María Corina Machado, diputada opositora: “Venezuela necesita un liderazgo moral para recuperar la confianza en el país”

Aclaración de Nodal: el 12 de abril de 2002, María Corina Machado fue partícipe del fracasado golpe de Estado contra Hugo Chávez que derogó la constitución y suspendió a todos los miembros electos de la Asamblea Nacional. También fue una de las firmantes del decreto que ese mismo día nombró presidente a Pedro Carmona Estanga

 

Entrevista publicada en el diario La Nacion, Argentina.

María Corina Machado es, acaso, demasiado rotunda en sus comentarios. Tanto, que en cuestión de minutos es capaz de armar un polvorín de palabras. Califica al gobierno de Nicolás Maduro de “neodictadura”, afirma que la situación económica, política y social es “insostenible” e “ingobernable” en su país y que, por tanto, es muy probable que el ex canciller de Hugo Chávez y presidente de Venezuela desde hace sólo seis meses no llegue a completar su sexenio. Aun cuando eso no sea lo más relevante porque, dice, las verdaderas decisiones se toman desde Cuba. Casi nada.

-Repasando sus declaraciones más recientes, me impresionó una en particular, cuando afirmó que “Venezuela no aguanta tres años más” con el rumbo impuesto por Maduro.

-¿Qué es lo que te llama la atención?

-Que diga eso.

-Entonces, no has hablado con ningún venezolano recientemente.

-Por el contrario. Sé que les falta desde combustible hasta papel higiénico.

-Exactamente. Por eso el país no aguanta ni seis, ni tres años más.

-Si dijera algo así sobre el gobierno argentino, la acusarían de golpista.

-Ya lo hacen. Me han acusado de golpista por decir la verdad sobre los resultados electorales, sobre la situación de ilegalidad del gobierno o la violación de los derechos humanos. Yo hablo con la verdad y no dejaré de hacerlo.

¿Quién es esta mujer filosa? Según su currículum, una ingeniera venezolana que también estudió finanzas y luego políticas públicas en la Universidad de Yale, que en 2002 cofundó la ONG Súmate para promover la participación ciudadana en la vida democrática de su país.

Que en 2010 renunció a esa entidad y se metió de lleno en la política, que en 2011 fue precandidata presidencial y que ahora es diputada.

Su currículum formal omite, sin embargo, mucho sobre ella. Por ejemplo, que tiene 46 años, tres hijos de 21, 20 y 19 años, que está divorciada y que es considerada una referente ineludible de la oposición venezolana y que, por eso mismo, el chavismo la ubica desde hace años como enemiga de la “revolución bolivariana”. Por eso, afrontó acusaciones de todo tipo, incluso ante la justicia, además de romperle la nariz en cuatro partes durante una sesión de la Asamblea Nacional. Pero ella sigue adelante.

-¿Cuál es la situación hoy en Venezuela?

-Insostenible. El país vivió los 15 años de mayor bonanza económica de nuestra historia. Pero en este período se ha destruido completamente su capacidad productiva. No sólo importamos el 80 por ciento de lo que comemos, sino que ya estamos importando gasolina. Y aun así, ante la infinita incompetencia y corrupción de este gobierno, ves a las amas de casa haciendo cinco o más horas de cola para comprar leche, remedios, pan, libros escolares. Estamos en situación de colapso económico. Pero lo más grave, y lo diré aunque me acusen de golpista, es que lo peor está por pasar. Somos como un paciente envenenado al que, en vez de darle el antídoto, le dan más veneno. Hoy, para que tomes como parámetro, en Venezuela hay unas 50 protestas diarias, pero el gobierno se ha encargado de criminalizar y de invisibilizar las protestas.

-¿Cómo se financia, pues, el gobierno hoy?

-Con deuda y emisión. En el año 1998, la deuda pública agregada rondaba los 35.000 millones de dólares; hoy se estima en más de 220.000 millones. Y el dólar está a una tasa oficial de 6,30 bolívares, pero ¿sabes cuál es en el mercado negro? Y te aviso que decirlo en Venezuela es un delito.

-O sea que está por infringir la ley.

-Sí, pero imagino que estando en el extranjero no me vendrán con esa vaina [risas]. Es de casi 50 bolívares. Imagínate, pues, la situación de las finanzas venezolanas. Las reservas venezolanas eran de 32.000 millones hace cuatro años. ¿Hoy? Menos de 800 millones de dólares.

-He leído también que usted afirma que, a este ritmo, las reservas pueden aguantar unos pocos días.

-Al ritmo de las importaciones que ha tenido el país durante los últimos meses, las reservas pueden aguantar unos seis días. Mira este cuadro: destruyeron la capacidad de destrucción en el país. Desde el café, que teníamos 200 años exportando, pasando por la manufactura, destruyeron el comercio, la actividad industrial. todo. Así llegamos al extremo de que el 70 por ciento de lo que se consume en el país es importado, aunque ya casi no hay dólares para importar. Y cuando sí se logra importar comida, los buques no pueden desembarcar porque los puertos han colapsado en cuanto a su capacidad operativa. Hay 800 contenedores en Puerto Cabello con comida adentro y la noticia ahora es que se está pudriendo.

