Qué han perdido y qué han ganado los golpistas – Por José Roberto Duque

Esta es la situación, transcurridos 12 días desde el inicio del plan que en un primer momento la derecha llamó “La Salida”.

Hay que aclarar, antes de entrar en materia, a quiénes se refiere el título. Los golpistas no son esas personas que salen a quemar, destruir y obstaculizar las calles en las urbanizaciones. A lo sumo, esos guarimberos (esta sí viene a ser la etiqueta que mejor les calza) son colaboradores, mandaderos o tontos útiles de los golpistas.
Pobre gente que expone el pellejo, invierte su tiempo y su energía en una gesta que no es la suya; ciudadanos neurotizados por muchas horas de propaganda y de odio racial, y que de ninguna manera se beneficiaría si quienes los mandan a revolcarse en las calles llegaran a conquistar el poder.
Los golpistas son los sujetos y organizaciones que, fuera y dentro del país, resultarían triunfadores con un colapso de la sociedad venezolana, con un desborde de la violencia o con una invasión militar de Estados Unidos. Póngales usted los nombres: los dirigentes de partidos de ultraderecha (Primero Justicia, Voluntad Popular), las cúpulas empresariales y de comerciantes (Fedecámaras, Consecomercio), los gobiernos de potencias y gobiernos títeres (EEUU, la Comunidad Europea; Colombia, Perú, otros).
Es de esas estructuras y personajotes de quienes hablaremos brevemente. No del triste muchacho que creyó en el discurso del héroe callejero que por quemar unos cauchos tumba un gobierno, y al final termina perdiendo el tiempo, el caucho, la energía y la vida.

Qué han perdido

Los golpistas han perdido credibilidad y popularidad. La encuesta de ICS () revela que 81% de la gente cree (no cree: SABE) que las protestas han sido violentas, mientras los golpistas siguen haciendo propaganda con el presunto carácter “no violento” de los disturbios. 65 por ciento cree (sabe) que las manifestaciones albergan una mala intención: adiós mito de la “lucha por la democracia”.
Los golpistas han perdido las vocerías y liderazgos nacionales. Con Leopoldo López preso, Machado y Ledezma reducidos a sus cuentas de twitter; Capriles y Aveledo destripados por el opositor promedio por andar jugando a la cuerda floja; los jerarcas adecos disfrutando del espectáculo de la catástrofe petimetre, sólo les queda una difusa etiqueta de “autoconvocados”, que podrá lograr un rato más de desórdenes pero no una acción sostenida ni orgánica contra los poderes.
Los golpistas han perdido dinero: cada día de paralización de sus zonas representa gastos y pérdidas en metálico. La burguesía comercial es de las principales fuentes de financiamiento de los grupos lanzados a la conspiración. Jugar al paro duele. El solo recuerdo de lo que les sucedió en 2002-2003 por andar jugando a la huelga nacional debe tenerlos espantados.
Los golpistas han perdido paciencia. Se entiende: todo es más difícil para el estrato social que los sostiene (y para cualquiera) con una agitación incendiaria focalizada en sus zonas de residencia.

Qué han ganado

Pero no todo es derrota para el golpismo ni para los fascistas.
Los golpistas han ganado la atención y la solidaridad automáticas de gobiernos, personajes de la farándula, medios de información y ciudadanos desinformados que, gracias a la magia de internet, creen estar más informados que quienes vivimos en Venezuela y se han desbordado en campañas y declaraciones sombrías y patéticas acerca de lo que está ocurriendo aquí.
Los golpistas han ganado tiempo de televisión, espacios de prensa y megabits de internet. En Estados Unidos, Europa, África, Asia y buena parte de América Latina sólo se habla en los términos que a ellos les gusta: Venezuela es un país bárbaro donde a las doncellas las violan con fusiles y a los estudiantes los asesinan por racimos por gritar “Viva la libertad” agitando flores con sus tersas y delicadas manos.
Los golpistas han conseguido que del hocico miserable de Otto Reich haya salido la comparación mágica: como Venezuela es una dictadura como la de Ucrania, si Estados Unidos aplica las mismas medidas que en Ucrania entonces en Venezuela pasará lo mismo que en Ucrania.
Los golpistas han ganado entonces un poco de tiempo. Justo cuando las comunidades donde el antichavismo es rey se están cansando de los desmanes de sus retoños metidos a héroes rebeldes, viene Estados Unidos a darles un respiro y una esperanza. El muchacho que es llorón y la madre que lo pellizca: EEUU con ganas de meter las pezuñas donde sea y los antivenezolanos de aquí clamando y gritando por que nos invadan.
Seguirán entonces los desórdenes unos días más, habrá otros muertos (dentro o fuera de las manifestaciones, da lo mismo; de todas formas serán utilizados para hacer propaganda) y en Carnavales veremos si todavía los títeres y sirvientes de la conspiración tienen con qué mantener la mecha encendida en sus poquísimos reductos de acción.