El día que murió el bipartidismo – Por Gerardo Szalkowicz

Hasta que no se proclame oficialmente al partido ganador, cualquier conjetura por estas horas quedará más cerca del terreno de la especulación que de la infalibilidad. Así y todo, hay varios elementos de análisis que abonan el terreno para asegurar que ayer Honduras vivió un día histórico.

En primer lugar, el dato saliente es que el pueblo hondureño decidió firmar la partida de defunción del tradicional bipartidismo, luego de más de un siglo en que el timón del Estado estuvo disputado y confiscado por la estructura de alternancia entre el Partido Nacional y el Partido Liberal, con algunos lapsos concesionados al aparato militar. La irrupción de LIBRE en la primera plana de la escena política, a tan solo dos años de su fundación, marca –más allá de cuál sea el resultado final- un punto de inflexión vital: el comienzo de una nueva etapa para un país que careció de experiencias de izquierda o progresistas acariciando el poder.

Otro factor que certifica la importancia de la jornada fue la inédita resonancia que tuvo a nivel internacional. La posibilidad de recomponer su legitimidad institucional (aún no recuperada) a casi cuatro años y medio del golpe de Estado y la polarización entre fuerzas políticas antagónicas despertó la atención en el mundo. Dan cuenta de ello los casi 800 observadores internacionales acreditados para los comicios de un pequeño país centroamericano con apenas ocho millones y medio de habitantes.

No es casual que el gobierno que menos disimuló su interés en la votación haya sido el de Estados Unidos. Su embajadora Lisa Kubiske se erigió en protagonista estelar durante la campaña, derrochando una catarata de recomendaciones en el amplio lugar que le dieron los medios. Ayer mismo, mientras la gente votaba, se animó a su último consejo pidiendo a los electores que evalúen “a los candidatos y sus propuestas políticas, y si éstas son viables o no”.

Otra arista para destacar es el récord de participación. Aún con un sistema electoral que goza de gran desconfianza y desprestigio, y siendo el voto voluntario, hubo una masiva concurrencia a contrapelo de la apatía histórica y sobre todo en relación a la última elección, en noviembre de 2009, cuando se impuso Pepe Lobo con una abstención superior al 50%.

A todas luces, la vuelta del pueblo hondureño a las urnas se liga estrechamente con la percepción de que, por primera vez, hay lugar para soñar un cambio. LIBRE es una herramienta surgida de las entrañas mismas de ese torrente de efervescencia popular parida tras el golpe de Estado, es la expresión electoral de los excluidos de siempre que respondieron al atropello de sus derechos a través de la tozuda movilización y la conformación del potente Frente Nacional de Resistencia Popular.

Un triunfo de Xiomara Castro significaría la esperanza de revertir este presente de violencia estructural (la tasa de homicidios más alta del mundo y unos 300 militantes asesinados desde 2009), desigualdad y pobreza (según la CEPAL, del 67%). Implicaría también la llegada por primera vez a la presidencia de una mujer, que además propone convocar a una Asamblea Constituyente para refundar el país y emprender la construcción del “Socialismo Democrático”.

Pero, sobre todo, abriría la posibilidad de romper la dependencia histórica con Estados Unidos y llevar a Honduras a ser parte de los procesos de integración que vienen floreciendo en América Latina y el Caribe.

http://www.infonews.com/2013/11/25/politica-110818-el-dia-que-murio-el-bipartidismo.php