-Lo mismo, recuerdo, ocurrió con maquinaria agrícola argentina, que durante meses quedó arrumbada en los puertos venezolanos, oxidándose.

-Las máquinas se arrumban, la comida se pudre e incluso han repartido medicamentos que vencieron durante la espera. Pero óyeme: no hay capacidad productiva y tienen que importar. Pero para importar necesitan dólares y no tienen dólares. Cuando logran traer los cargamentos, no tienen capacidad de desembarcarlos. Cuando al fin sí logran desembarcarlos, las compañías de transporte en Venezuela se han ido progresivamente paralizando, porque no consiguen repuestos para sus vehículos. Cuando logran transportarlos, los llevan a empresas de refrigeración, pero se va la luz y se pudre. ¿Me entiendes?

-Me recuerda al libro La rebelión de Atlas , de la filósofa estadounidense de origen ruso Ayn Rand. ¿Lo ha leído?

-Sí, claro, cómo no. Es eso. Pero agrégale a lo que ocurre una visión de absoluta dominación de la sociedad. Y no fue que al chavismo le salieron mal las cosas, que sean incompetentes. Esto es intencional. El objetivo es tener una sociedad absolutamente sometida al régimen. Por eso cuando dicen que al chavismo le gustan los pobres, yo respondo que sí, “pero bien pobres”.

-Puede ser, pero la sociedad también los vota. Ya van más de 15 años.

-Veintiuna elecciones en 15 años. Pero con un sistema electoral que ha ido construyéndose con la mayor perversión. Entonces impera el terror político. Eso se demostró el 14 de abril [fecha de las elecciones presidenciales]. Y por eso cuando tú enfrentas una neodictadura, y eso es lo que hay hoy en Venezuela con una fachada seudodemocrática, no basta con ser mayoría en las urnas y ganar una elección. Todo el mundo sabe que Nicolás Maduro perdió esa elección. Oficialmente, él ganó por un punto porcentual, pero hay 1,8 millones de votos a su favor seriamente objetados, documentados, con información específica.

-Vale. Pero aun si le concedo ese punto, Maduro ya asumió y le quedan más de cinco años como presidente.

-Mira… Este gobierno es ilegítimo, ilegal e incompetente. Esa combinación hace que Venezuela resulte ingobernable. Por eso, y como en toda democracia que se precie de tal, todo ciudadano tiene derecho a reclamar la renuncia del presidente. El problema es que Venezuela hoy no tiene un régimen democrático. Para eso, la Constitución prevé canales para impulsar la salida del presidente.

-Puede ser así en la teoría, pero hoy el partido de Maduro controla las mayorías en las instituciones, por lo que esas opciones están bloqueadas.

-Hay mecanismos que no dependen de esas mayorías institucionales, como la Asamblea Nacional Constituyente, que necesita la activación de la gente, con dos millones de firmas.

-Antes de eso, de todos modos, se vienen las elecciones municipales del 8 de diciembre. Si ganan los candidatos opositores, ¿qué puede ocurrir con la gobernabilidad de Venezuela?

-¡Es que la gobernabilidad del país está hoy destruida! Las propias facciones del chavismo están enfrentadas a muerte. Chávez controlaba a todos estos grupos, algunos vinculados a actividades criminales, como la mafia rusa, los carteles mexicanos, la guerrilla colombiana y grupos extremistas de Medio Oriente, que han encontrado en la situación actual del país un lugar óptimo para instalarse y cooptar jueces, funcionarios. Pero sin él, sin Chávez, quienes responden a Maduro, a Diosdado Cabello [ex gobernador chavista, actual presidente de la Asamblea Nacional], se enfrentan abiertamente.

-Insisto: ¿qué puede ocurrir si la oposición gana estas elecciones?

-Primero, hay que entender que la situación es hoy mucho más complicada que la ya existente el 14 de abril. Hay zonas del país donde más del 30 por ciento de los votantes han denunciado que padecieron el “voto asistido”, es decir, que alguien los acompaña cuando votan en las máquinas. Y tenemos reportes de centros de votación donde a nuestros fiscales los han sacado a patadas. Lo que te quiero decir es que la situación que afrontamos es realmente adversa. Pero que, a pesar de todo, el 14 de abril ganamos y ellos lo saben. Por eso, en esta próxima elección, sabemos que somos muchos más aún los que queremos un cambio de régimen antes de que terminen de destruir el país.

-¿Los referentes opositores están en condiciones reales de asumir el poder, sea mañana o, como prevé la Constitución, dentro de seis años?

-Ése no es el problema más grave. El gran desafío es la ruptura de la cohesión social. Por eso, más allá de la cuestión gerencial, se trata más de un problema de liderazgo para encarar intervenciones profundas. Lo fundamental pasará por contar con un liderazgo moral que permita recuperar la confianza de los venezolanos e internacional en el país.

