Primeros 100 días del gobierno de Cartes: Los ejes del nuevo rumbo – Por Ricardo Benítez

“Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región”

 

A 100 días de su asunción al poder es posible ya trazar algunos ejes del “nuevo rumbo” del gobierno encabezado por el multimillonario Horacio Cartes.

Eje fáctico:

Una noticia -de enorme fuerza simbólica- aparecida en el diario Ultima Hora el 12 de noviembre pasado (“Plantan soja en el lugar donde ocurrió la masacre de Curuguaty”.http://www.ultimahora.com/plantan-soja-el-lugar-donde-ocurrio-la-masacre-curuguaty-n739973.html) basta para comprender la secuencia lógica entre Curuguaty, el golpe contra Lugo y la llegada al poder de Cartes. Son tres momentos de una única ofensiva conservadora, impulsada por multinacionales y los sectores más ricos de este país y orientada a reinstalar un bipartidismo matizado por una gestión tecnocrática y de sesgo empresarial.
La militarización de tres departamentos (Amambay, San Pedro y Concepción) en los que no se ha conseguido avance alguno contra cualquier grupo criminal organizado ni se ha detenido la violencia (ya suman siete las muertes atribuidas del EPP desde que asumió Cartes). Por el contrario, el proceso de debilitamieno de las comunidades rurales y de despoblamiento y, sobre todo, de deforestación, se acelera para beneficio primero de traficantes y luego de grandes productores de soja. Entre agosto y octubre, la comunidad de Yvy Pyta, en Canindeyú, denunció la tala de 40 hectáreas de bosques; en Caazapá, se comprobó la deforestación de no menos de 100 hectáreas en la estancia Tacuruty y de más de 30 hectáreas en Tavaí; en Guairá, la Fiscalía del Ambiente investiga la tala de cientos de hectáreas en la ciudad de Borja. La Organización Mundial de Conservación (WWF, por sus siglas en inglés) denunció la destrucción, entre el 2010 y la actualidad, de cerca de 12.406 hectáreas de bosques en la zona de Kurusu de Hierro, la mayor parte en la propiedad del brasileño Ulises Teixeira.

La gradual expulsión de los campesinos de Laterzakue es otra muestra de que los grandes capitales agrícolas actúan a sus anchas. Rodeados de polícías y sicarios contratados por una multinacional brasileña, los campesinos de Laterzakue no pueden desarrollar su vida con normalidad. Los adultos apenas pueden trabajar y los niños abandonan la escuela. Se vive en un permanente ambiente de tensión y desaliento, lo que hace que lentamente la comunidad se vaya disgregando. Bioenergy posee varias decenas de miles de hectáreas en el distrito, pero con una voracidad incontrolable aspira a quedarse con las 3.000 hectáreas de la comunidad campesina.

La feroz represión a los manifestantes contra la ley de Alianza Público-Privada y el posterior mensaje de felicitación de la comandancia policial a los agentes que participaron del operativo son algo más que una anécdota. La acción de la Policía fue singularmente dura: hubo personas hospitalizadas y con fracturas; se emplearon gases lacrimógenos y balines de goma, algo infrecuente en los últimos años en zonas urbanas. Los manifestantes fueron rechazados hasta el Panteón Nacional de los Héroes -histórico símbolo ciudadano- donde la Policía Montada y los cascos azules volvieron a cargar con una violencia desacostumbrada.

En el recuento habrá que agregar también lo sucedido en Maracaná, donde la policía empleó armas de fuego contra los pobladores, así como el asesinato selectivo de dirigentes campesinos en casos que no son investigados y que la Policía y el Ministerio Público caratulan rápidamente como “ajustes de cuentas”. Semejantes niveles de indefensión en estas zonas rurales recuerdan una vez más a los tiempos de la dictadura.

Eje económico:

La aprobación de la Ley de Alianza Público-Privada, que abre las puertas del Estado y de los bienes y servicios públicos al gran capital. El Ejecutivo tendrá potestad de autorizar inversiones sin aplicación de Ley de Contrataciones Públicas ni la intervención del Congreso. Desde que asumió el gobierno, Cartes se ha reunido ya tres veces con Dilma Rousseff, un par de veces con el asesor internacional de ésta, Marco Aurelio García, y ha participado al menos de dos encuentros importantes con empresarios brasileños, uno en San Pablo y otro en Asunción, éste último en el marco del llamado Foro Paraguay-Brasil. Cuando se dirige a estos auditorios -ensalzando las ventajas del Paraguay, un “país fácil”- o cuando responde las preguntas de la prensa brasileña, a Cartes le gusta utilizar con solvencia de fronterizo un portuñol cómplice. No es extraño entonces el interés de grandes capitales brasileños en la aprobación de la APP.

