones frente al Gobierno, pero tiene que haber una correspondencia en que el Gobierno acepte ceder. Nos sentamos, hay unas visiones políticas muy encontradas y esa discusión no es de un día para otro. Esto no es un regateo: usted me da tanto, yo le doy tanto, como si fuera una plaza de mercado.

¿Ustedes estuvieron de acuerdo en que el proceso durara un año?

La desinformación es tal que se posicionan unas mentiras, se las creen y después se viene a reclamar. Nosotros desde el principio dijimos que no estábamos de acuerdo con plazos. Y no sólo nosotros: hace poquito le preguntaron a Santos y él dijo que nunca había dicho que en noviembre sino que el periodista dijo que en noviembre y a él le pareció que bueno. Eso es lo que, entiendo, es una matriz de opinión.

¿Cuáles son los nudos que han impedido avanzar?

“El acuerdo debe reflejarse en transformaciones a la sociedad”

Aquí no estamos hablando de la suerte de las Farc ni de Santos sino de la suerte y el futuro de la nación completa. Si a la gente se le preguntara seriamente si quiere o no quiere la paz, la gente diría que sí. Mire es que son millones de colombianos los que se están muriendo en la miseria y quieren resolver sus problemas. ¿La gente va a decir que no? Eso es mentira. Lo que se necesita es explicarle a la gente qué es lo que estamos haciendo aquí y rodear el proceso.

¿Cómo mandar ese mensaje?

“Al tema de los medios hay que meterle mano”

¿Sabe que le van a preguntar sobre las verdades que deben las Farc?

Eso, lo entendemos, es la guerra de medios. Van generando mentiras como por ejemplo el tema de las mujeres que, supuestamente, ingresan sólo para abortar y para que las violen. Lo mismo lo de los menores de edad, el narcotráfico… una cantidad de mentiras y dele y dele y dele con eso. Entonces nos preguntamos, bueno ¿y cuándo es que vamos es a buscar una solución?

¿Las Farc no narcotrafican?

“¿Qué es el narcotráfico?”

No me contestó…

“Nosotros no tenemos que ver con el narcotráfico, eso es así”

¿De qué viven?

Si fuéramos narcotraficantes no hubiéramos propuesto tratar eso como un tema mundial. Lo hicimos desde el 93, en las conclusiones de la Octava Conferencia de las Farc, en el punto 10, que era un programa de reconciliación nacional visto (el narcotráfico) como un tema corresponsabilidad. ¿Que conocemos los sembrados? Claro. Y cobramos impuesto. Pero eso es todo. Mire antes de los diálogos, incluso ya estábamos aquí en el exploratorio, escuchaba uno: las Farc no tienen norte político, no tienen propuestas, son unos bandidos por allá perdidos. Pero entonces vamos a los diálogos, empezamos a dar nuestras opiniones y pregunto ¿quién hizo la averiguación y dijo vea estaban equivocados? Mire que sí tenemos propuestas, que no estén de acuerdo con ellas es otra cosa. Eso es lo que pasa con el tema de la propaganda sucia.

¿Y cuál es su versión sobre el tema de reclutamiento de niños, más allá de que en los estatutos de las Farc diga que los reclutan a partir de los 15 años?

“La verdad son los estatutos”

En La Silla sacamos un informe con denuncias de posibles reclutamientos en Chocó, Antioquia, Caquetá… ¿Son manzanas podridas?

Nosotros no queremos caer en el cuento de las manzanas podridas porque eso no es serio. Porque mire que todos los militares que caen involucrados en delitos, nunca hay una respuesta como institución sino que es un problema de las personas y eso no es cierto. Hay unas explicaciones que se dirán a su tiempo, pero nosotros no reclutamos menores. ¿Cómo explicarlo? si hubo una situación especial, miremos a ver qué fue. Pero no es la política. Pero ahora uno no puede decir no es la política si la mayoría estuviera haciendo eso. La mayoría de nuestra política es la de los estatutos porque nosotros somos es revolucionarios. Y antes de eso somos humanistas y el componente central del ser revolucionario es la capacidad de dar todo por todos, sin confundirse con el cristianismo.

¿Y qué decir sobre las mujeres en las Farc?

Ese tema de las violaciones, ahí está en los estatutos, nosotros tenemos unas sanciones para las violaciones incluso más fuertes que en la sociedad civil. Eso no es verdad. Lo mismo dicen que nos llevamos gente obligada: ¿usted cree que esos que están ahí, portando armas las 24 horas, están ahí obligados? Si eso fuera así, ¿nos arriesgaríamos a tenerlos armados?

El Ejército ha dicho que tienen a Colombia llena de minas antipersonal. ¿Tienen mapa de dónde están las minas?, ¿lo entregarán?

“Esa es otra gran mentira”

¿Qué tan disminuidos están?

No lo veo. Veo la gente peleando animada, a la guerrillerada creciendo.

¿Qué va a cambiar en la política cuando lleguen a hacerla sin armas?

“A la política no se le puede seguir viendo como la forma de vivir unos de otros”

La actuación política desde otra óptica, con cero corrupción. Haremos la defensa hasta última instancia de los intereses de las mayorías. Ofrecemos todo lo que somos, lo que sabemos.

¿Cuáles son los ideales de ustedes?

Ahí hay que hacer la diferenciación entre nuestro programa y lo que sale de la mesa. Nuestro programa considera válido el socialismo, a Marx, a Lenin, la soberanía, busca que la gente pueda y deba vivir en paz, de su trabajo, con dignidad. que el trabajo no siga siendo visto como un castigo, sino como una realización; que nuestra patria sea nuestra patria y no el patio trasero de los gringos. Esos son ideales que el capitalismo no tiene. Ese programa, sin embargo, no sale de la mesa. De la mesa sale la posibilidad de hacer política sin que nos maten.

