Silvio Rodríguez recuerda a la popular cantante dominicana Sonia Silvestre

Aquella muchachita no parecía ser dueña de semejante voz. Uno se preguntaba de dónde salía tanta fuerza, tanta belleza poderosa… Pero no sólo cantando imponía respeto. También era admirable escucharle sus argumentos de granito.

El compromiso con su pueblo era su estrella. No se apartaba de esa esencia. La historia de la República Dominicana, las invasiones que sufrió, sus mártires, sus poetas preclaros articularon su equilibrio, como persona y como artista.

Decía que su corazón latía dividid una mitad en su Quisqueya entrañable y la otra en su Cuba querida.

Desde su primera visita se integró a mi generación de trovadores y siempre la sentimos como nuestra.

Aquí la vi rendir teatros con su talento, que era aplaudido hasta el delirio. Al día siguiente llevaba el mismo arte a los obreros de una fábrica o a los macheteros, en los campos de caña.

En todas partes los que la conocieron la recuerdan por su alegría, por su compañerismo. Nunca podré olvidar que cuando llegué a Santo Domingo me brindó su casa. Tampoco que ella fue mi primer enlace con Pedro Mir. La recuerdo la noche memorable de aquel recital con Noel Nicola, en Casa de Teatro.

Por ella conocí al guerrillero Hamlet Hermann y a los cantores Víctor-Víctor y Luís Díaz, que desde entonces están entre mis amigos. En “7 días con el pueblo” la recuerdo valiente, cantando convicciones y desafiando la represión. Así se quedó impresa en mi memoria.

Un abrazo inmenso a sus familiares, porque son mis familiares; a sus amigos, porque son mis amigos; y a su pueblo dominicano, que también considero mi pueblo.

Gloria eterna a Sonia Silvestre.

 

Silvio Rodríguez,

La Habana, 20 de abril, 2014.

http://www.movimientorebelde.com/index.php/noticias/item/9111-silvio-rodr%C3%ADguez–aquella-muchachita-no-parec%C3%ADa-ser-due%C3%B1a-de-semejante-voz.html

 

Sonia Silvestre, con un adiós entre el llanto, dolor y canciones

Una escena de llanto y dolor se vivió ayer en el cementerio de la Máximo Gómez, en donde amigos, familiares y artistas le dieron el último adiós a la famosa cantante Sonia Silvestre.

“Ella es música, y qué más que el mundo la recuerde cantando sus canciones”, fue el pedido de Risoris Silvestre, una de las hermanas de la fallecida cantante.

La partida de la intérprete de “Por qué llora la tarde”, conmovió a muchos países, muestra de solidaridad se sintió en los cables internacionales que se hicieron eco del fallecimiento de quien fuera una de las voces más prodigiosas de República Dominicana.

En privado

Como su familia decidió se hicieron dos ceremonia para despedir a Sonia, una en la intimidad, donde solo entró la familia, el domingo, y otra ayer para que sus fans, colegas y personalidades fueran a despedirse de ella a la funeraria Blandino de la Abraham Lincoln.

Pasado el mediodía de ayer el presidente Danilo Medina fue a darle el pésame a los hijos y el viudo de quien fuera una de las más famosas cantante.

Al entrar a la capilla estaba expuesto un ataúd con sus restos expuesto, cubierto con la bandera nacional, música de fondo y girasoles para despedirla.

En su velatorio había muchas coronas, pero sobresalían los girasoles, flores preferidas de quien supo ser una de las voces más prodigiosa del país.

Su viudo José Betancourt y sus hijos lucían apagados, trastornados por la tristeza que deja la artista.

La carta de Silvio

Desde su amigo Silvio Rodríguez hasta una fanática que se arrinconó con una guitarra en mano al lado del ataúd de Sonia dieron muestra de tristeza y pesar por su partida.

Falleció el sábado a la edad de 61 años, luego de permanecer ingresada por varios días en el Hospital Plaza de la Salud, al sufrir un accidente cerebrovascular masivo y dos infartos.

Se casó en 2009, aunque siempre vivió una vida plena al lado de sus amores, sus pasiones, el gusto exquisito por la buena música y la travesura de ser siempre la auténtica Sonia Silvestre, que la convirtieron en una de las más grandes baladistas del país.

Su boda con el fotógrafo venezolano José Betancourt se dio obligada, literalmente, pero ella con su buen sentido del humor contaba que debía viajar a Cuba como diplomática y le exigieron no andar con marido, mejor era presentar a su esposo.

Por eso la eterna Sonia formalizó una unión de más de 28 años y de donde ya habían nacido sus dos hijos Andrés y Eloísa Estela Betancourt Silvestre.

Era clara y directa y siempre decía que no le gustaba mucho eso de la fama y el espectáculo.

El cuerpo de Sonia Silvestre, quien falleció el pasado sábado, llegó al camposanto a eso de las 4:25 de la tarde.

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