Al pasar la refriega electoral habrá que dedicarse en serio a resolver problemas -Prensa Gráfica, El Salvador

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región

Todos tenemos que tomar cuanto antes la debida conciencia de que la tarea gubernamental por emprender ya no está ni podrá estar a la exclusiva disposición de aquéllos que salgan favorecidos por los números electorales.

Tenemos más de un año de estar inmersos en una competencia política muy intensa, que viene determinando prácticamente todo lo que ocurre en los distintos ámbitos nacionales, con especial incidencia en el desempeño de las instituciones públicas, y también con evidentes impactos en la vida social y económica. Lo que hemos visto y vivido a lo largo de esta campaña es un constante forcejeo por proyectar imágenes favorables a los ojos de la población, con escasez de propuestas de fondo que sirvan, de veras, para darles respuestas convincentes y realizables a los distintos problemas que siguen a la espera de tratamientos que lleven a soluciones.

En la etapa final de la campaña, se ha visto un chisporroteo de acusaciones que son sin disimulo recursos para desacreditar adversarios. Y tal instrumentalización ya se sabe que se esfumará en cuanto concluya la campaña, y entonces volveremos a las mismas de siempre: el descrédito que resulta de convertir en maniobras interesadas lo que debería ser un ejercicio de investigación seria sobre cuestiones que afectan el sano desenvolvimiento de nuestro proceso democratizador. Manipular temas como la corrupción o la inseguridad tiene siempre costos muy altos.

Estamos a unos cuantos días de que los electores nos encontremos frente a la urna abierta para depositar en ella nuestra decisión personal sobre quiénes deben conducir la gestión ejecutiva en el quinquenio que se inicia el próximo 1 de junio. De seguro, los ciudadanos, en su inmensa mayoría, ya saben qué hacer en el instante de emitir el sufragio. Si se pudiera conocer de antemano lo que hará cada quien, quedaría en evidencia que a estas alturas hay muy pocos indecisos. En cuanto a los que se proponen no acudir a ejercer su derecho al voto, que al mismo tiempo es un deber, sería oportuno invitarles a que hagan una reflexión final, en el sentido de expresarse como ciudadanos en las urnas, aunque no haya opción que en este momento les entusiasme, pues no hacerlo es perder la oportunidad de contribuir a modelar el futuro al que se aspira. La negación puede ser desahogo, pero nunca es aporte.

Todos tenemos que tomar cuanto antes la debida conciencia de que la tarea gubernamental por emprender ya no está ni podrá estar a la exclusiva disposición de aquéllos que salgan favorecidos por los números electorales. Esto se convierte en un compromiso compartido, que ya no es voluntario, sino que viene impuesto por las mismas circunstancias en que se mueve la realidad nacional. Y por ello es imperioso hacérselo sentir tanto a los que en el período entrante asuman la función de gobierno como a los que asuman la función de oposición.

Como es normal que ocurra, una vez que se apaguen las luces de bengala y los estruendos publicitarios de la campaña, lo que quedará es la tarea por hacer; y, en esta coyuntura, dicha tarea es especialmente compleja y apremiante. La ciudadanía espera y merece que se pase cuanto antes de la superficialidad con que se vienen abordando tradicionalmente sus problemas más graves a la responsabilidad que demanda el manejo eficaz de las soluciones factibles. Aquí no hay por dónde perderse: o se trabaja a fondo y sin subterfugios o las cosas irán a peor cada vez más.

Aunque ninguno de esos problemas, por su propia naturaleza y complicación, podría resolverse de inmediato, sí es necesario dar desde el primer instante de la gestión por venir las señales ciertas y confiables de que se va por la vía correcta. Y el acompañamiento ciudadano es en todo caso insoslayable.

 

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