Cristina Fernández alertó que los “fondos buitre” ejercen terrorismo económico

Como se esperaba, el eje del mensaje presidencial pasó por la disputa contra los buitres, a quienes acusó de buscar desestabilizar la economía. También le apuntó a Estados Unidos y volvió a reclamar la reforma del Consejo de la ONU.

“En tiempos de buitres económicos y halcones de la guerra necesitamos más palomas de la paz para construir un mundo más seguro, necesitamos más respeto al derecho internacional, necesitamos más igualdad de tratamiento entre los que estamos aquí sentados”, dijo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al hablar ante la 69ª Asamblea General de las Naciones Unidas. Unió así los principales ejes de su discurso: el vinculado con la disputa con los holdouts, que es el tema de mayor importancia en el plano interno; la amenaza de grupos extremistas y las formas usadas para combatirlos, el asunto que prima en el internacional, y la necesidad de reformar el sistema de Naciones Unidas para evitar la hegemonía de las grandes potencias. Sobre los fondos especulativos, afirmó que actúan como verdaderos desestabilizadores de la economía y agradeció al organismo internacional la votación por la que se resolvió la creación de un marco regulatorio para la reestructuración de las deudas soberanas, “para que a ningún otro país le pase lo que le está pasando a la Argentina”. Al hablar de terrorismo, mencionó al ataque sufrido contra la sede de la AMIA y planteó dudas sobre el financiamiento de esas organizaciones y las herramientas con las que se intenta desarticularlas, cuestión que reiteró después en una reunión en el Consejo de Seguridad (ver aparte). Luego, reiteró el reclamo de que se cumplan las resoluciones que instan al Reino Unido a sentarse a dialogar sobre la soberanía de las islas Malvinas. El hecho de que este planteo sea desestimado sin siquiera ser discutido fue uno de los ejemplos utilizados para insistir en la necesidad de democratizar el funcionamiento del organismo internacional.

CFK fue la oradora número 16 de la Asamblea General. La jornada la inició, como es tradición, Brasil, con el discurso de Dilma Rousseff y la siguió Estados Unidos con Barack Obama. La Presidenta estuvo acompañada por su comitiva. En el lugar correspondiente a la Argentina se ubicaron el canciller Héctor Timerman; el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini; los diputados Eduardo “Wado” de Pedro y Andrés Larroque, el secretario de Comunicación Pública, Alfredo Scoccimarro, y José María del Corral, el coordinador del programa promovido por el Papa de Scholas Ocurrentes que, al igual que en la reunión con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, tenía puesto un guardapolvo. El resto de la delegación escuchó el discurso desde un palco ubicado al costado de la renovada sala de la Asamblea General. Después de un par de años en los que la reunión de los presidentes del mundo se hizo en un sitio provisorio, este año los jefes de Estado volvieron a hablar en el majestuoso recinto principal, que tiene alfombras verdes y una pared dorada con el logo de las Naciones Unidas y que de lejos parece una nave espacial retro. La embajadora argentina ante Naciones Unidas, Marita Perceval, que presidía la Asamblea en ese momento (Argentina tiene actualmente la vicepresidencia del organismo) fue la encargada de darle la palabra a CFK. La anunció con una sonrisa cómplice.

Los buitres, como se esperaba, fueron el tema principal del discurso. La Presidenta comenzó agradeciendo a la Asamblea por la decisión del 9 de septiembre pasado, en la que por 124 votos contra 11 rechazos y 41 abstenciones se resolvió la creación de un tratado para regular las reestructuraciones de las deudas. Lo mencionó además, como una muestra de verdadera democracia multilateral, en contraposición con las decisiones que se toman en el Consejo de Seguridad, donde cinco países tienen poder de veto (Estados Unidos, Inglaterra, Francia, China y Rusia). “Creo sinceramente que gran parte de los problemas que hoy tiene el planeta, en lo económico y financiero, en materia de terrorismo y de seguridad, en materia de fuerza e integridad territorial, en materia de guerra o de paz se debe precisamente a la ausencia de una multilateralidad efectiva, concreta y democrática”, dijo.

