El día después – Periódico La Prensa, Honduras

Hacer una lectura de la jornada electoral, sus resultados y sus consecuencias serían además de precipitado, irresponsable, pues es necesario un mínimo de distancia para que la visión no sea empañada por la instantaneidad que impide captar la dimensión y valorar con justicia los acontecimientos.

Las votaciones 2013 marcan un antes y un después no sólo por el incremento en el número de partidos, sino por la aparición de un mayor pluralismo en el Poder Legislativo, cuya gestión, en principio, no dispondrá de la tradicional aplanadora, sino que habrán de desarrollar negociaciones, ajenas al ambiente mercantil, para las cuales la mayoría de los dirigentes carecen de experiencia y de cualidades.

Claro que en estas primeras horas del lunes cada quien se manifestará de acuerdo como le ha ido en la fiesta, tal como sabiamente señala la sabiduría, pero será necesario que pasen los días para beber el trago que si es “amargo habrá que darle prisa”, pero si es dulce, el saborearlo será lento.

Lo importante, necesario y patriótico es el respeto a la voluntad popular y la respuesta que se le debe dar para ir derrotando las frustraciones, abriendo terreno a la credibilidad y sentando las bases de la participación colectiva en los quehaceres públicos diarios, usurpados, no pocas veces, en nombre de la representación otorgada en el voto.

La decepción de los perdedores y la alegría de los triunfadores no debieran alterar la convivencia entre los hondureños, la conducta personal y, mucho menos, las relaciones intrafamiliares, pues lo del color por generaciones va quedando en la historia por la oferta pluralista en el campo de la política partidista.

Ahora a cumplir. Si antes el llamado era para la participación masiva en la jornada electoral, la exigencia o el mandato de quienes ayer acudieron a los centros de votación es la transición pacífica, sin “saqueos” de los últimos días como en ocasiones anteriores, la integración de personas honestas y trabajadoras en el equipo de gobierno, y el cumplimiento de las propuestas y de las promesas para lo que habrá que dar un tiempo prudencial, pero no mucho, porque el estado de ruina amenaza con sepultarnos.

En situaciones difíciles las elecciones y la nueva administración se han interpretado en clave de esperanza que, desgraciadamente, se deterioraba con celeridad, lo que ojalá no ocurra en esta ocasión, pues las oportunidades para maniobrar son escasas, sin espacios para el sectarismo que sólo contribuirá a profundizar el abismo y sin entreguismo a intereses bastardos con hipotecas de la campaña política. ¿Evitaremos tropezar en la misma piedra o, aprendida la lección, los intereses nacionales, empleo, seguridad, educación, salud, honestidad, transparencia, trabajo, tolerancia y convivencia, marcarán la ruta de la nueva administración.

 

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