No nos detengamos – Periódico El Espectador, Colombia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Antes de partir a México para asistir al homenaje que allí se rendiría al fallecido Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, el presidente de la República, Juan Manuel Santos, tomó una decisión que tenía en ascuas a los ciudadanos de Bogotá: escoger de la terna enviada por el movimiento Progresistas al alcalde interino de la capital.

Este funcionario servirá como reemplazo provisional del destituido Gustavo Petro mientras se convocan las elecciones atípicas. O, quizás, mientras una decisión judicial lo restituye en el cargo. María Mercedes Maldonado, exsecretaria Distrital de Hábitat, fue la opción elegida.

El ministro de Trabajo, Rafael Pardo, quien a encargo del presidente duró en la Alcaldía de Bogotá un mes entero, generó opiniones de lado y lado. Que mejoró la movilidad y la seguridad, dicen unos. Que no, que más bien dio marcha a algunas políticas estancadas de Petro, aseguran otros. Que en muchas cosas improvisó, responden unos más. De todo un poco.

Lo importante, sin embargo, es el mensaje político que hacía falta: mucho mejor un alcalde interino que represente lo que la ciudadanía eligió desde un principio. Y se nos antoja que Maldonado era la más indicada para ello: no solamente por ser del ala más petrista de esta Alcaldía, sino porque es una persona preparada en urbanismo y en políticas públicas, que puede poner en marcha las bondades que planteaba, al menos en teoría, el proyecto progresista para Bogotá. Ya se le iba haciendo tarde al presidente Santos dar este paso y, claro, no falta la suspicacia que lleva a pensar que la demora, y la decisión de ayer, estuvieran sujetas a la variable de opinión que su intervención en Bogotá ha generado, para bien y para mal. Con todo, el hecho es que se dio el paso y eso es lo verdaderamente importante.

Continuemos entonces, con la mira puesta en Bogotá. Fue María Mercedes Maldonado, además, quien asesoró al destituido alcalde al momento de elaborar su Plan de Desarrollo para Bogotá, un instrumento que, usado de la manera correcta, podría generar buenos réditos a la ciudad. Así es que bienvenida mientras el presidente convoca las elecciones atípicas. Bien podría ella sentar las bases para que el alcalde definitivo continúe y finalice un buen plan de gobierno. Que se concreten cosas que en el papel sonaron tan bonitas. Ese es el camino.

No nos detengamos, pues, en la tarea de hacer posible esta ciudad que no ha podido avanzar en medio de tan caótica dirección política. No paremos de implementar políticas públicas que puedan generar un provecho para todos los ciudadanos. Porque de todo este novelón (la destitución y la revocatoria, las tutelas y los fallos, las instancias internacionales y los nuevos alcaldes) nos hemos olvidado de lo primordial: la ciudad y sus habitantes. La capital del país, puesta a la deriva y traumatizada no solo por este último capítulo sino también por la Alcaldía pasada, de escándalos portentosos y pocos avances en su urbanismo. Ya no más. Y esta transición en manos de Maldonado luce como la más apropiada para esa meta.

Es obvio que la novela podría ampliarse por cuenta de la restitución de Petro (que el presidente Santos dijo que acataría si un juez se la ordenaba, apenas lo justo y lógico); pero, mientras tanto y paralelamente, llegó la hora de retomar las riendas de la ciudad y hacer una gestión a la altura de lo que esta sociedad merece.

Es una deuda pública ya insoslayable que hay que asumir con prontitud. Así es que adelante.

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