Juan Manuel Santos, presidente colombiano y candidato a la reelección: “Sólo conmigo se podrá lograr la paz”

Hoy, el presidente Juan Manuel Santos cerrará su campaña de plaza pública en Antioquia, la tierra de su más recalcitrante opositor durante los cuatro años que completa su gobierno: el expresidente Álvaro Uribe. El presidente-candidato sabe bien que la batalla electoral contra Óscar Iván Zuluaga, la carta del uribista Centro Democrático, será reñida, como lo muestran las encuestas, y que cada voto puede ser decisivo para la victoria. También, que es momento de ver los esfuerzos que sus partidarios no hicieron en primera vuelta y de sumar cuantas fuerzas sean posibles.

Su fórmula es plantear la dicotomía entre la paz —su apuesta— y la guerra. En diálogo con El Espectador, el jefe de Estado reconoce que la segunda vuelta electoral del 15 de junio será un plebiscito por la paz, cuestiona lo que considera un “juego sucio” del uribismo al tratar de utilizar a las Fuerzas Armadas para sacar provecho político y se mostró de acuerdo con la postura del fiscal Montealegre de que los beneficios de la justicia transicional apliquen para los militares, dentro de los preceptos de verdad, justicia y reparación. Santos dice no tener ambiciones caudillistas y que su deseo es dejar un legado de paz y de equidad social para Colombia.

Esta semana se conocieron varias encuestas en las que en unas sale ganador, en otras perdedor y una da empate con Óscar Iván Zuluaga, ¿qué lectura les hace usted?

Lo que veo es un gran entusiasmo de la gente, porque se dieron cuenta por fin de qué se trataba esta elección y hemos ido recibiendo respaldos importantes, como el de Clara López, los verdes, los progresistas, la mayoría de los conservadores y la UP. También hay sectores como el de los transportadores, los campesinos y muchos otros que están llegando y eso me anima mucho, pues quiere decir que vamos a ganar y por un buen margen.

¿Pero no cree que para segunda vuelta la gente vota más por opinión que por una posible disciplina partidista?

Estas elecciones son cruciales para los colombianos, porque escogeremos entre los que queremos buscar el fin de la guerra y un país con sentido social, o los que prefieren una guerra sin fin y un país excluyente. Aquí, más que la disciplina partidista, pesará la convicción de los votantes de que no podemos desviarnos del buen camino que llevamos y que debemos darle una oportunidad a la paz con inclusión social.

Por cierto, ¿el respaldo de la izquierda a su reelección llega hasta la paz o podría ir más allá?

Con la izquierda, y con todos los sectores sociales del país, compartimos la voluntad de lograr la paz mediante el diálogo. Pero estoy seguro de que podemos encontrar muchas más coincidencias, pues tenemos las mismas preocupaciones por reducir la pobreza y la desigualdad, por apoyar el campo, por mejorar la calidad educativa, por reparar a nuestras víctimas y por defender la diversidad y pluralidad de nuestro país.

¿Es la elección del 15 de junio el verdadero plebiscito por la paz?

En el fondo lo es, porque resulta claro que un candidato lidera un proceso de paz que está dando resultados y que el otro, al no reconocer el conflicto, simplemente está diciendo que no quiere ninguna negociación.

Sin embargo, ‘Timochenko’, máximo jefe de las Farc, invitó a votar en blanco pues, según dice, tanto usted como Zuluaga simbolizan la guerra…

Timochenko sabe que he sido su peor enemigo, pero también sabe que sólo conmigo podrá lograr la paz, porque sólo los que han sido fuertes en la guerra pueden conseguirla.

¿Y es posible alcanzar la paz con las Farc sin que el sector político que representa el expresidente Uribe esté incluido?

Lo que se acuerde en la mesa de La Habana será al final refrendado por los colombianos mediante un mecanismo democrático. Algunos no estarán de acuerdo, pero yo creo que la inmensa mayoría sí. Todos los sectores del país, incluyendo el movimiento político del senador Uribe, podrán manifestarse y expresar sus opiniones.

¿Estaría dispuesto entonces a que Uribe, como senador, pudiera ir a La Habana a sentarse con las Farc?

Pues allá no tienen cabida los senadores, pero si la extrema derecha quiere apoyar el proceso de paz, bienvenida sea.

Hay quienes dicen que el Consejo Nacional de Paz es la primera piedra hacia una constituyente, un asunto que parece un inamovible para las Farc, ¿esa posibilidad sigue abierta?

