Adán Chávez, gobernador del Estado Barinas y hermano de Hugo Chávez: “El enemigo quiere dar el zarpazo”

Adán Chávez vino a Buenos Aires para hablar del legado político de su hermano. Señaló que en Venezuela hay quienes creen que es el momento de acabar con ese proceso. Dijo, además, que no habrá cambio de rumbo en lo económico.

Por Mercedes López San Miguel

Adán Chávez compartía con su hermano la pasión por la política y el gusto por el deporte y el folklore venezolano. El parecido de Adán con el líder bolivariano se hace evidente cuando sonríe, recordando que Hugo solía decir que “intentaban cantar”, pero en realidad desafinaban. Adán Chávez, 60 años, gobernador del estado de Barinas, profesor de Física y hermano apenas mayor, dialogó con Página/12 en una pequeña sala del Centro Cultural de la Cooperación, mientras otra sala, dos pisos más abajo, se llenaba de concurrentes al primer día de las jornadas “El legado político e ideológico de Hugo Chávez”, que lo tendría como orador estelar.

Gobernador del estado en donde nació, Adán Chávez analizó la nueva etapa del chavismo, denunció el sabotaje económico de la oposición y, al mismo tiempo, dijo que el gobierno no va a modificar su política económica.

–¿Usted compartía con su hermano su gusto por el béisbol?, ¿admiraba también al jugador Látigo Chávez?

–Compartíamos prácticamente todo, era muy difícil que nosotros tuviéramos una divergencia. Desde muy niños tuvimos una excelente relación, incluso sentí en más de una oportunidad que éramos como gemelos. Yo cuando tengo un poco de tiempo juego al softball. El béisbol es para los más jóvenes. El gusto por el deporte y el folklore está en nuestra formación como hombres progresistas, como hombres revolucionarios. Porque en todos nuestros programas de gobierno mantenemos la idea de que para propiciar cambios importantes se necesita defender las raíces. Tenemos claro que si no hay revolución cultural no hay revolución en el sentido general. Entre tantos logros de la revolución tenemos un millón de niños en las orquestas infantiles y juveniles.

–Ustedes tenían un profesor de historia que fue clave en la transmisión de esa cultura. ¿En algún momento vio que Chávez tuviera alguna duda sobre su ideología, sobre el camino a elegir?

–No, nunca. Nuestra formación, desde los inicios, fue muy similar. Aunque por esas cosas que les sucede a todos los jóvenes, cuando estábamos a medio camino en el bachillerato cada uno formó su propio grupo de estudio. Yo soy un año mayor que Hugo. Por eso algunas cosas se compartían y otras no. Pero en ese sentido, no por divergencias de algún tipo. Por esos años, él conoció al historiador Ruiz Guevara, que era vecino nuestro en la urbanización Rodríguez Domínguez, en la ciudad capital de Barinas. Y ahí comenzó este viejo amigo y compatriota a prestarle libros de historia. Pero era también porque Hugo fue siempre bien curioso y un gran lector. Cosa que nos inculcaron nuestros viejos desde niños.

–Sus padres, que eran maestros.

–Sí. Yo, por otro lado, estudiaba con otro grupo de amigos, también vecinos de por ahí. El hermano de uno de ellos militaba en un partido de izquierda que se llamaba MIR, como el MIR chileno: Movimiento de Izquierda Revolucionario. Sabíamos lo que estaba pasando en el país con las persecuciones, los asesinatos a la gente de izquierda que estaba tratando de llevar a cabo un proyecto diferente. En aquellos años, la falsa democracia venezolana era terrible y hubo una gran cantidad de muertos y desaparecidos. Entonces comencé a militar con el MIR y Hugo seguía yendo a visitar al viejo Ruiz Guevara, haciéndole preguntas, como ha quedado escrito y grabado por allí. Salimos del bachillerato y yo me fui a la Universidad de Los Andes, en el estado Mérida, y Hugo un año después a la Academia Militar. Pero eso no separó el camino, porque como siempre tuvimos una relación muy estrecha comentábamos todas estas cosas que estaba leyendo él y las que estaba leyendo yo. Qué conversábamos con nuestros compañeros. Y en eso compartires, nunca tuvimos divergencias.

