Constanza Moreira, senadora y precandidata a la presidencia en Uruguay: “Nos cuesta innovar en política”

Cotiza en el Frente Amplio desde 1992. Vivió en Brasil, es doctora en ciencias políticas, senadora y ahora, precandidata a la presidencia. Además de no gustarle sus rulos, no quiere un país sin políticas innovadoras. Con usted, Constanza Moreira.

¿Se siente en inferioridad de condiciones en el Frente Amplio?

En inferioridad de condiciones estoy y no es una percepción subjetiva. Pensemos, para empezar, en el tema del dinero. Los grandes sectores del Frente Amplio van a tener finanzas derivadas del sistema de votos. A partir de allí, ya estoy en una posición muy desventajosa desde el punto de vista financiero en relación a Tabaré Vázquez que cuenta con el apoyo de los grandes sectores que son los que tienen aparatos, estructura y dinero. Esto es un hecho real que con los grupos que me apoyan trataremos de subsanar.

¿Y en cuanto a la infraestructura del Frente Amplio? En la logística, me refiero.

Toda la parte económica se conversará en el mes de febrero en el Frente Amplio. Ya se han tomado decisiones respecto a los actos conjuntos que serán el 5 de febrero, el 26 de marzo y al cierre de la elección. Sobre infraestructura, mi candidatura se apoya en los que nosotros llamamos “grupos de apoyo” que existen en todos los departamentos y funcionan en la estructura del FA. En algunos casos, por ejemplo en Durazno, alquilaron un local propio pero si no, los grupos de apoyo usan la infraestructura del mismo Frente Amplio, como los locales de los comités de base o los de la coordinadora. En el Interior hay una dinámica distinta a Montevideo.

“Distinta”, ¿significa mejor o peor?

Yo creo que en el Interior hay más unidad. Y creo que es porque son menos, o están en departamentos donde el partido dominante es otro al del FA. Mientras que en Montevideo todo es más sectorizado, me parece.

El programa de gobierno, ¿es la Biblia o es factible de alterarse ante los avatares de la gestión del país?

(Se ríe). El programa de gobierno es la Biblia pero el problema no es que no se crea en la Biblia, sino cuánto de lo que dice la Biblia se puede hacer. Yo tengo ese programa de gobierno que habla sobre determinados temas y después yo tengo que transformar en un presupuesto eso para cubrir esas metas y en un orden de prioridades. Esa es la diferencia entre el plan de gobierno y la gestión. Por ejemplo, Tabaré Vázquez dijo en su mandato que la prioridad era el plan de emergencia; eso no estaba en el plan de gobierno y no es programático.

En este gobierno fueron las 15 medidas de convivencia que no estaban en el programa. Yo tendría en el próximo gobierno el Frigorífico Nacional, pero nunca lo hice y en realidad, entre mis prioridades y los problemas que aparecen obligan a cambios. El programa de gobierno orienta el rumbo del barco pero después, cómo vas a navegar, lo que manda es la coyuntura.

Hablemos del 6% del PBI para la Educación, ¿usted prefería que en el programa de gobierno se estableciera fijo y no como quedó, en el sentido de una predisposición a llegar a ese porcentaje?

(Piensa). Sí y no…parezco Mujica (se ríe). Sí porque cuando se trazó la meta del 4,5% para la Enseñanza, ese porcentaje ya se transformó en una política pública para la enseñanza. Si vos no tenés una meta, es muy difícil asignar una prioridad. Ese 4,5% fue un excelente plan de gobierno en sí mismo. Y no, porque si no podés llegar al 6%, allí te comprás un problema porque capaz que no sabés cómo reasignar rubros para llegar a ese porcentaje y después te van a decir “ojo, vos te comprometiste en llegar al 6% y no lo estás haciendo”.

Esa es la dificultad más importante en fijar una meta. Tiene sus desventajas y ventajas. Pero, pensándolo bien, podríamos haber establecido fijo el 6% para la Educación, pero con una indicación clara de cómo lo voy a cumplir. La meta debe incluir el cómo. Por ejemplo, reduciendo gastos en Defensa.

Usted tiene una fijación con el tema militar. ¿Qué está pensando en el tema Defensa Nacional?

Pienso que deberíamos haber seguido con los compromisos asumidos en el Congreso del Frente Amplio de 2008 y que este gobierno lo asumió en el sentido de reducir el número de efectivos, de acotar la participación en misiones de paz en el exterior, iniciar retiradas de Haití y pasar a la órbita civil, cosas que están en la órbita de las Fuerzas Armadas desde la dictadura, como por ejemplo Meteorología, aviación civil, parques nacionales o la marina mercante.

La instrucción militar también, algo que se planteó en el Congreso último, es que la educación castrense, salvo algunas cosas, se hiciera en el sistema público, pero eso no prosperó. ¡Y la jubilación militar!, no puede ser que un soldado se retire con 50 años, ¡que es una edad para época de guerra! Que yo sepa, no tiene más estrés un militar que un policía, un enfermero o un maestro. Un soldado no tiene ni la mitad del estrés que un enfermero de un hospital público. Yo hubiera querido que el Congreso del FA tomara cartas en este tema, pero no pasó así.

¿Está de acuerdo en regularizar otras drogas, además de la marihuana?

¡Recién hemos terminado de votar lo de marihuana! (se ríe). Creo que por ahora debemos pensar qué hacemos con esto que será una de las cosas que deberá enfrentar el gobierno y es la implementación de esta ley de regularización de la marihuana. Después vemos. Vamos a ver cómo nos sale esto que es muy grande y que nos pone en conflicto con el mundo, con los Estados Unidos. Debemos dar el ejemplo ante todos. Con la regularización no solamente vamos a tener menos gente presa y se autorizará el autocultivo de unas plantitas, sino que vamos hacia una nueva política de drogas; que vos, de alguna manera, informes, prevengas y concientices a la gente sobre la droga y las adicciones. Esto es lo más difícil.

