El nuevo mandato del doctor Santos – Diario El Mundo, Colombia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La ceremonia de posesión de ayer dio cierre a los actos en los que el doctor Juan Manuel Santos señaló las metas con que busca que su Gobierno sea reconocido como fundador de la transformación progresista del país y él como estadista digno de figurar junto a los gobernantes progresistas en el mundo. El discurso de posesión explica el encuentro de la Tercera Vía, realizado el primero de julio pasado en Cartagena, y su discurso en la posesión del Congreso, que obvió la rendición de cuentas para indicar el rumbo de su nuevo cuatrienio.

Como lo demostró en la invitación que le hizo a Valledupar el 6 de diciembre del año pasado y en la pasada reunión de Cartagena, el doctor Santos reconoce en Tony Blair a un amigo y compañero de camino. Él, que rompió con la emblemática figura de Margaret Thatcher para forjar nuevos rumbos económicos y aceptar el interés del Ira por negociar un acuerdo de paz para el Ulster, fue norte para el primer gobierno Santos. Así, fue claro en la posesión, se mantendrá en este nuevo período.

En la posesión, el presidente marcó distancia con su discurso de campaña sobre el proceso de negociación con las Farc y abrió el paso a posturas más realistas, que recogen los avances de la mesa sin ocultar que aún están por resolver temas de la mayor importancia, como el tratamiento a las víctimas y la dejación de armas. La enunciación no ocultó que está decidido a luchar por el éxito de la negociación iniciada con esa guerrilla y a trabajar porque el Eln tome igual camino. Dado que anuncia que “¡voy a emplear todas mis energías en cumplir con ese mandato de paz!”, quedan abiertos interrogantes sobre las implicaciones prácticas de la notificación, “Señores de las Farc: ¡están advertidos!”, para que cesen sus ataques contra la población y la infraestructura. No tan difusa, y sí tan esperanzadora como lo fue en la instalación del Congreso, es la ratificación de voluntad de reconocer los derechos de las víctimas, garantizándoles verdad, justicia, reparación y no repetición.

Los estadounidenses cuidan como su principal tesoro, la memoria de los Padres Fundadores: George W. Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln, y del presidente que en el siglo XX convirtió la peor crisis económica en oportunidad para ponerle corazón al capitalismo, el demócrata Franklin Delano Roosevelt. De aquellos recoge su llamado a la Unidad a través de “un pacto social”, de este, sus raíces liberales, a través de “re-imaginar el contrato social que hemos heredado”, para el que propone trabajar por el desarrollo económico fundado en la equidad como base de la paz.

Al asumir su Gobierno ofreciendo al pueblo estadounidense el “Sí podemos” (“Yes, We can”), el presidente Obama señaló la reforma a la salud como gran propósito; con el lema “podemos hacerlo, ¡lo vamos a hacer!”, el doctor Santos fijó el tercer gran pilar de su Gobierno: “ser el país más EDUCADO de América Latina en el 2025”, un proyecto que confirma la intención de formar una visión de muy largo plazo que refunde un país reformista, que promueva la inversión privada, la equidad, la descentralización y una paz incluyente. Una vez más, señaló su aspiración de equipararse con estadistas como John F. Kennedy, y una de sus frases más conocidas “no pregunten qué puede su país hacer por ustedes sino qué pueden ustedes hacer por su país”, al desterrar el “cómo voy yo” y abrir la pregunta sobre “Qué capacidades… qué tiempo… qué energía estoy dispuesto a ofrecer para lograr esta visión, para que nuestros hijos puedan vivir en este país”.

Poco queda del Juan Manuel Santos de 2010. Su distancia con el uribismo, avalada en las urnas el pasado 15 de junio, explica, que no justifica, la rebelión de la bancada del Centro Democrático al no asistir a la posesión presidencial. El hecho impone justificados interrogantes sobre las diferencias entre la necesaria y valiosa oposición y la arrogante increpación a las instituciones que sustentan esta democracia, tal vez débil e imperfecta, pero resultado de los esfuerzos de las generaciones que la han defendido de las amenazas extremistas que han pretendido minarla.

Como al doctor Santos, nos guía el espíritu liberal que ha trabajado por un país “en paz, con equidad y educado”. Hemos reconocido su gobierno democrático y los avances en equidad de los primeros cuatro años y valoramos el intento de buscar un acuerdo con las guerrillas, pero no dejaremos de expresar nuestras inquietudes cuando veamos que las decisiones se toman más con el deseo que con la razón. En este mandato, como sucedió con su primer gobierno, seguiremos cumpliendo con nuestro deber periodístico de seguir al Gobierno con independencia crítica, apoyando sus logros, señalando con oportunidad sus falencias y defendiendo el debate que nutre la democracia.

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