“Si un sector importante de la sociedad colombiana coincide con alternativas como las que propongo, seré candidato presidencial” – Gustavo Petro, alcalde de Bogotá

El alcalde de Bogotá admite que tiene un sueño: llegar a la Presidencia de la República.

El actual alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, anuncia que quiere ser el primer presidente del posconflicto en Colombia, si se firma la paz, y proclama que, después de que el presidente Santos decidió aceptar la medida cautelar recomendada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y reintegrarlo a su cargo, ya ninguna sentencia doméstica de corte o tribunal podrá volver a retirarlo de este.

En consecuencia, en su opinión, tanto su permanencia en el cargo como su candidatura presidencial dependen exclusivamente del fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que se producirá a mediados o finales del año entrante. A menos que el Presidente decida volver a retirarlo acogiendo alguno de los fallos internos que se esperan, lo que “sería terrible”, según Petro. (Lea también: Inseguridad jurídica, el otro efecto del caso Petro).

El Alcalde, reconocido como gran combatiente político, luchó primero contra las dificultades de su humilde origen, hasta lograr cambiar la casa de bahareque y palma, en Ciénaga de Oro, donde nació, por una escuela pública en Zipaquirá. Su rendimiento académico fue tan notable que terminó a los 20 años de edad sus estudios de economía en la Universidad Externado de Colombia becado por sus notas. A los 22 años fue concejal de Zipaquirá, desde donde se vinculó al M-19.

Estuvo preso durante casi 2 años. Libre, obtuvo un magíster en economía de la Javeriana y cursó una especialización en la Universidad de Lovaina en Bélgica. Hizo un doctorado en la Universidad de Salamanca en España. Fue elegido senador y luego Alcalde de Bogotá.

Hoy admite, por primera vez, que tiene un sueño: llegar a la Presidencia de la República.

¿Qué experiencia le deja lo que acaba de vivir?

Confirmé la enorme incapacidad del sistema político colombiano para admitir la diferencia. La historia de la violencia siempre tiene como base que alguien excluyó a otro: es la historia de los liberales y los conservadores; es la de la misma izquierda, que podríamos sintetizar en el hecho de que Gabriel García Márquez tuvo que exiliarse. Esa incapacidad de admitir la diferencia política, que también es social y cultural, es la base de la violencia.

Sus opositores dicen que no es así. Que lo que ha ocurrido realmente es que se ha visto su incapacidad para gobernar y su condición mesiánica cuando enfrenta un debate…

En cualquier país, la incapacidad para gobernar la deciden los ciudadanos y ellos actúan cuando hallan esa incapacidad: derriban un gobierno, o lo revocan o eligen una propuesta distinta en las siguientes elecciones.

La propuesta de revocatoria de su mandato está en marcha…

Eso no se llama revocatoria; se llama revancha. Hay quienes no soportan el gobierno de Bogotá y, con la excusa de una supuesta incapacidad, se creen con la legitimidad de destruir el gobierno elegido por la ciudadanía. Lo lógico en la democracia es que si alguien fue elegido por el pueblo y no ha cometido ningún delito, debe gobernar hasta el final.

Tanto en la sanción del Procurador como en la que acaba de imponer la Superintendencia de Industria, lo acusan a usted de violar la ley…

Quien define si se viola o no la ley, según la constitución, es el juez del contencioso administrativo. La jueza ante la cual fue demandado el decreto del aseo expresó en sentencia de primera instancia que era completamente legal; es decir, el cargo por el cual me destituye el Procurador es contraevidente.

¿Y el fallo de segunda instancia?

Hoy, la decisión del juez es que lo que hizo el alcalde es completamente legal.

¿Entonces la Superindustria se equivoca cuando lo acusa de violar la ley?

La Superintendencia dice que el decreto rompió ciertos criterios de libre empresa. Eso no es violar la ley.