¿Y si la gente no quiere elegirlos?

Pues, si la gente no quiere no se hará, pero eso es como un imposible porque ¿quién no quiere un mejor país con justicia social? Eso sí, se requiere de un formidable trabajo de convencimiento.

Yo creo que es posible tener esto (el sistema en Cuba) y lo mejor del capitalismo. Es que la famosa libertad la da es el ingreso: tener salud, tener educación, tener oportunidades. ¿Será que no tener eso es libertad? Aquí (en Cuba) no piensan en los problemas que tenemos nosotros en en nuestros sistemas de salud y educación. Cuando uno les cuenta se sorprenden.

¿Cuál es la principal diferencia entre este proceso y el del Caguán?

Desafortunadamente las diferencias no son muchas, la propuesta oficial sigue siendo la misma, se confunde con procesos como el del M-19 que no fue un proceso de paz. Porque, ¿cuál ha sido el cambio en el país desde que se hizo ese proceso? Eso no fue un proceso de paz. Un proceso de paz tiene que sentar las bases para que las causas de la guerra se acaben.

La Constitución del 91 es el resultado de ese proceso…

La Constitución del 91 no fue un tratado de paz. Hubo muchos temas que no tocó. ¿Cuáles han sido los cambios profundos en el país? La guerra siguió. Esa Constitución le abrió la puerta al neoliberalismo, mandó a hacer un estatuto de la oposición y ahora, fíjese, en este proceso lo estamos haciendo. Se sigue repitiendo el mismo modelo.

¿Cómo ven la Alcaldía de Gustavo Petro? ¿Es un buen espejo de que se puede llegar al poder sin armas?

Esa es de las preguntas incómodas, cuando apague la grabadora se la respondo.

Dicen que ustedes están tan cómodos aquí que por eso no les interesaría firmar e irse…

Eso dicen: que aquí estamos bueno, que no nos queremos ir, que tenemos a nuestra disposición Mercedes, hoteles, comida. Pero, fíjese, esa es la aspiración de otros, pero nosotros no necesitamos eso. Llevamos 50 años sin usar instalaciones sanitarias, hacemos huecos. Si les molesta que estemos en hoteles dígannos y armamos aquí nuestras casas, al frente del (hotel) Palco. No tendríamos problema con eso.

¿Para usted cuáles fueron las razones del Gobierno Pastrana para meterlos en la lista de organizaciones terroristas?

Pastrana nunca tuvo voluntad de paz. Él mismo lo dice en el libro que escribió: necesitaban hacer reingeniería del Ejército y prepararse para el Plan Colombia. Necesitaban una tregua y la usaron para acomodarse. Por eso luego nos metieron ahí (en la lista). Además de que en su lucha contra el terrorismo para los gringos todo el mundo es terrorista.

¿Cómo fueron los acercamientos con el Gobierno Uribe?

Ah no, ellos buscaron, nos mandaron cartas pero la dirección decidió que eso no tenía seriedad. Eso fue en el 2009 y pudo haber sido el gancho que quiso usar Uribe para reelegirse. Pero nos dimos cuenta de que no había tiempo, que íbamos a volver a quedar como los malos del paseo.

¿Qué piensa del Procurador?

“¿Por qué no se puede hacer nada contra el Procurador? Y lo digo, antes de que me malinterpreten, en el mejor sentido de la palabra: ¿quién puede controlar al Procurador?”

¿Cuáles son los nudos gordianos de la participación en política?

Hemos estado debatiendo intensamente muchos temas, varios. En el Estatuto de la Oposición, por ejemplo, nos preguntamos qué es quitarles a los privados media hora (para las fuerzas políticas). Nosotros estamos trabajando. Y eso también ha sido un tema y es que nosotros nos quedamos acá trabajando, no nos vamos a descansar ocho días a Colombia. Los días que se acaban los ciclos los del Gobierno se van el mismo día, ese día traen las maletas y les da desespero si nos estamos demorando.

¿El globo de Santos sobre la posible suspensión de los diálogos, lo cual no se había tratado en la mesa, prueba que una cosa se habla en el micrófono y otra en la mesa?

Toda la agenda es producto de la realidad de Colombia y de los problemas más sentidos. Incluso ahí faltan problemas fundamentales como el económico. Ahora, nosotros decimos que no estamos haciendo una revolución en la mesa. Entendemos que eso no es posible. Pero también entendemos que el mismo sistema en el mismo régimen se puede aflojar, se pueden generar mejores condiciones de vida. No es posible que en Colombia en el siglo XXI haya niños muriendo de hambre o que estemos con estos niveles de corrupción. Un país en el que solo hay garantías para el 10 por ciento de la población y ese 10 por ciento no hace nada por el resto.

Nosotros no decimos que vamos a acabar con la propiedad privada, pero decimos “hombre, a la gente hay que pagarle bien su salario” y ese salario tiene responder a su calidad de vida. Porque a la gente le pagan 100 sí, pero con 100 no vive nadie. Sin entrar a justificar, ahí encuentra usted las causas de la inseguridad. Si usted mira, y la invito a que lo haga, las consecuencias de la guerra y las compara con las consecuencias de la violencia del sistema encuentra un desnivel muy grande.

¿Por qué insisten tanto en hacer una Constituyente?

“Si logramos un acuerdo, que ojalá así sea, ¿quién nos va a garantizar que el próximo Gobierno lo va a cumplir?”

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