La CIDH y América Latina – Periódico La Época, Bolivia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha vuelto a ser puesta en el banquillo de los acusados. Y le ha correspondido al presidente del Ecuador, Rafael Correa, ser el encargado de poner en evidencia la doble moral de ese organismo de la Organización de Estados Americanos (OEA).

No es la primera vez que el jefe del Estado ecuatoriano lo hace. En los últimos cinco años, Correa ha planteado que los países de América Latina deben impulsar una profunda reestructuración de la CIDH, pues se trata de un organismo que se pronuncia de manera implacable contra los gobiernos de izquierda y progresistas de la región, pero guarda un silencio hermético cuando Washington o gobiernos afines a éste violan derechos humanos. De hecho, ese organismo se ha manifestado frecuentemente contra lo que considera “persecución política” de opositores a los gobiernos de izquierda de la región, cuando en realidad éstos están huyendo de delitos de corrupción y enriquecimiento ilícito cometidos en el ejercicio de sus funciones.

EEUU nunca ha ratificado el tratado constitutivo de la CIDH, pero la tiene profundamente controlada desde dos perspectivas: es el país que más aporta con recursos a su funcionamiento y porque la sede es Washington, algo que ciertamente no es lógico. Pues bien, como remarcó Correa, la CIDH es más bien el “instrumento de persecución” de los gobiernos alternativos en América Latina.

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