México: tras más de 27 años, PEMEX deja de ser accionista de Repsol

Petróleos Mexicanos (Pemex) puso fin a sus más de 27 años como accionista de la petrolera española Repsol con una notificación a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), en la que se confirmó que la paraestatal mexicana se retira de la multinacional ibérica después de varios fracasos por aumentar su influencia en la gestión empresarial y sufrir dos severos golpes del presidente de Repsol, Antonio Brufau.

Pemex puso a la venta 7.86 por ciento del total de sus acciones, que representa 9.49 por ciento del total del consorcio, lo que supondrá su salida del consejo de administración y su presencia testimonial en una de las empresas de hidrocarburos europeas con mejores resultados.

Pemex en México no quiso dar ninguna información hasta que la operación culmine en un lapso de 12 horas porque está impedida legalmente, debido a que la transacción financiera sigue su curso.

Tal como publicó La Jornada los pasados 6 y 7 mayo, la crisis abierta entre los directivos de Pemex, liderados por Emilio Lozoya, y los ejecutivos de Repsol, con Brufau a la cabeza, ya era irreversible y, ante la incapacidad de los gestores mexicanos de llevar a buen puerto todas sus iniciativas y estrategia para aumentar su poder en el consejo de administración y en la gestión de la empresa, había decidido poner a la venta sus acciones.

Buena cotización

Un mes después la operación se formalizó a través de un hecho relevante notificado por la propia Repsol a la CNMV, que coincide con un buen precio de la acción en el mercado bursátil, de 20.63 euros frente a los 19.92 euros que costaba en 2011, cuando Pemex desembolsó mil 122 millones de euros para adquirir un paquete accionario de 4.8 por ciento de la multinacional española.

La notificación difundida por Repsol antes de que cerrara el mercado bursátil informaba que Citigroup Global Markets Limited y Deutsche Bank (las entidades colocadoras) realizan por cuenta de Petróleos Mexicanos (Pemex) y PMI Holdings B.V. una colocación privada entre inversionistas calificados de un paquete de 104 millones 57 mil 57 acciones de Repsol SA (las acciones), representativas de 7.86 por ciento de su capital social. Esto supone que Pemex se quedará con 1.62 por ciento de las acciones, lo que en ningún caso le permitirá mantener un sillón en el consejo de administración, que a partir de ahora estará controlado por la entidad financiera La Caixa, la constructora española Sacyr y un fondo de inversiones de Singapur.

La información oficial añade que la venta de las acciones se llevará a cabo mediante un procedimiento conocido como colocación acelerada, lo que supondrá que a partir de mañana mismo Pemex ya no tendrá en su poder esas acciones y que cuando finalice el proceso de venta se hará público a través de un nuevo hecho relevante.

Si se toma como referencia el precio de hoy de la acción de Repsol, Pemex podría obtener 2 mil 171 millones de euros. Es decir, que dejará de ser el tercer accionista y abandona de golpe un proyecto que tanto la anterior dirección de la paraestatal, de Juan José Suárez Coppel, como la actual de Emilio Lozoya situaron como estratégica.

La presencia de Pemex en Repsol se remonta a 1987, es decir, en el origen de la constitución de la multinacional española tras una serie de fusiones de compañías petroleras que dieron origen a la actual multinacional. Fue una operación que llevó a cabo el gobierno del presidente Miguel de la Madrid, pero que culminó, a principios de la década de los 90, su sucesor en el cargo, Carlos Salinas de Gortari, quien justificó el desembarco de Pemex en una petrolera española con el afán de acceder a nueva tecnología que garantizara una mejor exploración y explotación de los recursos naturales mexicanos.

Durante varios lustros Pemex tenía 5 por ciento de las acciones, lo que, sin ser uno de los socios de referencia, le permitía participar de las decisiones del consejo de administración y conocer de primera mano las principales estrategias de Repsol en América Latina, que en poco tiempo expandió sus tentáculos en Chile, Argentina, Perú, Colombia y Brasil, sobre todo. De hecho, en 1999 Repsol adquirió 97.7 por ciento de los Yacimientos Argentinos (YPF), que años después le fueron expropiados, pero ello le permitió descubrir y ser partícipe del importante yacimiento de Vaca Muerta.

