Brasil 2014: Elección presidencial y sistema mediático – Por Amílcar Salas Oroño (especial para Nodal)

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Hay un elemento clave para comprender las características que ha asumido hasta el momento la campaña por la Presidencia en Brasil: la manera en cómo los principales vehículos de comunicación que intervienen sobre la agenda nacional (Red Globo, los diarios Estado de Sao Paulo y Folha de Sao Paulo, y otras revistas específicas, por ejemplo, las del Grupo Abril) han “instalado” a Marina Silva como candidata tras la muerte de Eduardo Campos. Pero por la misma forma “espectacular” de esta instalación, el resultado definitivo de la próxima elección presidencial puede llegar a traer una situación aún más debilitada para las actuales oposiciones políticas al Partido dos Trabalhadores (PT).

Sistema mediático y discursos de las elites.

Hay que tener en cuenta que durante los últimos diez años estos medios de alcance nacional se han posicionado de forma reiterada y significativa en oposición a los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff: como sustitutos o complementos de los espacios políticos institucionales cumplieron, por momentos, un rol “partidario” de resguardo para algunas posiciones de privilegio frente a una agenda de cambios, como descarga discursiva de ciertas elites. Tomando como indicadores los titulares de la prensa gráfica o la presentación de contenidos de los noticieros televisivos, varios estudios académicos han registrado y expuesto las diversas formas de “sobreexposición” de noticias negativas – por sobre las positivas- que estos medios han usado para transmitir aspectos de la realidad económica, política y social del país, condicionando la predisposición motivacional consecuente del ciudadano en relación al gobierno (federal).

Al margen de ciertas excepciones puntuales de tal o cual nota de opinión, recuadre temático, flash informativo o columnista invitado, el tenor general ha sido el de las presentaciones tendenciosas. Una circunstancia que venía repitiéndose en los últimos meses aunque con un poco de escepticismo, habida cuenta las dificultades que exhibían las candidaturas opositoras para impedir un seguro triunfo de Dilma Rousseff. Lo que la muerte de Eduardo Campos trajo como determinación al escenario político fue la posibilidad de vigorizar las propias expectativas opositoras. Estas volvieron a articularse a partir del uso exagerado – y ciertamente desprolijo- de un recurso muy íntimo del “sistema mediático”: las encuestas electorales.

Encuestas de opinión y caudal político

En una serie de tres muestras – Datafolha (15/08)/Ibope(26/08)/Datafolha (29/08) –, con sólo 14 días de diferencia entre la primera y la tercera, sólo 14 días, Marina Silva logró no sólo plantarse como presidenciable sino también traspasar las intenciones de voto de Aecio Neves y, en principio, colocarse como principal favorita para la segunda vuelta. Un recorrido veloz, basado en la “centralidad” argumentativa de las encuestas. No si conseguía nuevos apoyos en la sociedad civil o mejores compromisos con otros actores políticos, ni si se mostraba con una capacidad de respuesta más convincente que los otros opositores: la fuerza de su confirmación estuvo sostenida, desde el inicio, en la secuencia de encuestas, divulgadas de la forma más “espectacular” posible – “fantástica”, para usar una expresión cara a la Red GLOBO – de forma tal que la próxima (encuesta) fuera, también, una continuación in crescendo del “nuevo momento político que vive el país”.

Es importante tener en cuenta que Marina Silva, más allá de su propia biografía, hace su aparición en esta elección a partir de este recurso, lo que puede traer, quizás, versiones distorsionadas sobre su verdadero caudal político; sobre todo si se considera que, por ejemplo, en los diseños de las muestras – tal como fueron registradas en el Tribunal Superior Electoral – para la región del Nordeste brasileño, compuesto por 9 Estados, sólo se haya tomado casos en uno solo, Pernambuco, de donde era, precisamente, Eduardo Campos.

Competencia partidaria y capilaridad social

Falta bastante tiempo todavía como para saber cómo será el resultado de una de las campañas presidenciales más “espectaculares” de los últimos tiempos, aunque el sistema mediático quiera definirlo lo antes posible. Es cierto que una candidatura con origen popular como la de Marina Silva supone un salto cuantitativo importante respecto de las propuestas presentadas en las tres elecciones anteriores por el opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB); un partido que, de no entrar a la segunda vuelta, podría dejar de ser uno de los polos de la competencia política brasileña tal como lo ha sido desde 1994 hasta la fecha.

Pasado el momento de “instalación”, y cuando ya empieza a verse el estancamiento de la “espectacularidad”, es de suponer que el Partido dos Trabalhadores retome la iniciativa de la campaña electoral. Siendo el principal partido político brasileño es, también, el que cuenta con una mayor capilaridad social (no sólo por las 559 intendencias que controla, sino por la extensión organizativa y federal del partido), factor determinante al momento de disputar las interpretaciones y los mensajes circulantes, provenientes, entre otros, de los medios de comunicación.