-¿Es hoy la esposa de Maduro, Cilia Flores, un factor de poder?

-No. Es apenas una agencia de colocación de familiares en cargos públicos. Ni ella ni Maduro ejercen el verdadero poder. Las instrucciones vienen de La Habana. Maduro no toma una decisión sin consultar al Castrocomunismo. Maduro fue impuesto desde La Habana con plena conciencia de cómo violaba nuestra Constitución. Pero en estos días, recurro con mucha frecuencia a lo que ocurrió el 23 de enero de 1958, cuando la caída de Marcos Pérez Jiménez, cuando por una lucha interna entre militares se intentó un golpe de Estado, pero la gente salió a las calles y dijo que la vía correcta era la institucional. Como ahora.

-Lo cual marca una profunda diferencia, entonces, con el golpe de Estado de abril de 2002, el de Pedro Carmona, con el apoyo de Estados Unidos.

-Absolutamente. Cada ciudadano debe asumir su responsabilidad porque aquí está en juego nuestra nación. ¿Qué me dirías tú si el sistema de identificación fuera controlado por los funcionarios chilenos? ¿O que los ministerios y subestaciones eléctricas las controlaran funcionarios brasileños? ¿O que los generales argentinos recibieran órdenes de militares bolivianos? Bueno, todo eso ocurre con Venezuela con funcionarios del gobierno de Cuba. Una violación de nuestra soberanía nacional.

-Yo no veo a los venezolanos reclamando por esto en las calles.

-¡Pero si hay protestas todos los días!

-Hablo de protestas realmente multitudinarias, que generen un sacudón institucional, como los “cacerolazos” más potentes en la Argentina o incluso la movilización social del 19 y 20 de diciembre de 2001.

-Bueno, son procesos sociales. Pero también es una cuestión de liderazgo. Porque la gente está. Venezuela se encuentra en una encrucijada histórica como no la ha tenido en 200 años de historia. Nunca en 200 años las decisiones fundamentales de nuestro país se tomaron fuera de Venezuela.

-Ya aludió a Cuba. ¿Qué pasa con Irán?

-Es una enorme incógnita. De tener una embajada con cuatro o cinco funcionarios, hoy es la embajada iraní más grande en América latina. Y se sabe que Venezuela ha violado resoluciones de las Naciones Unidas para operaciones financieras con Irán y con Siria. El presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, ha reconocido tres envíos de diésel a Siria, que se utilizó para enviar a los tanques sirios contra los rebeldes. ¡Están matando mujeres y niños sirios con combustible venezolano! ¿Y sabes, por ejemplo, que a un diputado oficialista, Abdel el Zabayar, le dieron permiso para ir a combatir junto al ejército sirio? Regresó y fue aplaudido en esa sesión.

-¿Espera algo de Brasil y de la Argentina?

-De Brasil cada vez menos y de la Argentina cada vez más [sonríe]. El cambio de gobierno en Brasil generó fuertes expectativas sobre un cambio de política exterior. Pero estoy profundamente decepcionada. Si Brasil pretende ejercer un liderazgo sobre América latina, debe mostrar coherencia entre sus políticas domésticas e internacionales.

-¿Y la Argentina?

-Los argentinos están planteándose un cambio profundo en su dinámica interna que quizás en el corto plazo nos permita ver cambios sustantivos que se reflejen en su política exterior. Creo que en líneas generales América latina está encarando un replanteo más amplio, y que Brasil aún no ha aprendido esa lección.

-¿Percibe o espera solidaridad externa?

-Hay algunos episodios durante los últimos años que me han llenado de esperanza. Aun cuando algunos gobiernos miran para otro lado, se nos han abierto las puertas en distintos parlamentos en toda América latina. Allí se está generando un movimiento regional que eleva el costo político para esos gobiernos que callan. Así ocurre, por ejemplo, en Colombia con Juan Manuel Santos. Y ni pensar lo que ocurrirá cuando Venezuela cambie. ¿Qué ocurrirá dentro de Bolivia? ¿Y de Ecuador? ¿Y en Colombia? ¿En Nicaragua? ¡Y en Cuba! Pensar que ese cambio se contendrá fronteras adentro de Venezuela es una mezcla de ignorancia, ingenuidad e irresponsabilidad.

-Por último, dada su fuerte ascendencia social al frente de Súmate, ¿qué la llevó a dejar esa entidad y meterse de lleno en la política?

-Crecí diciendo que lo último que haría es política. Pero aquí estoy. Nuestra generación creció con una enorme desconfianza a la política, que veíamos como una cuestión de concesiones y corrupción. Pero desde Súmate me di cuenta de que no bastaba con la conciencia ciudadana, que requería nuevo vigor, nuevos liderazgos, nuevas propuestas. Y a nuestra generación le tocó afrontar una encrucijada histórica sin precedente. ¿Te das cuenta de la oportunidad que tenemos?

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