Piedad Córdoba, ex senadora y defensora de DDHH colombiana: “Las Farc van a hacer la paz”

La exsenadora Piedad Córdoba, quien durante más de 15 años ha estado buscando una salida negociada al conflicto colombiano y cuyas posiciones frente a las Farc han generado controversia en el país, destacó los avances alcanzados por el Gobierno y la guerrilla en la mesa de negociaciones.

Córdoba habló con Blu Radio y El Espectador y dijo que el punto más difícil de la agenda para la terminación del conflicto ya se superó con la firma del acuerdo sobre participación política.

La excongresista se declaró defensora de la política de paz del presidente Juan Manuel Santos, pidió a los colombianos rodear al jefe de Estado para blindar el proceso con las Farc y aprovechó para lanzar dardos contra el procurador Alejandro Ordóñez, de quien dijo que no está por encima del presidente de la República.

¿Cómo analiza el acuerdo entre el Gobierno y las Farc sobre participación política?

Para mí es significativamente importante el hecho de que ya se haya avanzado en el punto que en mi criterio es el más complejo; es altamente provechoso para el país. Me parece que además comienza a cambiarse el lenguaje de las armas por la política, que es lo que requiere la sociedad colombiana: que la gente piense que la política es un instrumento para resolver los problemas y los conflictos.

Es clave que lo pactado no se tenga en cuenta única y exclusivamente para las partes que están en la mesa, sino que se amplíe a toda la sociedad que está por fuera de la participación política. Esto significa además la construcción del poder, es decir elegir, ser elegido y poder participar en un proceso electoral.

¿Cómo podemos comparar lo que ha pasado en Cuba, los acuerdos alcanzados sobre dos puntos de la agenda, con lo que pasó en otros procesos de negociación?

Aquí lo fundamental es la decisión política del presidente, una decisión absolutamente inquebrantable de avanzar en la paz, en los acuerdos, y una decisión que tiene que llevar al país a rodearlo y a que él se sienta rodeado para poder darle quiebre a quienes están, como en muchas otras oportunidades, torpedeando el proceso de paz.

Creo que el presidente está dando muestras de que a pesar de todo lo que se está tratando de hacer para voltear la carreta de la paz, él sigue firme, y las Farc también siguen firmes.

Por eso yo creo que sí es cierto que este es el paso más avanzado, como lo he dicho muchísimas veces, la paz no tiene reversa y era absolutamente necesario que se dieran las liberaciones (de secuestrados) como un paso hacia donde se tenía que avanzar.

Lo del Caguán, que fue importantísimo, lo quebraron precisamente los intereses electorales de ciertas personas que finalmente anunciaron acabar la guerra y lo que hicieron fue profundizarla.

Belisario Betancur hizo esfuerzos importantes, y yo diría que en su momento le dieron un golpe de Estado. El expresidente Ernesto Samper quiso hacer la paz y le pasó exactamente lo mismo.

El procurador dijo que no es enemigo de la paz, pero insiste en que no puede haber impunidad ni guerrilleros condenados por delitos de lesa humanidad en el Congreso. ¿Cuál es su opinión?

El procurador general de la Nación no está por encima del presidente de la República, aunque eso no quiere decir que no operen las tres ramas del poder público.

Es muy claro para el país que él obedece a otros intereses muy precarios en términos de legitimidad y muy faltos de ética en términos del bien más importante para el país, que es la paz.

Yo pienso que si un funcionario como él estuviera dolido por la miseria de la gente, por los crímenes cometidos en el país por el paramilitarismo y la misma guerrilla, se pondría de acuerdo con el presidente para expresar sus opiniones, pero sin desestimular a la opinión pública frente al futuro del proceso de paz.

¿Cómo concibe usted la eventual participación en política de los guerrilleros de las Farc una vez dejen las armas?

Se trata fundamentalmente de entender que aquí ha habido una guerra de más de 50 años. No existían las Farc en ese momento, ni existía el Eln, pero sí existían los chulavitas y los paramilitares.

Lo más importante es buscar la manera de que el país pueda empezar a pensar que es necesaria la paz, sin perder la memoria, sin olvidar lo que pasó, sin perder la posibilidad sublime del perdón.

¿Cómo es la participación en política de las Farc?

Pues yo creo que eso tiene que ver con las decisiones que se den en su momento.

No hay que quebrarse el cerebro, porque ya se ha hecho en otras partes del mundo para darle participación a quienes han estado en contra del establecimiento, a quienes han estado en contra del Gobierno o del Estado como tal.

Yo soy de las que creen que es supremamente importante que se amplíe la participación política, no solamente para las Farc y el Eln, sino para muchos sectores de la sociedad que no llegan al Congreso, como campesinos, jóvenes y mujeres. Esas son deudas de la democracia de este país.

¿Cómo cree que se debe abordar el tema de las víctimas?

El tema más complejo era el de la participación política. La participación política es la que da lugar a que muchos de los acuerdos que se van a llevar a cabo se puedan aterrizar.

Yo estoy convencida de que el tema de las víctimas se va a enfrentar, estoy convencida, además, porque Colombianos por la Paz ha estado apoyando con documentos sobre el significado de la justicia transicional.

Colombia es una víctima de esta guerra, una guerra de negocios, una guerra de intereses incluso de carácter político electoral.

Hay víctimas que uno creería que es imposible que en un momento determinado perdonaran. El caso de la Unión Patriótica es un ejemplo, como también el collar bomba o los secuestros tan detestables, pero este país es maravilloso.

La gente quiere que le digan dónde están sus muertos, que no eran guerrilleros ni delincuentes, y la gente está en capacidad de perdonar, pero eso no significa olvidar, sino que ellos están pensando en el país que le van a dejar a las futuras generaciones.

Muchos de esos hechos tan graves, tan dolorosos, tenemos que resolverlos con el mínimo de impunidad y con el máximo de responsabilidad para la sociedad.

A mí me secuestraron, me tuve que ir del país, perdí a mis hijos durante 11 años, tuve una hija perdida durante cinco años, ¿y usted cree que estoy dispuesta a esperar para saber quién me paga eso, para que aquí pueda haber paz? Y así hay miles y miles de personas.

El presidente tiene la capacidad de hablar con la Corte Penal Internacional, con los organismos internacionales, para que realmente se pueda lograr ese límite, no sobrepasar lo que la gente diga, que es inaceptable éticamente, sin cálculos electorales o politiqueros.

Yo, que he padecido la guerra, la persecución, el destierro, el señalamiento, le apuesto a la paz por encima de lo que sea y rodeo al presidente, pero mi apoyo a la paz no quiere decir que esté de acuerdo con que no se pague por delitos de lesa humanidad.

¿En este nuevo intento se alcanzará la paz en el país?

Yo le voy a decir con la mano en el corazón y de frente a la razón que las Farc van a hacer la paz, Colombia va a alcanzar la paz, el Eln va a entrar al proceso de paz, y no sólo porque yo lo quiera o lo sienta o me emocione, sino porque el país lo quiere.

Me importan muy poquito los que quieren la guerra o mis amigos que piensan que sin nosotros la paz no la puede hacer nadie.

Yo no me quiero morir con un país en guerra, un país como en el que vivimos y en el que nadie puede soñar.

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