¿Sí o no a la reforma de la Constitución?

(Vuelve a reírse) Hay una comisión del FA que está estudiando esto. Pero primero me pregunto, ¿vamos a hacer una reforma por acuerdo político o una constituyente? Porque son cosas diferentes. Una constituyente es instalar un ámbito de debate donde podrás revisar todo lo que quieras. Esto sí me parece más interesante que una reforma constitucional de laboratorio de expertos, que es lo que hemos estado haciendo. Yo no sé si es más importante reformar el proceso electoral que el voto en el exterior, por ejemplo.

¿Y eliminar el veto presidencial, como lo lanzó Mónica Xavier?

(Piensa) Eso está bien, porque el veto es un resabio monárquico. Mujica lo ejerció en alguna cosa creo…algún artículo vetó. El Poder Ejecutivo tiene mucho poder y creo que el Parlamento debería tener más incidencia. Habría que reformar las mayorías especiales en el Parlamento y el Poder Judicial también, más en estos momentos donde hemos visto muchas leyes declaradas inconstitucionales. En estos tiempos estamos viviendo un conflicto de poderes entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y, en ese escenario, la gente ha terminado castigando al Judicial porque la confianza en la Justicia está cayendo. Hay una pérdida de confianza porque se ha convertido en una muralla (se ríe).

Bueno, pero son ustedes, los legisladores, los que eligen a los magistrados.

Sí, pero salen por acuerdos de 2/3 de votos ¿eh?, no te vayas a creer. Entonces hay allí un capítulo en el que hay que trabajar y mucho porque ha empeorado la relación entre los poderes. Pero ahora con la reforma del Código del Proceso Penal que está en marcha se equilibrará un poco la relación entre la Justicia y el resto de los poderes. De todas maneras, creo que la llegada de nuevos jueces, como Mariana Motta, que tienen una manera distinta de ver las cosas, son más internacionalistas, mejorará y mucho.

Habrá un relevo generacional en la Justicia. La Suprema Corte hoy está en manos de la vieja generación que tiene en promedio 70 años y creo que piensa distinto a los de ahora. Pensemos que cosas como lo de la violencia doméstica, por ejemplo, para los viejos jueces debe haber sido toda una novedad, ¿no? (se ríe).

En un evento mencionó a Ecuador, Venezuela o Bolivia como modelos de gestión gubernativa.

Sí, son tres ejemplos donde el cambio de gobierno generó una instancia refundacional del país.

¿Puede ser que lo haya dicho como una crítica solapada a lo que hace 9 años estamos viviendo en Uruguay?

Sí, escuché ese comentario, pero no. En esos países la historia democrática no es tan larga como la uruguaya donde está más asentada. Somos más viejos, políticamente, que Bolivia o Ecuador. Venezuela, no tanto. Capaz que sí critiqué que a nosotros nos cuesta muchísimo más innovar en política. Quizá es porque nuestros dirigentes son muy viejos y, al momento de elegir entre el riesgo y la cautela, optan por la cautela.

¿Se han tomado pocos riesgos?

Yo digo otra cosa. Ahora hemos tomado un riesgo con lo de la marihuana, el matrimonio igualitario o la despenalización del aborto. Pero no es una agenda que haya venido de “arriba” hacia “abajo”, sino al revés. Eso es lo curioso. Lo más novedoso surge de los movimientos sociales.

¿Quiere decir que la génesis de la agenda de derechos actual no viene del gobierno?

La génesis es distinta y eso muestra la riqueza de la sociedad civil y la articulación con la sociedad política. Por ejemplo con lo de la ley de la megaminería, Mujica dijo: “Bueno, pónganse a negociar” y entonces caminó. La ley de medios es otro ejemplo en donde se consultó a un montón de gente. Esos experimentos de mezcla de lo social y lo político son una clave para la innovación política.

¿Es esencial la mayoría parlamentaria?

Totalmente. En otros países no sé cómo hacen, en Brasil por ejemplo que negocian todo, pero acá es imprescindible. Sin mayoría parlamentaria no sé si tendríamos Parlamento del Mercosur, presupuesto para la educación, impuesto a la tierra, despenalización del aborto. No hubiéramos tenido nada de esto sin mayoría propia. No quiere decir que sería ingobernable el Uruguay, pero no se podrían hacer grandes cambios.

¿Está de acuerdo con esa imagen que es la representante de los frentistas “desencantados”?

¡Ojalá! Pero me temo que muchos desencantados no tengan ninguna imagen en el Frente Amplio (se ríe). Yo estoy preocupada porque ningún frentista ni siquiera se encanten por mi figura. Creo que el desencanto es bastante más duro de roer que lo que cualquier figura nueva, como la mía, pueda atraer. No tengo claro que los represente. Yo quiero otra cosa, pero que eso sirva para mitigar el desencanto, no lo sé. En el Uruguay hay mucha apatía y desánimo político. Eso es complicado y hay que hacer algo al respecto.

¿Cómo quedaron las relaciones con el ministro Eduardo Bonomi?

(Se ríe a carcajadas) ¡No sé!…ya me lo encontraré por ahí.

¿Habló con él?

No, para nada.

¿Sería compañera de fórmula de Tabaré Vázquez?

No.

Y si fuera al revés, ¿usted convocaría a Vázquez para que sea su vicepresidente?

No. Tampoco.

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