Tras 43 años de lucha, organización campesina paraguaya recibe título colectivo de tierras

Tras 43 años de lucha, y luego de haber sufrido la sangrienta persecución de la dictadura, la Asociación Campesina San Isidro del Jejuí recibió su título colectivo. En 1975 unos 800 campesinos fueron apresados y torturados por pretender vivir en un sistema asociativo y solidario.

Luego de 43 años de lucha y gestión por la tierra propia, familias de la Asociación Campesina San Isidro del Jejuí, del departamento de San Pedro, recibieron en un acto histórico, el título de propiedad de 182 hectáreas, otorgado por el  Instituto Nacional de Desarrollo Rural  y de la Tierras (INDERT).

Autoridades del Indert entregaron el documento del tipo colectivo que acredita a 29 familias pertenecientes a la Asociación, la posesión de las tierras ubicadas en  Yvypé, distrito de Lima, departamento de San Pedro. La agrupación es la generación de las Ex , cuya lucha por la titulación de las tierras data de la época de la dictadura stronista, 1970.

El padre Braulio Maciel, uno de los principales protagonistas de la larga lucha por la tierra del lugar, agradeció en nombre de las familias que pertenecieron a la desaparecida Ligas Agrarias del Jejuí. “Agradecemos la colaboración, gratitud y patriotismo de las autoridades al concretar la titulación de las tierras. Hoy nos damos cuenta de que nuestra lucha por la justicia y confraternidad valió la pena y que juntos podemos hacer muchas cosas”.

Instó a la nueva generación a no olvidar el pasado, sino “investigar y recordar la lucha histórica, corregir y mejorar lo que hemos errado al respecto”.

Apolonio Álvarez, tenía solo 38 años cuando la comunidad fue tomada por asalto por la policía represiva, que no toleraba el sistema católico de comunidad que llevaban sus pobladores, hoy a sus 81 años y con voz enérgica, rememoró que “sin banderías políticas fue nuestra lucha,  por eso esto  es la  conquista de la organización, fuimos pobres entre los pobres  en nuestra lucha por la tierra”.  Pidió mayor entendimiento entre paraguayos para encontrar soluciones en común, “todos necesitamos de todos,  hay que vivir en solidaridad, compartiendo las riquezas unos con otros y no que alguien se adueñe de todo”, expresó.

Demanda vigente de antiguos dueños de las tierras

Actualmente existe una demanda que pesa sobre las 182 hectáreas tituladas, que fue iniciada por los antiguos propietarios de las tierras, en concepto de retención de inmueble por mejoras introducidas por valor de 215 mil dólares.

En ese sentido, el titular del INDERT Justo Cárdenas informó que esa demanda se halla en  los estrados judiciales. “Revisaremos el caso con nuestro equipo jurídico, a fin de reivindicar los mismos derechos de hace 40 años”. En esa línea, dijo que “con todos los recursos que tenemos institucionalmente, vamos acompañar la reivindicación de los derechos de la Asociación que lucho tanto, por lo que vamos a articular todo lo humanamente posible para apoyarles”, aseguró.

Por su aldo, Gregorio Gómez, otro de los pobladores de las tierras expresó su “alegría” e informó que “sobre el título de las 182 Ha. pesa una denuncia realizada por retención de inmueble por mejora realizada por los antiguos dueños, Rivarola Velilla, de retención de inmueble por mejoras introducidas y en ese concepto quieren cobrarnos  215 mil dólares. La demanda la perdimos en Primera Instancia, dos jueces de San Pedro decidieron en contra de nosotros”.

Explicó que las tierras que pertenecieron a Ramón Matiauda y después paso a la familia Velilla, “apareciendo un título de 20 Ha. de otra gente en el medio de la comunidad donde era nuestro asentamiento”.

Un símbolo de la lucha campesina 

La lucha se inició en el año 1950, pero fue entre 1968 y 1976, los años en que se produjeron las persecuciones y masacre de campesinos, que incluso se extendieron hasta Asunción. Los hechos históricos reseñan que en 1975 hubo 800 presos y torturados donde las familias junto a las  mujeres y niños, arriesgaron incluso la vida en el afán por organizarse y trabajar comunitariamente para lograr un territorio donde desarrollarse. Conforme describe el Padre, Braulio Maciel, sacerdote asignado a la zona en aquellos tiempos.El Padre  Maciel, fue testigo fiel de la larga lucha de cientos de familias rurales por la tierra y la propia vida en sus recuerdos expresa que : “Sabíamos que este momento grato llegaría algún día. Este logro es el resultado de nuestras lágrimas y paciencia y gracias a la fe que nos mantuvo firmes en la lucha, en busca de llevar una vida con más confraternidad, construyendo una sociedad mejor y más justa”, dijo.

Antecedentes del conflicto:

Juan Antonio León, representante legal de los campesinos, explicó que las 182 hectáreas habían sido ganadas por la Asociación, mediante un proceso de demanda de nulidad de titulo y obligación de hacer escritura pública a favor de los integrantes. Esto para dar cumplimiento a la Sentencia Definitiva N° 285/05 que establece la obligación por parte del Indert de transferir y titular dichas tierras.

 Historia de lucha por la vida y la tierra

El Padre Maciel, es un fiel testigo de la larga lucha de cientos de familias rurales por la tierra y la propia vida, “Sabíamos que éste momento grato llegaría algún día y ahora es una realidad. Este logro es el resultado de nuestras lagrimas y paciencia, por lo que ahora puedo decir que valió la pena, gracias a la fe que nos mantuvo firmes en la lucha y llenos de fuerzas a favor de familias campesinas que desean mejorar su vida, viviendo en confraternidad y construyendo una sociedad mejor y más justa”.

Describe la forma en que vivían el día las familias en aquella época  “Llegamos a ser unas 1.000 familias a nivel país, las que se dedicaban a la producción de rubros de autoconsumo con sostenibilidad y respeto a los recursos naturales. Además se dedicaban a la producción de tipo asociativa, con el rubro de la naranja hái para la elaboración de esencia de Petit grain en la pequeña fábrica, como así también el rubro del tabaco y algodón con el que las propias familias elaboraban sus colchones y almohadas, mientras que las casas eran construidas con la mano de obra de sus habitantes, con los materiales existentes en el lugar. Los niños y los jóvenes estudiaban en las huertas y en las escuelas, así también recibían la visita de muchos religiosos quienes se adaptaban a la vida de las familias de la Asociación”.

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