La Presidenta habló de tres temas en los que cree que la Argentina se ha convertido en un leading case (caso testigo): en materia económica financiera, en materia de terrorismo y seguridad y también en materia de fuerza e integridad territorial.

Recordó en varios pasajes de su discurso al ex presidente Néstor Kirchner. Lo hizo, por ejemplo, para explicar la salida del default de 2001 y la reestructuración de la deuda realizada por él y luego por ella misma. “Con un modelo de desarrollo y crecimiento, pudimos no solamente generar millones de puestos de trabajo en un proceso de inclusión social sin precedentes, que nos hizo reducir la pobreza y la indigencia y que el propio Fondo Monetario Internacional reconoce, que el crecimiento económico realizado por la Argentina entre el año 2004 y 2011 es el tercero, a nivel global, en calidad de crecimiento”. Reiteró en ese marco que el país ya pagó, desde 2003 hasta hoy, 190 mil millones de dólares.

Dijo que en ese contexto los fondos buitre “amenazan y hostigan con acciones sobre la economía de nuestro país, provocando rumores, infamias y calumnias desde lo personal hasta lo económico y financiero, de modo tal de actuar como verdaderos desestabilizadores de la economía, casi una suerte de terrorismo económico y financiero. Porque no solamente son terroristas los que ponen bombas, también son terroristas económicos los que desestabilizan la economía de un país y provocan pobreza, hambre y miseria, a partir del pecado de la especulación”. Siguiendo el razonamiento, volvió a vincular a los buitres con el terrorismo, pero esta vez desde las consecuencias de sus acciones. Señaló que “un equilibrio económico y financiero que ataque las desigualdades económicas y sociales entre los países y adentro de cada una de las sociedades va a ser también un gran antídoto contra aquellos que reclutan jóvenes. Porque no tienen esperanzas, porque no tienen futuro y los enrolan en cruzadas locas que luego todos tenemos que lamentar. No podemos solamente ver la superficie de los fenómenos, tenemos que adentrarnos profundamente en las causas que movilizan”.

Al referirse al ataque contra la AMIA, habló del constante reclamo que tanto el ex presidente Kirchner como ella hicieron a Irán para que colabore en la investigación de atentado y afirmó que eso se tradujo en el memorándum de entendimiento, pero criticó a la dirigencia de las organizaciones de la comunidad judía que luego de acompañar las quejas contra Irán rechazaron el acuerdo y a sectores dentro de Estados Unidos que, alentados por los buitres, acusaron al gobierno argentino de “complicidad” con el régimen de Ahmadinejad. “Ahora nos enteramos de que los cancilleres de Estados Unidos e Irán se reunieron aquí y son aliados en la lucha contra ISIS (la organización Estado Islámico)”, destacó. Aclaró que no criticaba el diálogo, pero se quejó del doble discurso de las potencias. En la misma línea, y al igual que otros presidentes latinoamericanos, CFK reclamó una reforma en el Consejo de Seguridad, en el que actualmente cinco miembros permanentes tienen poder de veto y ejercen su influencia en todas las decisiones.

Como ya es habitual, la Presidenta utilizó el ejemplo del reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas y el incumplimiento del Reino Unido de las resoluciones que lo instan a establecer un diálogo bilateral por este tema para dar cuenta de las deficiencias del multilateralismo y el doble standard con el que se mueven las potencias. “Allí nadie se preocupa, allí no hay ningún veto del Consejo de Seguridad. Mientras esto suceda, mientras valga más el voto de los cinco permanentes que estén sentados en el Consejo de Seguridad, que el voto de la Costa de Marfil o de Ghana o de Kenia o de Egipto o de Uganda o de Argentina o de Bahrein o de Emiratos Arabes, nada se va a solucionar. Solamente serán discursos que daremos acá todos los años sin que arribemos a ninguna solución”. Por eso arengó a la Asamblea General a “retomar los poderes que ha delegado” en el Consejo: “Debemos rescatar que esta Asamblea, la soberana, la de Naciones Unidas, donde cada uno de nosotros valemos un voto, es la verdadera democracia global. Cuando esta democracia global se cumpla a rajatabla, no digo que se va a solucionar absolutamente todo, pero creo que va a haber principios de solución”.

Página 12