La elección de ayer – Por Diario El Mercurio de Chile

Naturalmente, el que la derecha recupere sus tasas históricas de votación dependerá de que no siga incurriendo en errores garrafales, disonancias entre La Moneda y sus partidos, y personalismos a veces de muy menor cuantía…

Tal como se preveía, Michelle Bachelet ganó la primera vuelta presidencial (46,69%) por apreciable ventaja sobre Evelyn Matthei (25,01%), pero fracasó en su expectativa —que sus partidarios dieron por segura— de evitar la segunda vuelta presidencial. En lo principal, un dato impactante: pese a la inscripción automática, la de ayer fue la elección presidencial con menor participación desde el restablecimiento de la democracia, mostrando el voluntarismo de la reciente legislación electoral. No obstante, el civismo de la jornada fue ejemplar: no hubo incidentes, y sí un admirable ánimo de colaboración de todos los actores y votantes, pese a las ostensibles dificultades adicionales que significaba sufragar con cambios de local, de vocales —de encomiable desempeño, pese a la inexperiencia de muchos de ellos— y, sobre todo, cuatro elecciones simultáneas, con las consecuentes mayores demoras en el acto de sufragar y en su escrutinio.

Al final de la jornada, el Servel no se responsabilizó de los resultados en una región del sur, lo que constituye un hecho inédito, además de preocupante sobre su organización técnica, pero que no cambiaría los resultados ya emitidos.

La ex Presidenta Bachelet ha obtenido solo un levísimo margen por sobre su primera elección, en 2005. Por tanto, los anuncios de un “tsunami Bachelet”, como fenómeno único que arrasaría por votación personal, con legitimidad para imponer un programa de cambios radicales, no se dio en los hechos. Lo que sí ocurrió es que la centroderecha se desempeñó defectuosamente, despejando el campo para su adversaria.

Esta responsabilidad no recae sobre Evelyn Matthei, que se entregó sin reservas a una campaña iniciada muy tardíamente, tras dos comienzos fallidos de su sector, y fue afectada también por un desnivel inédito en recursos materiales y humanos. En la elección parlamentaria, en cambio, y particularmente en la Región Metropolitana, donde presentó fuertes candidatos competitivos, la derecha mantuvo una robusta posición electoral.

En una campaña de comienzo tan difícil, a Matthei, por añadidura, se le estableció un porcentaje de apenas 14% en la encuesta del CEP, la más creíble, lo que ciertamente contribuyó a un injusto desánimo de su movilización.

Respecto del balotaje que ahora procede, cabe notar que en la elección de 2005, Eduardo Frei Ruiz-Tagle obtuvo contra Sebastián Piñera el 29,60% en la primera vuelta, pero en la segunda creció su apoyo a 48,39%, esto es, más de 18 puntos. Por consiguiente, hay cierto apresuramiento cuando se afirma que esta es una elección del todo resuelta, pues la capacidad de crecimiento de la segunda mayoría puede ser considerable —de lo cual no escasean ejemplos en la experiencia comparada—, y tanto más si concurriere a votar esa enorme proporción de electores que esta vez no lo hizo: los hoy ausentes, si votaren en diciembre, bien podrían cambiar eventualmente la elección.

Naturalmente, el que la derecha recupere sus tasas históricas de votación dependerá de que no siga incurriendo en errores garrafales, disonancias entre La Moneda y sus partidos, y personalismos a veces de muy menor cuantía. Y dependerá, además, de que quienes no desean ver socavado el sistema socioeconómico que nos ha llevado a ser casi un país desarrollado aporten los recursos y la movilización pertinente para una campaña competitiva. En la etapa que acaba de concluir, los dineros de la gran empresa aportados a la Nueva Mayoría prácticamente triplicaron a los destinados a la Alianza.

No hay, pues, un “desfondamiento” de la centroderecha. Ha tenido, es cierto, una declinación severa en primera vuelta presidencial porque cambió tres veces de candidato, pero no así en la votación general parlamentaria. Allí donde trabajó bien y a fondo, como en el distrito 23, obtuvo excelente resultado y mantuvo su doblaje, y lo mismo ocurrió en varios distritos en que mejoró su votación.

Los 5 candidatos minoritarios —excluidos los 4 mayores— sumaron 7,13%, siendo uno de los hechos más notables que aquel menos votado, Tomás Jocelyn-Holt, reuniera menos preferencias que un tercio de las firmas con las que inscribió su participación en los comicios. Obtuvo franja, foros, publicidad, pero no votos. Es evidente que Chile debe revisar el sistema de acceso a candidatos tan minoritarios, que impiden que la ciudadanía profundice su conocimiento y debate en torno a las opciones mayoritarias.

Llamativo es que los líderes estudiantiles protestatarios —Jackson, Vallejos, Boric y Cariola— hayan salido elegidos, y algunos con grandes mayorías. Visiblemente, capitalizaron la publicidad que les brindaron los movimientos iniciados en 2006. Es de notar que, gracias a ello, el Partido Comunista triunfa por primera vez en una comuna como La Florida, de estratos medios.

En la Concertación emergen figuras que cambian los equilibrios anteriores en su seno: se incorporan al Senado los socialistas Quinteros, Montes y De Urresti, que junto con Letelier obtienen contundentes victorias, en tanto que solo Harboe logra emularlos en el PPD, ya que Girardi, no obstante ganar, bajó su votación. El PDC pierde a una figura emblemática, como Soledad Alvear, de porte presidencial, y a Sabag, pero agrega en el Senado a Goic, confirmando el senador Pizarro su amplio apoyo en Coquimbo.

A la derecha le va notoriamente mejor en Santiago que en las zonas rurales y localidades pequeñas; esto parece reflejar un voto de opinión, factor que deberá considerar detenidamente en el futuro, con miras a mejorar sus tasas. En relación con los resultados históricos, Bachelet obtuvo ahora los mejores en el Maule, y el más bajo en el norte —particularmente Antofagasta—, donde Parisi, en cambio, logró sus mejores resultados. No obstante, Enríquez-Ominami ganó ampliamente a este último en Santiago, consiguiendo así el tercer lugar. También es de resaltar que el llamado a marcar el voto con las letras “AC”, respaldado entre otros por 7 candidatos presidenciales y por el ex Presidente Lagos, no tuvo acogida representativa, y solo expresó una rebeldía simbólica.

En síntesis, la convocatoria a refundar un Chile distinto no consiguió el apoyo que proclamaba tener. Pero la gran incógnita sobre cuál tendencia prevalezca en definitiva sigue abierta, y del mismo modo es incierto —a la luz de su discurso de ayer— el modo como Michelle Bachelet desarrolle su campaña y compromisos de segunda vuelta, ya sea confirmando su izquierdización o bien conteniendo a su ala más extrema en favor de posiciones más moderadas y de centro.