Francisco Sierra Caballero, nuevo director del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL) de Ecuador: “Existe una crisis irreparable en la lógica de la prensa contemporánea”

Me atrevo a decir que la conferencia de Francisco Sierra en la Cumbre de Periodismo Responsable (Cupre), en Guayaquil, de junio pasado, fue una de las más solventes y sugestivas por el nivel de reflexión sobre el rol del periodismo y la comunicación en el mundo. Ahora viene a dirigir Ciespal y su presencia ya genera expectativa y atención política y mediática. Su solvencia académica y su mirada crítica también plantean una reflexión que en esta entrevista solo se avizora en algunas pistas de lo que constituirá su gestión para una institución de larga trayectoria con urgencias de volver a su impacto en la región.

¿Cuáles son los retos de la comunicación y del periodismo en un momento donde la tensión pasa por un rol eminentemente político de la prensa en general, pero particularmente de la que está ligada a grupos e intereses económicos?

Del Informe McBride al Foro de Porto Alegre, de Belgrado a Buenos Aires y Sevilla, pasando por foros sobre Periodismo Responsable como Cupre en Guayaquil o la propia historia de Ciespal, los estudiosos, comunicadores y movimientos sociales de liberación, vienen afirmando en América Latina que “Otra Comunicación es Posible” y que la contribución del conocimiento, y su apropiación social, junto a las nuevas tecnologías y sistemas de información, tienen una función esencial que cumplir en el actual proceso democratizador que tiene lugar en la región. El principal reto por tanto es demostrar, definir y proyectar otra comunicación para la dignidad y derechos humanos.

¿Podemos hablar de la necesidad de un nuevo perfil para el periodista de esta época? ¿Qué debe identificar al comunicador de estos tiempos?

Indudablemente, es preciso mudar el papel mediador de los informadores, en parte, como sucede en Estados Unidos, por una crisis de credibilidad y confianza, pero también, y sobre todo, por los cambios del sistema de acceso y régimen de información. La nueva Economía Política de Medios instituye una economía distribuida en red, y ello exige que el periodista pase de pontífice, de mediador exclusivo y/o excluyente a un modelo más bien del profesional de información como tejedor de redes y comunidades más que como relator y voz única de representación de la esfera pública.

¿Es lógico hablar de medios de comunicación o periodismo cuando las redes, las tecnologías y todo el mundo de internet suplantan a los mediadores?

En mis debates con organizaciones sindicales y profesionales insisto sobremanera en que la audiencia ha tomado la palabra para no callarse. Cuando los medios cuestionan el periodismo ciudadano no han entendido que hay una reformulación de roles y modos de trabajo basados más en la cooperación que en la división del trabajo, más en el capital cognitivo compartido que en la brecha del saber-hacer especializado y ello, sin duda, implica cambios en la lógica moderna, industrial, clásica de composición de la función y modo de producción informada.

¿Dónde se colocan las audiencias frente a la prensa? ¿Cómo los sujetos pasivos adquieren otro rol en estos momentos?

Sin duda, como sujetos activos, como mediadores y nodos de creatividad social. Estamos aún en una fase incipiente. Pero el futuro es de la palabra compartida, del diálogo en común, de la red como espacio de encuentro y producción de lo procomún.

¿La presencia invasiva de las noticias en la vida de las personas garantiza una mejor calidad de vida o tiene un trasfondo para crear realidades y hasta necesidades por fuera de un nuevo estilo de vida, más humano, o a favor del consumo estrictamente?

La hipótesis WikiLeaks demuestra que la esfera mediática ha estado ajena, ausente de los problemas y necesidades radicales de la población. Sin duda, es una paradoja que en Estados Unidos a mayor profusión de códigos deontológicos, mayor desconfianza y falta de eticidad en la comunicación pública en un proceso de paulatino alejamiento de los mundos de vida de la cotidianidad. Es por ello que existe una crisis irreparable en la lógica del periodismo de declaraciones, en la prensa contemporánea.

¿Es factible la lógica y modelo de formación periodística actual o nos falta otro paradigma y hasta epistemología para ejercer este oficio ante las nuevas demandas ciudadanas?

