Entrevista a Pedro Brieger, director de Nodal – El Telégrafo (Ecuador)

El presidente de la agencia china Xinhua, Li Congjun, planteó que las agencias de prensa del Brics deberían mejorar su cooperación para contrarrestar la presencia de monopolios mediáticos. ¿Es necesario?

Es necesario porque la información aún está hegemonizada por las grandes agencias de noticias norteamericanas y europeas: EFE de España; Ansa de Italia; AFP de Francia; o Reuters de Reino Unido, y algunos diarios que son muy importantes al marcar agenda, como El País o ABC de España. Desde Nodal tratamos de informar lo que ocurre, con la visión e información que circula en la región. Entonces, el desafío para los países del Brics es coordinar para que en Brasil se enteren de lo que ocurre en Rusia o la India, sin tener que pasar por Europa.

¿Qué tan fácil es para una agencia latinoamericana que los medios de la región reproduzcan sus propias noticias?

Es difícil porque venimos de una tradición muy fuerte de la influencia europea y estadounidense de la información. Cuando uno abre la prensa ecuatoriana, por lo general, hay una presencia muy fuerte de EFE. Este es un proceso que implica cambiar la mentalidad de los periodistas y los jefes de redacción porque hoy tenemos una gran ventaja con respecto a generaciones anteriores, cuando la información que llegaba a las salas de redacción era directamente de las agencias sin la posibilidad de revisar los medios latinoamericanos, lo que hoy sí existe. En casos como las marchas estudiantiles de Chile, las grandes agencias de noticias por lo general difunden solo imágenes de violencia, pero tenemos múltiples medios alternativos que brindan información sobre las marchas gracias a Internet.

A pesar de esa facilidad para acceder a la información, ¿los medios de comunicación latinoamericanos hoy en día son más soberanos o qué falta para alcanzar ese estatus?

Creo que el concepto central es integración, eso es lo que falta porque la mayoría de los periodistas siguen venerando al New York Times y al Washington Post como si fueran la esencia del periodismo, a pesar de los errores gravísimos que han cometido. No olvidemos que el New York Times fue parte de la campaña que avaló la invasión a Irak en 2003 y dos años después pidió disculpas en su editorial.

El presidente Rafael Correa ha sido bastante crítico con respecto al rol de la prensa y defiende la existencia de una Ley de Comunicación. ¿Cuál es su lectura?

Está claro que en América Latina hay una disputa comunicacional y política muy importante. Creo que la línea divisoria hoy en día es bastante clara: existen los medios que se oponen a los gobiernos progresistas y que permanentemente critican a mandatarios como Rafael Correa, Cristina Fernández, Evo Morales, Pepe Mujica y Dilma Rousseff y resaltan rasgos autoritarios en estos presidentes, algo que no es recogido por los medios de comunicación que tienen mayor afinidad con estos gobiernos. Eso no parte de una objetividad periodística y ahí hay que ser claros, eso es parte de campañas políticas mediáticas porque la objetividad periodística no existe. La campaña que hubo entre febrero y marzo que se denominó ‘Todos somos Venezuela’, de 3 grandes conglomerados de diarios latinoamericanos con el objetivo de intervenir políticamente en Venezuela es el ejemplo, quizá más claro, de que los medios de comunicación están haciendo política, y no lo digo yo, lo dijeron ellos y nosotros reprodujimos en Nodal un comunicado en el que afirmaron sumarse a la campaña para derrocar al presidente Nicolás Maduro.

¿Es posible que en América Latina se vuelva una tendencia legislar el ámbito de la comunicación?

No es sencillo porque los medios de comunicación son actores políticos y quieren mantener un poder mediático político que estas leyes quieren contrarrestar. Cuando uno crea medios comunitarios lo que está haciendo es quitarle poder a esos medios. Y obviamente no podemos ser ingenuos: muchos medios de comunicación, especialmente los grandes diarios, viven de la publicidad del Estado, del Estado al que tanto critican y defenestran, y se quejan cuando no tienen esa publicidad. Obviamente, cuando los medios pequeños comienzan a recibir publicidad del Estado para sostenerse eso va en detrimento de los más grandes. Durante muchos años la torta publicitaria se dividió entre 5 o 10 actores, pero si ahora hay que repartirla entre 40 cada uno recibirá menos.

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