La mirada hacia el Pacífico – Periódico El País, Uruguay

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El primer hecho reconocido por todos (o casi) es el fracaso del Mercosur, de su proyecto original de 1991 y del político escorado a la izquierda del siglo XXI. La debacle ha sido tan grande que hoy ni siquiera se sabe a ciencia cierta qué países lo integran, cuáles instituciones funcionan y qué bienes en la práctica se pueden comerciar libremente. Dado este panorama seguir apostando a “más y mejor Mercosur” es tirar la plata y, más en concreto, el futuro de los uruguayos. Ni va a funcionar como una verdadera zona de libre comercio ni va a servir de plataforma de lanzamiento conjunta al resto del mundo. Si vamos a jugar en la cancha global tendrá que ser por nuestra cuenta, definiendo nuestra propia política y no esperando lo que nunca va a llegar.

Se podría argumentar, y con razón, que hay empresas uruguayas que dependen crucialmente del mercado argentino, donde se colocan exportaciones de alto valor agregado que no se venderían a otros países. Pero también es claro que hay una estrategia que es jugar nuestras propias cartas permaneciendo en el Mercosur pero sin ser rehenes del bloque. Esto es, continuar integrándolo en la medida que no condicione una mejor política de inserción internacional, pero teniendo claro que no debemos depositar en nuestros vecinos las esperanzas en el futuro cercano y predecible.

La Alianza del Pacífico, en cambio, ha demostrado un dinamismo extraordinario en los últimos dos años. El acuerdo conformado por Chile, Perú, Colombia y México, ha logrado en un abrir y cerrar de ojos lo que el Mercosur no logró en casi un cuarto de siglo. El libre comercio dentro del bloque ha avanzado a pasos agigantados, se complementan para buscar oportunidades de inversión fuera de la región y aumentar sus exportaciones y, más recientemente, están trabajando con éxito en la unión de sus mercados de capitales. A su vez, los países de este bloque mantienen sólidos fundamentos macroeconómicos, políticas de Estado sostenidas en el tiempo y objetivos comunes de política exterior. Podría afirmarse que es la contracara del Mercosur, y la demostración palmaria de que los latinoamericanos no estamos condenados al fracaso de nuestros procesos de integración, simplemente hay que encararlos con seriedad y pragmatismo. Uruguay debe acelerar el paso hacia el Pacífico, asociándose a los países serios de la región donde las cosas funcionan.

Otro aspecto importante de la política exterior a mejorar es la búsqueda activa de acuerdos comerciales con otros países. Caída en la práctica la idea de los 90 de que era necesario negociar desde dentro de un bloque para tener mayor capacidad negociadora (Chile y Perú han demostrado que esto no es así) debemos procurar comerciar con todos los países que podamos, diversificando el riesgo y abriendo posibilidades para nuestros empresarios y trabajadores.

No haber podido concretar el tratado de libre comercio con Estados Unidos, al alcance de la mano en el gobierno de Batlle y en el de Vázquez, dejó al descubierto la fragilidad de nuestra política exterior. No haber logrado los consensos necesarios dentro de los propios partidos de gobierno, el amateurismo de nuestra Cancillería y del Ministerio de Economía en las negociaciones y la falta de liderazgo, resultó fatal para la iniciativa. No podemos volver a cometer ese tipo de errores en un mundo que no nos espera y al que debemos integrarnos cuanto antes.

Acercamiento franco y efectivo a la Alianza del Pacífico y tratados comerciales con todo el mundo debe ser la nueva premisa de nuestra inserción internacional. Lo primero es decisivo también para lograr lo segundo, porque demostraría la cancha en que Uruguay quiere jugar. Nuestro sistema de partidos debería poder acordar estos aspectos estratégicos mínimos, básicos para saber dónde estamos parados y que no pueden cambiarse cada cinco años. Si no somos capaces de hacerlo, seguiremos esperando un milagro para el Mercosur o que el viento de cola que nos impulsó en estos años siga soplando sin desfallecer.

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