No. Creo que las facultades de Periodismo, las instituciones de educación superior, hemos de reinventarnos en la era de la economía distribuida. Seguimos con un modelo de formación decimonónico cuando, parafraseando a García Canclini, tenemos consumidores, sujetos de derecho de la comunicación, del siglo XXI. Precisamos mudar la episteme, bases y filosofía del oficio. Cambiar los espacios, narrativas y técnicas de producción, tanto como la teoría. El Periodismo Narrativo en Latinoamérica ha iniciado ya una ruta y demuestra, en conexión con los públicos, que el modo de contar, imaginar y describir el mundo que el periodismo de autor viene desarrollando en la región, es indicativo de que otro modo de representar el acontecer es posible.

Ciespal fue por muchos años un centro de referencia para el periodismo latinoamericano, ¿qué hace falta para convertirlo en eso o la idea es transformar su sentido, objetivos y tareas?

Ciespal debe liderar el proceso de cambio que vive la región, priorizando un enfoque crítico, político y académico para, como en su momento, ser el nodo central de mediación del pensamiento, la técnica y el saber comunicacional para el cambio histórico posible y necesario en la región. El contexto político e institucional que ha vivido Ecuador y la región, no hacían posible hasta ahora esta apuesta, pero en el último lustro es evidente de que ha llegado el momento de repensar su estatuto institucional en un contexto ecuatoriano de conquistas y avances democráticos en la comunicación y los derechos humanos y de gobiernos de progreso que han hecho posible y realizable muchas de las utopías comunicacionales del Espíritu McBride. En esta línea, es preciso proyectar el conocimiento más de vanguardia y la disputa epistemológica de una Comunicología del Sur, de una Comunicación para el Buen Vivir revolucionaria, que inspire otra práctica y pensamiento comunicacional del futuro no solo en Ecuador y América Latina sino en todo el mundo.

¿Por qué aceptas un cargo de esta naturaleza y responsabilidad?

Desde hace una década venimos trabajando comprometidos a través de la Unión Latina de la Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (Ulepicc) en las transformaciones de progreso que tienen lugar en la región para el reconocimiento del Derecho a la Comunicación en sus marcos normativos. Si en las décadas del 70 y 80 Europa era la referencia de servicio público y políticas públicas en la materia, hoy todo el mundo observa atento y está proyectándose en las propuestas innovadoras de Ecuador y la región. Ello me ha llevado a comprometerme estrechamente con colegas como el profesor Hernán Reyes, e investigadores de la UTPL que vienen pensando las políticas de comunicación y comprometiéndose en la construcción de una red de pensamiento crítico para el progreso del conocimiento nacional.

¿Es posible pensar un modelo de comunicación y prensa para estos tiempos desde una construcción académica en y desde Ciespal?

Más que posible. Es un deber ético, político y ciudadano. En un momento en el que la actividad científica moderna viene cediendo su lugar a una tendencial decadencia de la cultura teórica y en general de la capacidad crítica del pensamiento como promesa o esperanza histórica, el cuestionamiento de las políticas de comunicación y la economía política de las industrias culturales puede contribuir a sentar las bases de una lectura distanciada, en los tiempos convulsos que vivimos, de las iniciativas, debates y tendencias del mercado y política institucional de la comunicación regional, al tiempo que empoderar a la profesión. Tal dicotomía o lectura reduccionista entre teoría y práctica en la era del trabajo inmaterial y el capitalismo cognitivo se nos antoja pobre e inoportuna.

Aun reconociendo que la tradición económico-política y dialéctica del campo latino de la investigación en comunicación no ha alcanzado la madurez y alcance suficientes para revertir los paradigmas hegemónicos en la academia y el ámbito profesional de los comunicadores, los análisis y aportaciones de Ciespal han de combinar teoría y práctica, vislumbrar destellos de una cultura y una política de investigación que retomen el reto inexcusable de la radical historicidad, justo en el momento en que los movimientos sociales y la ciudadanía demandan espacios de lucha y negociación del sentido y de la representación política. La coyuntura, en fin, no podría ser más pertinente y adecuada en tales circunstancias. Esperemos, esa es al menos la intención original que nos anima, que campo profesional, academia y agentes del campo de la comunicación nacional y regional comprendan el calibre y alcance de estas demandas y se empeñen cooperativamente en trabajar en esta dirección.

Pues en la era de internet nada tan estéril como la contraposición tradicional de nuestras instituciones de pensamiento y formación en su lógica abismal de demarcación que anula la práctica y la teoría en virtud de la dicotomía entre saber y poder informativo.

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