Xiomara Castro – Por Byron Barrera Ortiz

Uno de los países más pobres y convulsos en Centroamérica, es Honduras; es, también, uno de los pocos países donde se depuso por golpe de Estado militar a un presidente electo democráticamente, apenas en 2009, cuando esa práctica había pasado a la historia. Manuel Zelaya fue depuesto con acusaciones fútiles, relacionadas más con sus políticas sociales y su identificación con el gobierno revolucionario de Venezuela, que por las argucias legales planteadas por sus enemigos.

En aquellos días de resistencia contra los golpistas, una mujer encabezaba las protestas, respiraba los gases lacrimógenos y asistía a los entierros de las víctimas. Era Xiomara Castro, esposa de Zelaya, quien sorprendió al mundo con su valentía y su coraje al lado del pueblo.

Dejada la semilla por el zelayismo y pese a la continua represión gubernamental, una opción política nueva se fue planteando en un escenario tradicionalmente dominado por dos fuerzas: liberales y nacionalistas. Ese bipartidismo se fue rompiendo y hoy esos dos partidos están casi en agonía. De acuerdo a la última encuesta de CID Gallup, si las elecciones se realizaran este día, el 28 por ciento votaría por el Partido Libre y el 21 por ciento por el Partido Anticorrupción. Pero en la guerra de sondeos el Partido Nacional también se dice ganador de los próximos comicios. Por fortuna terminó el plazo para publicar encuestas sobre preferencias, ya que el cronograma electoral establece que 30 días antes de las elecciones queda prohibida la publicación de encuestas y sondeos de opinión y quien lo haga queda expuesto a una multa de 200 a mil salarios mínimos. Por cierto, lección para Guatemala.

En este país, donde no hay segunda vuelta electoral, habrá comicios el 24 de noviembre para elegir a un presidente, tres designados presidenciales, 298 autoridades municipales y 128 diputados.

En Honduras los hilos del poder aún son manejados por una oligarquía temerosa, feudal, y una élite militar atrasada que a su vez controla al Ejército, ambos, coludidos en privilegios y negocios corruptos, a la sombra del Estado. Pero ese modelo excluyente, que sume en la pobreza a la mayoría de hondureños, sumado a partidos políticos en descomposición, es ya insostenible. La sociedad está enfrentada a la necesidad de virajes históricos, sociales y económicos. De ahí que las elecciones de este noviembre sean cruciales para el país, Centroamérica y Estados Unidos.

En las elecciones están en disputa dos propuestas de modelos de sociedad, se vislumbra el reacomodo del poder en el Congreso Nacional y la posibilidad de un relevo del liderazgo en los movimientos sociales, aspectos que podrían confluir en un nuevo pacto democrático, único camino para avanzar.

Por supuesto, se impone la necesidad de que las elecciones sean transparentes, libres y desmilitarizadas y que haya una pacífica transición del poder. La amenaza es creciente. El riesgo de otro zarpazo a la débil democracia, ha sido advertido por los propios Estados Unidos. Sin duda, es la hora del cambio.

 

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