El veto al impuesto a la exportación de granos. En completa sintonía con la posición de los sojeros y grandes productores agrícolas -quienes viven en una suerte de paraíso fiscal ya que prácticamente no pagan impuestos-, Cartes vetó el gravamen a la exportación de granos que había sido aprobada en el Congreso. Su decisión fue calurosamente saludada por transnacionales y gremios sojeros.

La supresión de la obligación del estudio de impacto ambiental. A través de un decreto, Cartes eliminó la exigencia que establece la ley de presentar estudios de impacto ambiental para proyectos de 0 a 500 hectáreas en la Región Oriental y de 0 a 2.000 hectáreas en el Chaco. El argumento, falaz por donde se lo mire, es que facilita inversiones productivas de pequeños y medianos propietarios. Se trata nada más que de la abolición de un obstáculo irritante y de considerable peso judicial para la explotación irrestricta de los recursos naturales, de forma muy particular, el agua. En materia de política de protección del medio ambiente se trata de un retroceso de décadas.

Eje político:

¿Quién saldría hoy a defender el Congreso, como ocurrió en marzo de 1999? ¿Habría otra vez miles de personas movilizadas espontáneamente en la Plaza de Armas para hacer frente al “peligro autoritario” como en aquellas jornadas? ¿Correría sangre para proteger una institución que ha caído tan bajo en la consideración pública? ¿Quién ofrecería el pecho a las balas para que Galaverna, Víctor Bogado, Yoyito Franco o Blanca Fonseca siguieran en sus curules? La vieja derecha partidaria camina aquí en el filo de la navaja. Incapaz de reinventarse o de desprenderse de los vicios que le son inherentes, aterrorizada por la emergencia de nuevos actores políticos, cercada en la región y el continente, conjura fuerzas que quizás no pueda controlar. Tan minada está la credibilidad del Congreso y de las cúpulas políticas que un soplo (un nuevo escándalo, otro negociado) bastaría para derrumbarlos. En estas condiciones el único camino que parece quedarles es llamarse a silencio y, probablemente, someterse con docilidad a las líneas del Poder Ejecutivo.

La elección de Juan Afara -ex gobernador de Itapúa y hombre fuerte de la zona- como compañero de fórmula no es en modo alguno casual. Horacio Cartes sabe que muy probablemente sus buenas relaciones con la vieja dirigencia colorada tienen fecha de vencimiento. Necesita conformar su base política propia, para lo cual se inclinó desde el principio hacia la dirigencia local y regional. No en balde su primera actividad como presidente de la República fue asistir al acto de juramento y toma de posesión de los gobernadores en la Justicia Electoral, algo a lo que no estaba obligado de ningún modo. No en balde Cartes impulsa con la mayor energía el proyecto de modificación de la Ley del Fondo Nacional de Inversión y Desarrollo (Fonacide) elaborado y defendido por los intendentes, especialmente colorados, ávidos de clavar los dientes en esos ingentes recursos. Cartes es también el artífice oculto de la migración de los hermanos Oviedo y de buena parte de la dirigencia del Unace al Partido Colorado.

Todo esto mientras apuesta a seducir a sectores urbanos no partidarios con un discurso tecnocrático, de empresario exitoso que sabe “qué hacer y cómo hacerlo”, de “selección nacional” y un patriotismo cliché de escuela y de cancha. Pero, por debajo de este disfraz de eficiencia, aflora el Cartes profundo, el de las frases antológicas: “¿Qué tenés con Stroessner? ¿Te sacó la novia?” y “Paraguay tiene que ser esa mujer linda, tiene que ser fácil”.

La gestión Cartes se perfila como una suerte de “co-gobierno” con empresarios, multinacionales y, en un plano subordinado, con los escombros de la política tradicional y las viejas cúpulas conservadoras, en la medida en que sean funcionales al proyecto mismo. Este proyecto lleva en sus entrañas una vertiente autoritaria que si bien ya asoma su sombra, en general se mantiene latente.

http://vientofuerte.com/articulo.php?art=22364#.UpcrQtJg8x5