A un mes exacto para que los salvadoreños acudamos de nuevo a las urnas – La prensa gráfica

“Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región”

 

El 2 de febrero próximo, los electores volveremos a ejercer nuestro derecho y a cumplir nuestro deber de elegir a las personas que ejercerán la presidencia y la vicepresidencia de la República durante el quinquenio comprendido entre el 1 de junio de 2014 y el 31 de mayo de 2019. En el ejercicio de relevos democráticos, un evento como este siempre es de primera importancia, y lo es más aún cuando tomamos en cuenta el tipo de presidencialismo que viene imperando en nuestro ambiente nacional: un presidencialismo eminentemente personalista y que tiene a su disposición una muy significativa preeminencia de poder.

En esta oportunidad, se están dando signos peculiares en el ambiente electoral, que mantienen los resultados posibles en suspenso, aun a cuatro semanas para que el evento se realice. Hay dos candidatos que muestran posibilidades de estar en la batalla final, y uno que, según los datos de las encuestas, no tiene suficiente fuerza para pasar a segunda vuelta pero sí el caudal de votos que haría necesaria esa segunda ronda.

Los números de los dos más fuertes se vienen encontrando, en prácticamente todas las encuestas de opinión, dentro del margen de error, lo que significa que cualquiera de ellos podría alzarse con la victoria final. Aunque hay que considerar otro componente que tendrá sin duda gran incidencia: hacia dónde, y en qué porcentajes, se irán los votos del tercero que no pase a segunda vuelta. Aquí se podría considerar que dichos votos tendrían, por inclinación natural, que irse hacia el campo de la derecha; pero en realidad cualquier cosa puede pasar.

Así el panorama en el tramo final de la campaña, es más decisivo que nunca que los ciudadanos ejerzamos nuestra función electora con mayor conciencia y responsabilidad de lo que ha sido habitual; y que los aspirantes acojan las decisiones de la ciudadanía sin pasionismos excluyentes sino, por el contrario, con voluntad de compromiso de cara a los desafíos que tenemos todos en función de país. Hay que asumir sin reservas que esta es una coyuntura histórica de características muy propias, en la que la misma conflictividad que se vive a diario es reveladora de que el proceso nacional va moviéndose, con aprendizajes cotidianos.

La estabilidad posible en el inmediato futuro dependerá de que se empiece a trabajar sin demora en el manejo eficiente de la problemática que está sobre el tapete. Tendría que haber un propósito de aprovechamiento de lo rescatable que queda de la gestión actual, para no repetir la vieja práctica de querer empezar de cero en todo. Y, desde luego, implantar, también desde el justo inicio, las innovaciones y los correctivos que las circunstancias demanden. La nueva Administración tendrá que llegar con ánimo desprejuiciado y con voluntad abierta.

En el curso del mes que ahora inicia se verá, sin duda, una intensificación concluyente dentro de la campaña en marcha. Cada quien tratará de echar el resto, como comúnmente se dice. Y eso es lo que esperaríamos que ocurriera, en otra dimensión, durante las vísperas del 1 de junio, para que todas las energías disponibles estén a punto al iniciar el nuevo Gobierno.

Es básico asegurar que de ahora en adelante ya no se continuará avanzando a saltos improvisados, sino dentro de un esquema de progresión continua, debidamente planificada. Por eso, tendrían que conocerse de antemano las líneas maestras de la gestión por venir.

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