El Consejo Nacional de Paz es una instancia representativa de toda la sociedad para que acompañe el proceso y, muy especialmente, apoye las tareas del posconflicto. No tiene nada que ver con una constituyente.

¿Siente que las reacciones que generó la propaganda en la que usted pedía no más hijos en la guerra constituyen un ‘ruido de sables’?

En absoluto. La cúpula de las Fuerzas Armadas es muy consciente del compromiso del Gobierno con nuestros soldados de tierra, mar y aire, y con nuestros policías. Lo que expresa esa propaganda es muy sencillo: es fácil promover la guerra cuando la pelean los hijos de otros: de los campesinos, de los más pobres. Colombia necesita paz y, si terminamos el conflicto, seguiremos teniendo una Fuerza Pública profesional y fortalecida, pero dedicada a proteger nuestra soberanía y ya no más al combate entre hijos de una misma nación.

Sin embargo, los rumores sobre un malestar en sectores de las Fuerzas Armadas frente al proceso de paz siguen vigentes y se ha expresado en un supuesto respaldo político a la campaña de Zuluaga…

Lo que existe es una campaña de rumores falsos que ha hecho mella en algunos sectores allegados a los militares o policías. Pero lo importante es que entiendan que no son otra cosa que mentiras. En La Habana no se está discutiendo ni negociando el futuro de nuestras Fuerzas Militares y de Policía, ni la doctrina militar, ni un supuesto debilitamiento o reducción de nuestro pie de fuerza, ni de sus condiciones salariales y prestacionales. Nada de eso es cierto. Son rumores que se lanzan para manipular y obtener réditos políticos.

Claro que las Farc sí hablaron esta semana de un cambio en la doctrina militar si es que se llega a un acuerdo de paz…

Las Farc dicen de todo y por eso, cada vez que hablan, yo les pido seguir el consejo de Mandela: solamente refiéranse a lo que pasa en la mesa. Lo demás es pura propaganda. Ellas, por supuesto, querrán hacer su revolución por decreto, y eso es lo que nosotros simple y llanamente decimos que no va a suceder.

El viernes se conoció la sanción a varios policías por participación en política y hay denuncias de Germán Vargas Lleras y César Gaviria en ese sentido. ¿Cómo analiza esto?

Me parece triste y preocupante que el Centro Democrático esté queriendo utilizar las Fuerzas Armadas con intenciones políticas para conseguir votos. Eso les hace daño a nuestra democracia y a nuestras instituciones y es totalmente rechazable. Por eso he dicho que uno de los grandes cambios que quiero continuar es el de la cultura del todo vale por la del juego limpio y la decencia.

También hay rumores de que el uribismo estaría intentando establecer contactos con las Farc en La Habana, ¿qué sabe usted?

No tengo información y ellos mismos lo negaron, aunque uno ya no sabe qué creerles.

Si es reelegido, ¿cuánto tiempo más de espera le daría a las Farc para concretar un acuerdo?

No pongo fechas fatales, pero espero que este año podamos terminar el proceso.

¿Está el Gobierno de acuerdo con la tesis del fiscal Eduardo Montealegre de que militares y policías procesados por graves violaciones a los derechos humanos tienen derecho a penas alternativas de la justicia transicional?

Sí. No sería justo que los guerrilleros pudieran tener unos beneficios dentro de la aplicación de la justicia transicional y que estos no se aplicaran a militares y policías que estén investigados o procesados por conductas relacionadas con el conflicto.

Entonces esos militares tendrían que cumplir con los preceptos de verdad, justicia y reparación…

Estos preceptos son de obligatorio cumplimiento hacia las víctimas, y en cualquier caso, en el marco de la justicia transicional, debe establecerse cómo serían satisfechos.

Un debate que se viene será el de la reglamentación del Marco Jurídico para la Paz, base para el cumplimiento de lo que se acuerde en La Habana. ¿Será que la polarización que vive el país permitirá sacarla adelante?

En su momento debemos aprobar una ley estatutaria en el Congreso para hacer efectivo el Marco Jurídico para la Paz y confío en que la sacaremos adelante con el apoyo de los partidos de la Unidad Nacional y de las demás fuerzas políticas que nos acompañan en la decisión de lograr la paz.

¿Está el Estado preparado desde el punto de vista económico para afrontar los retos de la implementación del posconflicto?

Sí, tenemos una economía sólida, con ingresos crecientes, y sabemos, además, que todo lo que destinemos al posconflicto no es gasto sino inversión, porque nos ayudará a consolidar la paz, y eso, por sí solo, generará más inversión, más turismo y más empleo. Además, cuando logremos la paz, parte de los recursos de la guerra podrán ser usados para el posconflicto.