–Después usted sería uno de los fundadores del Partido Socialista Unido de Venezuela.

–Sí. Después de que se dividió el MIR y pasé varios meses sin militancia específica, tuve contacto con el Partido de la Revolución Venezolana. En esa militancia surgió la necesidad de discutir allí la tesis de un movimiento cívico-militar para poder adelantar un proceso revolucionario en el país.

–¿Cómo sigue este proceso que dejó Chávez?

–Estoy de acuerdo en todo lo que se fue desarrollando. Durante la enfermedad estuvimos muy cerca siempre, y luego… se dio el desenlace fatal. Ahora estamos cumpliendo sus propias instrucciones, como tantas cosas que nos dejó como legado histórico. El pueblo, a escaso mes y días de su fallecimiento, tuvo que afrontar el proceso electoral, porque así lo manda la Constitución. El pueblo eligió a Nicolás Maduro, aunque con mucha dificultad. Y ahora Maduro está enfrentando una guerra muy fuerte, como nunca la habíamos vivido, porque el enemigo de nuestra revolución piensa que llegó el momento de darnos el zarpazo final. El enemigo principal, que es el gobierno norteamericano y sus lacayos, piensa que como no está Chávez el pueblo se va a ir desencantando y entonces que es el momento pues. Es una guerra psicológica y económica que han desatado y que divulgan en los medios internacionales que se prestan al juego. Por ejemplo, hace un rato estaba leyendo algunas agencias noticiosas que dicen que Maduro ordenó a la gente que asaltara los establecimientos, que hay un estallido social.

–Que hay saqueos y desabastecimiento…

–Cosas que son totalmente falsas. Algo que tenemos que resolver en nuestro proceso es que la mayoría de las importaciones está en manos privadas y el Estado les está asegurando todas las divisas necesarias para las empresas importadoras. Pero entonces manipulan y es parte del saboteo para propiciar la escasez. Y eso también lleva a que los índices de inflación hayan subido un poco más de lo previsto. En definitiva no hay saqueos, el presidente no le dijo a la gente que vaya a asaltar los establecimientos. Maduro lanzó una serie de anuncios para frenar una guerra económica, y dentro de esos anuncios, el establecimiento de unos equipos cívico-militares para supervisar pero respetando las leyes establecidas en el país. Dentro de esa supervisión se detectó que algunos establecimientos, efectivamente, como ya se sospechaba, han inflado los precios de una manera descomunal. En el caso de uno de los establecimientos, la Daka, que distribuye electrodomésticos, se comprobó con todas las facturas que vendían un artículo de 2000 bolívares a 30 mil, como parte de la especulación. Entonces el presidente dijo: “Vamos a imponer control –algo previsto en nuestras leyes–, vamos a vender a precio justo”.

–¿Pero no es que se detuvo a algunos gerentes?

–Sí, están siendo investigados, según las leyes. Porque están cometiendo un delito grave, que es la usura, una usura desmedida.

–¿El gobierno evalúa alguna rectificación económica frente al alto nivel de inflación y un dólar paralelo que se disparó?

–Sí, todo eso se ha tenido en cuenta. El dólar paralelo no debería existir, porque el gobierno demostró que ha dado todas las divisas para importar al país los artículos necesarios. Los especuladores justifican el dólar paralelo diciendo que el gobierno no da las divisas suficientes y por eso tienen que buscarlas por otro lado. Pero demostramos con todos los documentos que sí han recibido las divisas a través del Estado y que por usura, para especular, venden los productos a precios exagerados.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-233369-2013-11-12.html