Santos modelo 2014 – Por Gerardo Szalkowicz

Cuesta creer que el Juan Manuel Santos modelo 2008, comandando el bombardeo que aniquilaba a 22 guerrilleros en Sucumbíos –violando la soberanía ecuatoriana–como ministro de Defensa uribista, sea el mismo que arrancó este jueves su segundo mandato con altas chances de quedar en la memoria colectiva histórica como el presidente que logró poner fin al conflicto armado más largo de la región.

Evidentemente, el pragmatismo ha sido el rasgo principal en sus primeros cuatro años en la Casa de Nariño. Tras llegar al gobierno como candidato del ex presidente Álvaro Uribe, desplegó luego una constante búsqueda por sacarse esa mochila y desmarcarse de esa impronta de extrema derecha, militarista y entrelazada con el narcoparamilitarismo. Forjó así su fuerza propia con un perfil más moderado, enarbolando una suerte de “neoliberalismo con rostro humano” bajo la fachada de la Tercera Vía como sustento ideológico. También se despegó de su antecesor en las otrora relaciones beligerantes con sus vecinos Venezuela y Ecuador, logrando una diplomática convivencia.

Pero el principal punto de ruptura, sin duda, fue cómo encaró el conflicto armado. Los Diálogos de Paz con las FARC –y el inminente inicio con el ELN–, se erigieron en el asunto transversal de su apuesta política, en la madre de todas las batallas. Y gracias a venderse como “el candidato de la paz” conquistó la reelección, imantando incluso el apoyo de sectores de izquierda.

Tras 20 meses de negociación con la guerrilla, y con tres de los cinco puntos acordados (desarrollo agrario, participación política y cultivos ilícitos), el proceso marcha a buen ritmo más allá de lógicos vaivenes y confrontaciones discursivas. Así y todo, se sabe que la recta final es la más espinosa: la discusión sobre las víctimas y el fin del conflicto no será sencilla. Y la principal premisa de la mesa, que impone que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”, también pone frenos al optimismo.

Pero sería injusto reducir el diagnóstico de su gestión al viraje político en estos planos. Su modelo económico marca la continuidad de políticas de corte neoliberal, que premian al sector financiero y a las multinacionales extractivistas y acentúan la dependencia de la exportación de minerales acorralando a los pequeños productores. El vaticinio de firmar cinco nuevos Tratados de Libre Comercio no hace más que ratificar el rumbo.

Otros “daños colaterales” del modelo son una salud y una educación al servicio de los capitales privados y una alta precarización laboral, mientras no se logra detener la persecución y el asesinato de dirigentes populares, sobre todo campesinos. Precisamente las organizaciones rurales e indígenas vienen siendo las impulsoras de las principales luchas contra estas políticas, protagonizando dos largos y masivos paros en el último año.

En cuanto a la política internacional, al margen del mejor espíritu diplomático, mantiene el carnal vínculo con Estados Unidos y es uno de los principales motores de la Alianza del Pacífico, el bloque de gobiernos conservadores alineados al Norte.

En resumen, el segundo período de Santos estará marcado a fuego por la posibilidad de clausurar una guerra que ya se cobró más de 6 millones de víctimas. Ese es su principal desafío y por lo que lo juzgará la historia. Más allá de si Colombia en 2014 sigue siendo uno de los países más desiguales del planeta.

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