Se dice que la firma de la paz significará un reacomodo de las bandas delincuenciales y del narcotráfico, con un incremento de la violencia, ¿cómo preparar al Estado para enfrentar ese reto?

Nos estamos preparando desde ahora, afinando las estrategias de seguridad ciudadana contra las bandas criminales y el crimen organizado. Lo cierto es que, una vez terminado el conflicto, vamos a poder destinar muchos más hombres y recursos, para combatir estas organizaciones.

¿Le preocupan las posturas del uribismo y su candidato Óscar Iván Zuluaga frente a la situación interna de Venezuela?

El uribismo es muy recalcitrante frente a la situación de nuestros vecinos, y particularmente de Venezuela. No hay que olvidar que cuando asumí el mandato, el país estaba sin relaciones diplomáticas con Venezuela y Ecuador, y se hablaba de vientos de guerra. Yo creo en la diplomacia y la prudencia, en el respeto a las decisiones y la autonomía de los demás países, y me temo que el candidato Zuluaga devolvería el reloj de nuestras relaciones internacionales cuatro años y nos regresaría a esos tiempos de tensión y malas relaciones. En estos cuatro años pasamos de la vergüenza a la admiración, pasamos de ser un país para dejar a ser un país para volver. En eso no podemos retroceder.

¿Cómo garantizarles a los colombianos que las reformas a la salud, la justicia y la educación, que se cayeron en su gobierno, van a salir adelante en un segundo mandato suyo, que tendría la oposición del uribismo?

En primer lugar hay que decir que buena parte de lo que se buscaba con las reformas a la justicia, a la educación superior y la ordinaria a la salud, ya lo hemos ido logrando por leyes que pasamos y por otros medios, y hemos hecho avances fundamentales en esos tres temas. En cuanto a la posibilidad de sacar adelante reformas con el uribismo en el Congreso, no lo veo difícil. La Unidad Nacional sigue representando una mayoría suficiente y esperamos que los uribistas apoyen, con sentido de patria, las iniciativas que sean buenas para el país.

Por cierto, ¿es necesaria una nueva reforma tributaria?

La reforma tributaria que hicimos en 2012 para que los que ganen más paguen más y los que ganen menos paguen menos o no paguen, ha tenido buenos resultados y ha generado un mayor recaudo tributario. Y el desmonte de los parafiscales nos ha ayudado a crear empleo. No tengo contemplado crear nuevos impuestos. Pero si hacemos una nueva reforma, estaría enfocada en combatir la evasión, que sigue siendo muy grande.

¿Si pierde ordenaría una pausa inmediata en los diálogos de paz?

Vamos a ganar, con el apoyo de todos los colombianos que queremos dar una oportunidad para la paz, y vamos a poner el acelerador a las negociaciones para que tengamos un acuerdo final ojalá este año. El otro escenario, mejor ni imaginarlo.

¿Por qué? ¿Cómo cree que sería?

Echar para atrás. Por ejemplo, que nuestra agenda internacional nuevamente se concentre en terrorismo y narcotráfico, continuar la guerra otros 20 años y continuar el atraso, excluyendo a los más pobres. Sería muy triste.

¿Esperaría un gobierno de venganza en su contra?

Pues ya José Obdulio Gaviria me amenazó con un juicio penal, criminal y ejemplarizante el 7 de agosto. Es una actitud que también quiero cambiar: esa cultura de odio y de división, por una de esperanza y de paz.

¿Y se dedicará a hacer oposición a Zuluaga o se hará a un lado?

Cuando deje la Presidencia dentro de cuatro años, lo he dicho siempre, mi sueño es dedicarme a la cátedra. Y tengan la seguridad de que seré un expresidente respetuoso de mis sucesores, que los dejaré gobernar en su tiempo como yo goberné en el mío.

Más allá de la reelección, ¿existe el santismo?, ¿será una corriente política de largo aliento?

Mi apuesta es por la fortaleza de las instituciones y no por el caudillismo. Me basta con poder dejar un legado de paz y de equidad social para todos los colombianos.

A estas alturas, con lo que dice haber hecho, ¿ya se considera un traidor de su clase?

Algunos me consideran traidor de mi clase, aunque yo no lo veo así todavía. Lo que siempre he tratado de decir, recordando a Kennedy, es que nadie se puede sentir rico rodeado de pobres.

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