Tres meses de terror – Por Ernesto Villegas Poljak (Venezuela)

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Este 12 de mayo se cumplen tres meses de la más reciente y cruenta oleada de violencia antichavista, iniciada con una marcha “pacífica” que destruyó la sede de la FGR y dio paso a una absurda espiral de muerte y destrucción.

¿Balance? Más de 40 fallecidos, cientos de lesionados, cuantiosos daños materiales, universidades y entes públicos incendiados, unidades de transporte destruidas, tala indiscriminada de árboles para su uso en barricadas y pare usted de contar. Nada bueno le ha dejado al país esta alocada aventura, salvo la disipación de cualquier duda, si acaso la había, con respecto al carácter violento y antidemocrático de sectores que solían camuflarse detrás de poses pacifistas y libertarias.

Para la historia queda el llamamiento del trío patético -Machado, López y Ledezma- que apareció convocando “La Salida”, como bautizaron su oferta engañosa. No pudieron salir del presidente Maduro ni podrán tampoco deshacerse del pueblo y su Constitución bolivariana, formidable combinación amurallada que levantó el comandante Chávez frente al fracasado modelo neoliberal que aquí condujo al Caracazo de 1989.

Además de las pérdidas humanas y materiales, la oleada violenta trajo consigo un ingrediente terrible: la introducción de mecanismos perversos, como la colocación de guayas homicidas contra motorizados o el incendio de edificaciones habitadas, preescolares incluidos, que revelan el grado de descomposición de una parte, minúscula pero dañina, de la sociedad. Gente común que ejecuta o aplaude actos criminales, justificados en un odio digno de junta psiquiátrica. Gente que cree que causando daño a sus vecinos, o al conductor desconocido que cae en una alcantarilla levantada, provocará la caída del Gobierno.

Vaya mi reconocimiento al pueblo por su paciencia y disciplina. Rindamos homenaje al compatriota Eliécer Otaiza, asesinado tras crueles torturas, y a todos los caídos: perseveremos tercamente en el camino de la paz. Que nadie coma casquillo ni caiga en provocaciones. Nuestra venganza será un país de paz, justicia e inclusión. Además, ya lo ha dicho el Presidente: quien se mete con Venezuela se seca. Miren a J. J. Rendón.

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