La Superindustria dice que las conductas anticompetitivas, desplegadas por la Alcaldía, afectaron la prestación del servicio de aseo en Bogotá.

Mire: ¿qué dice el decreto que yo expedí? Que el saneamiento básico es un derecho, que se va a crear el sistema de reciclaje y de aprovechamiento de residuos; que se remunera a los recicladores; que se habilita a la empresa de Acueducto y Alcantarillado para contratar el servicio de aseo…

Pero la resolución que lo sanciona afirma que con el esquema suyo de aseo se generó la monopolización del servicio, lo que se prohíbe por la Constitución…

Si la tarifa del aseo sube es porque se está construyendo un monopolio; si la tarifa del aseo baja es porque se está introduciendo competencia en beneficio de los usuarios y se rompe el monopolio. ¿Qué sucedió en Bogotá? ¿Subió o bajó la tarifa? Bajó en 50.000 millones de pesos como volumen anual, porque ahora hay miles de operadores del aseo, hay una pluralidad de operadores que incluyen un operador público, y esa condición de un sistema mixto es lo que origina mayor competencia y la baja de la tarifa, completamente contrario a lo que dice el fallo de la Superintendencia. Por eso vamos a controvertir el fallo. El decreto mismo que expedí tiene una parte final, que es abrir una licitación, y la Superintendencia dice que esa fase final se haga máximo en 6 meses. La licitación se abrirá para propuestas de operadores públicos y privados. Ojalá el sistema siga siendo mixto y profundice la inclusión de los recicladores. Voy a demandar esa resolución.

En el campo de las demandas y las impugnaciones, el presidente Santos anunció el viernes que impugnará la tutela que lo restituyó a usted en la Alcaldía, por considerar que “pone en tela de juicio una acción que hizo el Gobierno”. Si la Corte Suprema falla contra usted, ¿qué va a pasar?

El Presidente aceptó la decisión del juez que me restituyó y por eso hoy hablo como alcalde. Hay quien cree, entonces, que si se tumba la tutela, vuelvo y me voy. No. Eso no es así.

¿Por qué?

Porque el Presidente ha decidido acatar las medidas cautelares de la Comisión Interamericana. No habrá ningún tipo de fallo que le prohíba al Presidente cumplir con esas medidas. Si la Sala Civil de la Corte Suprema dice no a la tutela que me restituyó, el Presidente otra vez quedaría libre de hacerlo. Es decisión de él; no tanto de destituirme sino de aceptar o no las medidas cautelares. Y él ya las aceptó.

En consecuencia, mientras la Corte Interamericana de Derechos Humanos no falle la recomendación que le hizo la Comisión, el Presidente tendrá que seguir sometido a su acatamiento…

Así es…

¿Es decir, solo el 31 de diciembre del 2015 usted tendrá noche de despedida?

El Presidente ha decidido aceptar las medidas de la Comisión Interamericana que suspenden el fallo del Procurador hasta que se falle de fondo. No está diciendo si el Procurador tuvo razón o no, sino hasta que la Corte Interamericana falle, y el Presidente aceptó. Yo estoy aquí en la Alcaldía por eso.

¿El Presidente tiene la opción de acatar a la Corte Suprema o al Consejo de Estado?

Sí, desconociendo las medidas cautelares de la Comisión. Eso sería terrible.

¿Cuánto demora la Corte Interamericana en fallar?

Hasta el año entrante. Si el Consejo de Estado falla en contra mía, yo seguiría gobernando porque estoy protegido por medidas cautelares.

¿Si la Corte o el Consejo de Estado fallan en contra suya, el Presidente tendrá que acatar qué: los fallos internos o la medida cautelar de la Comisión Interamericana?

