Perspectiva legislativa – Periódico Tiempo, Honduras

El siguiente editorial responde exclusivamente a la visión de este medio

 

Ante la falta de información oficial actualizada del cómputo de la votación relacionada con la fórmula presidencial, que podría explicarse por la necesidad de recuento y cotejo de las actas electorales “congeladas” por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) en razón de supuestas inconsistencias, el enfoque del interés se ha inclinado habilidosamente a la composición del Legislativo entrante.

Por la manera relámpago con  que está manejándose la dinámica del poder en estas circunstancias, queda la impresión de una estrategia montada para imponer, por la vía sicológica y del hecho consumado, una plataforma de control absoluto del poder mediante la aplicación de los mecanismos previamente creados, principalmente en lo relacionado con la fuerza militar-policial y el andamiaje judicial.

Bajo tales circunstancias, sin haber declaración oficial de presidente electo, el candidato del PN, declarándose per se ganador, ha tomado decisiones por encima de los protocolos de una elección general, para decirlo con suavidad, y ha dado paso a una “Comisión de Transición” para la formación del gobierno, convocando, en paralelo, a los cabezas de las demás fuerzas políticas a una negociación, prácticamente de subordinados.

Aun cuando finalmente se confirmara la elección presidencial de Juan Orlando Hernández (JOH), la sola precipitación para instalarse en el trono refleja la línea de autoritarismo que se cierne sobre la sociedad hondureña, a la vez que pone en duda la posibilidad real de llegar a un acuerdo para entrarle a su ambicioso –y demasiado optimista—“Plan de Todos para una Vida Mejor”.

Es muy cierto que, en las condiciones de dramática postración vive  Honduras, es indispensable un pacto de unidad nacional que involucre a todos los sectores de nuestra sociedad, también lo es que ese compromiso integral no podría realizarse por imposición ni tampoco a base de calculada distribución, abierta o solapada, de cuotas de poder.

De allí la trascendencia del cambio operado en la conformación del Poder Legislativo, que, de manera objetiva, presentará una bipolaridad que se había perdido a término de la primera mitad del siglo XX, merced a lo cual el llamado bipartidismo estructural devino evolutivamente en monopartidismo.

Eso quiere decir, en primer lugar, que por primera vez en los últimos 65 años de transcurso “democrático”, y, con mayor precisión en las tres décadas anteriores, se presenta en el escenario político nacional el binomio poder-oposición que, efectivamente, puede dinamizar el desarrollo democrático, algo que, por la misma naturaleza de la mecánica política, no conjuga con la negociación cupular de cuotas de poder, ni con relaciones de subordinación, y mucho menos con prácticas de soborno.

La perspectiva es otra, por supuesto, fundada en la contraposición ideológica, que no necesariamente tendría que enmarcarse en el arquetipo de derecha-izquierda, o viceversa, sino en el enfrentamiento de propuestas de solución a los grandes problemas de nuestro país en todos los órdenes, político, social, económico y cultural, conforme a la realidad existente.

 

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