El principal desafío de la próxima administración – La Prensa Gráfica, El Salvador

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región

 

Estamos en la fase final de la campaña presidencial, cuyos resultados se definirán dentro de unas cuantas semanas en las urnas, sea que baste con una primera vuelta o que se requiera una segunda, como es lo más probable. Los postulantes y sus organizaciones partidarias respectivas han dedicado prácticamente todos sus esfuerzos a ganar simpatías ciudadanas en el terreno; y esto, que nunca dejará de producirse como mecanismo de garantía del voto, ya no puede ser excluyente de otra obligación que el mismo proceso y la misma realidad del país exigen: hacer planteamientos de fondo, de largo alcance y en forma integrada sobre los principales problemas del país.

Se viene diciendo que tenemos una crisis generalizada de confianza, refiriendo esta situación al hecho de que hay mucha incertidumbre, tanto en lo que toca a las políticas de gobierno como en torno a las condiciones básicas de la vida ciudadana. Y evidentemente la falta de confianza es un hecho real, que nos afecta a todos. Para contrarrestar tal situación tan dañina y obstaculizadora de la buena marcha de las cosas en el ambiente es indispensable decidirse a generar confianza. Y entonces viene la pregunta del millón: ¿Cómo hacerlo y sobre qué bases? Pues hay que hacer compromisos claros, creíbles y viables al respecto, y garantizar que las acciones que se tomen desde el gobierno así como en el seno de la sociedad estén inequívocamente fundadas en el bien común.

La confianza a la que nos referimos es, en principio, una sensación que surge de sentirse seguro de que lo que se dice y lo que se hace desde los ámbitos institucionales va en la línea correcta de lo que el país necesita para estar en paz, en armonía y en desarrollo. Como sentimiento básico, la confianza no puede ganarse simplemente con propuestas: tiene que derivar de actitudes y de formas concretas de ser y de actuar. Por eso es que, en este momento tan crucial para el desenvolvimiento del proceso de modernización democratizadora que vivimos en el país, es tan decisiva la personalidad conductora a la cabeza de la gestión gubernamental. El programa importa, pero si no está gerenciado con la credibilidad del caso, no podría cumplir con su cometido.

A la confianza, que es factor indispensable, se une y entrelaza otro, que también lo es: el factor seguridad. Que vivimos una crisis de seguridad de múltiples manifestaciones es algo que, a estas alturas, nadie en su sano juicio podría negar, y ni siquiera disimular. La inseguridad nos tiene atrapados entre sus múltiples tentáculos; y aunque la inseguridad ciudadana sea la que más dramáticamente se manifiesta en el día a día, hay otras formas de inseguridad igualmente dañosas, como la inseguridad jurídica, la inseguridad política y la inseguridad institucional.

El país, como ente con vida propia, necesita una base de seguridad en todos los órdenes, que permita trabajar sin obstáculos, proyectarse sin cortapisas y convivir de manera pacífica y prometedora. Si esto no se da, como ocurre en estos momentos, todo avance posible se vuelve traumático y toda proyección de futuro entra en zona de riesgo. No podemos seguir así, y los que lleguen a conducir el proceso a partir del próximo 1 de junio tienen que tenerlo muy claro, para poder actuar de inmediato en consecuencia.

En realidad, la principal tarea inicial del gobernante que viene será hacerle sentir al país en general y a la ciudadanía en concreto que las soluciones de nuestros problemas no sólo son factibles sino viables. A partir de ahí tiene que desenvolverse todo lo demás.

http://www.laprensagrafica.com/2014/01/13/el-principal-desafio-de-la-proxima-administracion-generar-confianza-y-seguridad