En mi opinión, se mantiene la medida transitoria, pero el fallo queda vigente. Este es suspendido hasta cuando se produzca la decisión de la Corte Interamericana. Tenemos una legislación interna que no está del todo articulada. La convención americana que se acata está originando un choque. El mismo Procurador ha propuesto que se arregle ese asunto. Él mismo tiene una propuesta, que no es del todo positiva, pero podría haber otras. En estas primeras sesiones del Congreso, el gobierno Santos debería presentar una reforma que permita que esto no siga sucediendo, es decir, que no haya un choque de trenes entre el derecho interno y el derecho americano, o convencional, como se le denomina.

Es decir: ¿su futuro está en manos exclusivamente de la Corte Interamericana?

Así va a ser porque ya el caso fue aceptado.

Sus exsecretarios y algunos sectores de la opinión pública lo ven como eventual candidato presidencial. En consecuencia, ¿podría decirse que su candidatura, si es que aspira, depende de la Corte Interamericana?

Depende de tres cosas: de mi esposa y mis hijos; de si quiero ser o no candidato, y de la Corte Interamericana, porque hay una inhabilidad.

¿Usted quiere ser candidato?

Si existe un sector importante de la sociedad que me quiera tener de candidato, lo seré, pero no por capricho. Hay dirigentes políticos que son firmes, tienen tesis, condiciones y las defienden, así las encuestas vayan en contra. Yo tengo convicciones. Ahora bien: el funcionario no es infalible. Yo puedo equivocarme, como me puede haber sucedido, pero sin cometer un delito. No hay ni un solo proceso judicial contra mí. Si un sector importante de la sociedad colombiana coincide con alternativas como las que propongo, seré candidato. Pero no por probar, no por jugar… Será porque una parte muy importante de la sociedad colombiana le estará apostando a un cambio.

¿Lo que acaba de ocurrir, o está ocurriendo, le ayudará a ser candidato?

Ha ocurrido un movimientos en estas circunstancias: me crecieron; me crecieron porque yo no lo hice voluntariamente.

¿Quiénes lo crecieron?

En primer lugar, se produjo una injusticia que es captada así por una gran cantidad de gente en Colombia, y eso provocó una movilización a mi favor.

Hay quienes consideran que cuando el Procurador dictó las medidas contra usted, él era visto por algún sector como posible candidato a la Presidencia. Y como efecto de esas medidas, desapareció su eventual aspiración y, paradójicamente, apareció la suya. ¿También usted lo cree así?

Así es, pero no por mi voluntad. Alguna vez sabremos la historia que hay detrás de la decisión del Procurador.

¿Sugiere que estuvo inspirada por su eventual anhelo de candidatura presidencial?

Creo que ahí jugó más gente que le aconsejó hacerlo; pero la realidad es que sucedió lo que usted plantea.

¿Él dictó la medida y se cayó como candidato?

Se cayó.

¿Y nació su candidatura?

Nos recuperamos cuando el Procurador toma la decisión. Lo que hizo fue crearme la imagen nacionalmente. Tal vez ocurre una cosa que es adversa y que no me gusta: la opinión se ha polarizado porque soy de izquierda, por mi talante firme. Me dicen soberbio, pero lo que soy es terco. Lo que se ha producido es una polarización. Colombia necesita pactos porque nos estamos matando y lo que florece es la muerte, cuando lo que hay que construir es la convivencia. Tenemos que lograr que el ejercicio de gobierno de Bogotá muestre el pacto; no el pacto del que se arrodilla, sino que gente diversa se pueda encontrar y ponerse de acuerdo.

Se está avanzando en las conversaciones con las Farc en Cuba. ¿Si concluyen con un acuerdo de paz y usted se lanza como candidato, desearía ser el primer presidente del posconflicto?

Valdría la pena eso. Es más: en medio del conflicto nunca podría ser presidente por la polarización y los odios y todo lo que se genera.

¿Podría ser el primer presidente del posconflicto?

Eso sería interesantísimo.

¿Usted lo quiere ser?

Obviamente. Pero esos son sueños…

http://www.eltiempo.com/justicia/entrevista-al-alcalde-de-bogota-gustavo-petro_13887999-4