La relación entre Pemex y Repsol fue relativamente pacífica hasta 2011, cuando el anterior equipo directivo de Pemex, liderado por Juan José Suárez Coppel y con el beneplácito del entonces presidente de México Felipe Calderón, inició una operación para derrocar al actual equipo gestor de Repsol. Para ello se aliaron con la constructora Sacyr y su entonces presidente, Luis del Rivero, en un pacto secreto que salió a la luz pública en medio de la batalla y que establecía el compromiso de ambas empresas de comprar 5 por ciento más cada una de las acciones de Repsol para aumentar su poder en el consejo de administración y elegir un nuevo equipo directivo que, entre otras cosas, repartiera dividendos de las acciones.

La operación fue un fracaso estrepitoso. Tras la compra de las acciones e intentar cambiar el equilibrio en el consejo de administración, las maniobras de Brufau fueron más efectivos y lograron no sólo fortalecer su poder en Repsol, sino además se aprobaron nuevas normas en las que se incluían varios artículos en los que se abría la puerta a la expulsión de Pemex y Sacyr por deslealtad accionarial. Además, Luis del Rivero fue defenestrado de la presidencia de Sacyr y Pemex se quedó sin aliados y, lo más grave, fue exhibida su fobia a la manera de gestionar la empresa del empresario catalán Brufua.

El cambio de gobierno en México y la llegada de Enrique Peña Nieto, que nombró a Emilio Lozoya director de Pemex, no varió en gran medida los proyectos estratégicos de Pemex en España. De hecho compró por 90 millones de pesos los artilleros gallegos Hijos de J. Barreras, a los que además le encargó contratos millonarios para la construcción de dos floteles. Mientras la estrategia de Lozoya en Repsol se tornó más agresiva y comenzó por expresar abiertamente sus críticas a la forma de gestionar la empresa de Brufua, mientras el empresario catalán conseguía en cada consejo de accionistas el aplauso casi cerrado por los brillantes resultados de la empresa en una época de crisis.

Lozoya y su hombre fuerte en Repsol, Arturo F. Henríquez Autrey, intentaron maniobrar con varios empresarios para defenestrar a Brufau del cargo o, al menos, nombrar un consejero delegado de su gusto. Pero en el consejo de administración del pasado 30 de abril Brufau sorprendió a todos con el nombramiento de un nuevo consejero delegado, Josu Jon Imaz, y la aprobación de unos estatutos nuevos que garantizaban que en el futuro Repsol no disgregaría sus dos negocios principales: exploración y producción, como exigía Pemex. Fue el segundo y definitivo fracaso de Pemex en Repsol.

En su momento, el gobierno de Felipe Calderón calificó esta operación de ser una inversión estratégica y consideró que era el primer paso para la internacionalización de la petrolera nacional.

Esta operación, realizada durante la administración del presidente Felipe Calderón y reiteradamente defendida por el entonces director general de Pemex, Juan José Suárez Coppel, fue financiada en su mayoría con deuda y sin la autorización del consejo de administración de Pemex, máximo órgano de gobierno de la paraestatal.

Al 31 de marzo de 2014 Pemex mantenía tres instrumentos financieros denominados equity swaps con instituciones bancarias sobre 67 millones 969 mil 767 acciones de Repsol, por las que Pemex tiene los derechos económicos y de voto adicionales (aproximadamente 5.13 por ciento del patrimonio de Repsol).

Al cierre del primer trimestre de este año la tenencia de Pemex sobre las acciones de Repsol, junto con los derechos económicos y de voto adquiridas a través de los equity swaps, equivalen a 9.30 por ciento del derecho económico y de voto en Repsol. Adicionalmente, Pemex mantiene una acción de Repsol mediante PMI SES.

http://www.jornada.unam.mx/2014/06/04/economia/023n1eco