Crece la pérdida de hectáreas de bosque en los países que comparten la región amazónica

La deforestación en la selva del Amazonas sigue siendo intensa y poco controlada. Una medición ejecutada por el proyecto Terra–i, con sede en Cali (Colombia), y la base de datos Infoamazonía indica que en ocho años, ocho países amazónicos –sin contar Brasil– y entre los que figura Colombia, perdieron 2,3 millones de hectáreas de bosque, algo así como si se hubiera talado la totalidad del parque nacional Chiribiquete, en la selva amazónica colombiana, y la más grande zona de reserva del país.

La medición se hizo entre el 2004 y el 2012. El trabajo señala que mientras en Brasil –que abarca el 60 por ciento de la selva amazónica– la tasa de deforestación sigue en descenso –pasó de 2,7 millones de hectáreas en 2004 a 465.000 hectáreas en el 2012– en el resto de los países con terrenos sobre este bosque tropical el fenómeno crece.

En esto, el estudio reafirma las cifras en Colombia, uno de los países más afectados por esta problemática en el continente.

Porque aunque los últimos conteos indican que la deforestación bajó (el país pasó de tener una tasa promedio de 238.273 hectáreas perdidas por año, a una menor de 147.946 hectáreas durante los años 2011-2012) los mayores impactos de la tala se producen en los departamentos amazónicos, especialmente en Caquetá, Guaviare y Putumayo, que concentran el 46 por ciento de la pérdida de bosque del país. Algunas de las causas de este grave atentado ambiental son la expansión de la ganadería y de la agricultura, así como la siembra indiscriminada de palma africana. También, la llegada de frentes de colonización, la minería ilegal y el comercio intenso de madera que se mueve por los principales ríos de la región.

Pero tal vez otro de los causantes de la pérdida acelerada de bosques son los cultivos ilícitos, que se han convertido en una especie de cáncer. El 73 por ciento de ellos están en Nukak y La Paya, dos áreas protegidas situadas en la Amazonía.

También en la Serranía de la Macarena, otra área de reserva de la región, que además une a esta con la Orinoquia.

Putumayo registró 6,148 hectáreas sembradas con cultivos ilícitos de coca; le sigue Guaviare, con 3,851 hectáreas.

Aunque según el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de la ONU hubo una disminución de los cultivos de coca en algunos departamentos, en la Amazonía la problemática se ha diseminado.

“Los cultivos de coca en Putumayo y Caquetá se caracterizan por una alta dispersión; se puede observar una tendencia al crecimiento en el piedemonte, al sur del Caquetá y en el sector Caguán – Orteguaza”, explica el informe del Simci.

Según Terra-i, la deforestación en la Amazonía es preocupante, porque genera una reducción muy importante en la capacidad de absorción de dióxido de carbono y perturba el ciclo hídrico de los árboles, que disminuyen su capacidad para captar agua.

De paso, la regulación del clima continental se pone en entredicho.

“Si perdemos la Amazonía perdemos la lucha contra el cambio climático”, ha explicado por su parte Martín von Hildebrand, director de la fundación Gaia.

“Los impactos de la deforestación pueden ser mucho más grandes que los impactos del cambio climático y, por ello, procesos para frenar la deforestación son una prioridad”, dijo frente al estudio la investigadora Jocelijn Carmen-Thera François, en declaraciónes entregadas a la web Infoandina.

Los bosques cumplen la función de regulación climática, protección de riesgos como deslizamientos, regulación de los ciclos de agua y control de la erosión, de ahí su importancia en los procesos de adaptación y mitigación del calentamiento global.

http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/ecologia/menos-hectareas-en-el-amazonas_13548115-4