Signos de cambio – Periódico El Libertador, Honduras

“Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región”

 

Hasta ahora la banda que ha privado de felicidad a Honduras logra mantenerse en el poder, y no piensa entregarlo a través de las urnas. Esta vez se las arregló de manera asquerosa apelando al robo electoral, dando a conocer cifras que no corresponden a la verdad y que los portavoces “estrellas” de la prensa tradicional dan por buenas.

Baten las manos y han quedado roncos gritando que ganó la democracia y la paz. No es cierto, el país transita una crisis social progresiva que alcanzará picos de violencia e ingobernabilidad intolerantes en el transcurso de los próximos cuatro años.

El gobierno impopular tendrá que mantener el control con fuertes tintes de dictadura, se sostendrá sobre una política de seguridad nacional cruel y rastrera a Estados Unidos, al mando de un ejército feroz frente a indefensos y enemigo del replanteamiento total de las primitivas estructuras del Estado despótico; ya en este momento, dentro y fuera de este mundo se conoce la suprema farsa del enjuague electoral, no fue sino una partida de tahúres.

En este territorio, la palabreja “pueblo” fue siempre eso, una expresión vaga, útil para legitimar el nocivo sistema político y económico vigente y un término despreciable para el grupo empresarial que extrae fortunas de Honduras.

Esta elite corporativa no se siente parte de la nación hondureña, su único propósito es atracar eternamente la riqueza nacional estratégica; en ese objetivo, no escatima recursos en la promoción social del hambre, división, antivalores y fanatismo religioso, sabe que es una estrategia infalible para embrutecer a los sectores postergados del bien vivir.

El tejido dominante entiende que desde el golpe de Estado en 2009 que él financió, cada día hay más capacidad crítica en la población hondureña, y eso vuelve a la ciudadanía más sensible y resuelta a impulsar los cambios forzosos que plantea el drama nacional.

En las truculentas elecciones del pasado 24 de noviembre la masiva afluencia de votantes no fue porque adora la “democracia”, asistieron porque están exigiendo otra existencia. Tan hartos están de los políticos tradicionales que enterraron 111 años del reinado del bipartidismo Nacional y Liberal.
De eso se encargaron los nuevos partidos Libertad y Refundación (Libre) y Anticorrupción (Pac) con todo y la maquinaria del fraude. Esos dos movimientos representan el futuro de la lucha por el poder de la izquierda y la derecha en Honduras.

Sin duda, los dueños del bipartidismo sacarán la chequera para desarticular, sobre todo, a Libre, comprar sus diputados, bloquear su dirigencia, liquidar los líderes regionales y urbanos de base para desmontar el movimiento social.

La llegada de Libre y Pac al Congreso plantea la oportunidad social de incidir en decisiones vitales en la conformación de la institucionalidad del Estado, sin ellos, el bipartidismo no podrá hacer nada. Incluso, pueden convertirse en un muro de contención frente a las intenciones guerreristas del nuevo gobierno.

El mandato que tomará posesión en enero próximo es débil e impopular. Quien lo presida, jamás podrá matar la memoria del fraude. Desde el domingo de elecciones nadie ha celebrado algún triunfo en las calles, la desolación se apoderó del ambiente, sólo hay indignación e impotencia. En Honduras algo está cambiando.

http://www.ellibertador.hn/?q=article/signos-de-cambio-editorial-portada-de-el-libertador-impreso-diciembre-de-2013