Discurso del Presidente de la República de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, ante la Asamblea General de la ONU

“Señor Presidente, señor Secretario General, señores Jefes de Estado y de Gobierno, distinguidos delegados, señoras y señores:

Quiero, en primer lugar, expresar las felicitaciones del Gobierno colombiano al ministro Kutesa por su elección como Presidente de la Asamblea General, y manifestarle que Colombia comparte su empeño en promover una agenda de desarrollo post 2015 que atienda los desafíos actuales de la humanidad.

El centro de esa Agenda deben ser los Objetivos de Desarrollo Sostenible, recientemente aprobados luego de un proceso de negociación abierto, transparente e inclusivo.

Señor Presidente, respetados delegados:

En un mundo lleno de malas noticias, de guerras, de terrorismo, de enfermedades, quisiera traer a esta Asamblea una luz de esperanza: la esperanza de alcanzar la paz en Colombia después de un conflicto de más de medio siglo.

Si logramos esto —que los colombianos hemos buscado sin éxito por tanto tiempo— entonces habrá una esperanza para la paz en cualquier lugar del mundo, por difíciles que las cosas se vean ahora.

Y hoy puedo decir a la comunidad internacional que estamos más cerca que nunca de lograr esa paz.

El proceso que adelantamos en La Habana desde hace dos años con la guerrilla de las FARC ha sido serio, realista, digno y eficaz, y tiene avances concretos.

Pactamos una agenda de 5 puntos sustantivos, de los cuales ya hemos logrado acuerdos sobre 3: el desarrollo rural integral, la participación política y el problema de las drogas ilícitas.

En desarrollo rural acordamos hacer inversiones para el campo como nunca antes, trabajar para que los campesinos sin tierra tengan acceso a ella, y generar mayor bienestar para las familias campesinas.

En participación política lo que buscamos es muy sencillo: ampliar nuestra democracia para construir la paz e impulsar la participación ciudadana, y que se rompa para siempre el vínculo entre política y armas.

En cuanto al problema de las drogas ilícitas, hemos acordado seguir desmontando las estructuras mafiosas del narcotráfico, impulsar un gran programa nacional de sustitución de cultivos y desarrollo alternativo, y tratar el problema del consumo desde un enfoque de salud pública.

Dentro de lo pactado está el compromiso de las FARC de contribuir de manera contundente a la solución definitiva del problema de las drogas ilícitas, y a poner fin a cualquier relación que hayan tenido con este fenómeno.

Una Colombia sin coca y sin conflicto era un sueño imposible hace apenas unos años o décadas. Hoy puedo decirles que es una posibilidad real. ¿Se la imaginan?
Estamos ya asumiendo la discusión de los dos últimos puntos sustantivos: víctimas y el fin del conflicto.

Esta guerra ha dejado millones de víctimas, que nunca habían sido escuchadas, y que ahora están en el centro del proceso.

Trabajamos por la satisfacción de sus derechos a la justicia, a la verdad, a la reparación y a la no repetición. Pero trabajamos —sobre todo— para que no haya más víctimas.
En un hecho sin precedentes —creo que en la historia del mundo—representantes de las víctimas están exponiendo su situación, su dolor y sus expectativas ante los propios negociadores del Gobierno y la guerrilla.

¡Porque las víctimas son las protagonistas y principales beneficiarias de la paz que buscamos!

Constanza Turbay, que representa el valor y la valentía de nuestras mujeres y que perdió a casi toda su familia a manos de la guerrilla, tuvo la oportunidad de mirar a sus victimarios a los ojos y recibir de ellos las manifestaciones de un arrepentimiento sincero. En sus propias palabras, las víctimas están “cambiando su dolor por la esperanza de paz”.

Juanita Barragán, otra mujer que pasó varios años de su infancia en las filas de las FARC, pudo decirles en La Habana a sus antiguos jefes: “Por favor, no acepten más niños para pelear su guerra”. Ella hoy quiere ser abogada y trabajar por la infancia.

¡Son tantos casos! ¡Tantas voces que hoy por fin se escuchan!

También hemos instalado una subcomisión —con participación inclusive de militares y policías en servicio activo— para que comience a analizar cómo se daría el proceso de cese al fuego bilateral y definitivo y de desmovilización y dejación de armas por parte de los guerrilleros, después de la firma del acuerdo final.

Así pues, puedo hoy dar parte a la comunidad internacional de que hemos logrado avances sustanciales en el empeño de Colombia por terminar el conflicto armado que nos ha afectado tanto, y que inevitablemente afecta la región y al mundo.

Cuando llegue el posconflicto tendremos inmensos desafíos para reincorporar a los desmovilizados, garantizar la presencia del Estado en las zonas afectadas por el conflicto, y garantizar la seguridad ciudadana. ¡Qué importante será entonces el aporte y concurso de la comunidad internacional, que desde ahora convocamos!

Quiero agradecer, en este escenario privilegiado, a tantas naciones y organismos multilaterales —especialmente a las Naciones Unidas— por su compromiso con el proceso de paz y su disponibilidad para ayudar en lo que sea necesario, no solo ahora, sino en la implementación de los acuerdos y la etapa del posconflicto.

Lo dije el 7 de agosto en mi discurso de posesión, al asumir el mandato para un segundo periodo como Presidente de Colombia, y lo repito hoy ante las naciones del planeta.
Mientras en el mundo proliferan los escenarios de conflicto, Colombia aspira a darle una buena noticia a la humanidad: ¡La noticia de que llega a su fin el último conflicto armado del hemisferio occidental!

Si tenemos éxito, como lo esperamos, estaremos listos a compartir nuestra experiencia con otros países. Estamos seguros de que nuestro caso se convertiría en un modelo y en un faro de esperanza para otros conflictos en el mundo.

En Colombia estamos buscando la paz porque nos duele el sufrimiento de nuestros compatriotas, no queremos más víctimas, ni mujeres ni niños en la guerra. Por eso entendemos el dolor y expresamos nuestra solidaridad con tantos pueblos que hoy sufren la guerra, que sufren atrocidades sin nombre, ante la impotencia —hay que decirlo— de la comunidad internacional.

No somos ajenos al sufrimiento de quienes habitan hoy en países como Siria, Iraq, Libia, el Sahel y Ucrania, y condenamos el terrorismo despiadado de ISIS.

No somos indiferentes al sufrimiento de tantas familias en Palestina y en Israel, víctimas de los enfrentamientos armados.

Y tampoco lo somos ante la pérdida de vidas por causa de epidemias como el ébola en África.

Al acercarnos al aniversario número 70 de la Organización, nos encontramos en un momento definitivo para la consolidación del sistema internacional que encarnan las Naciones Unidas.

El pleno respeto al derecho internacional y a los principios y propósitos establecidos en la Carta es fundamental para alcanzar soluciones duraderas que permitan superar los conflictos y avanzar en la satisfacción de las aspiraciones legítimas de la población.

En las confrontaciones se hace imperioso recuperar los principios éticos, fundamentales de la condición humana, y sacar a los niños, a las mujeres y a los civiles de esta tragedia.
Colombia privilegia la búsqueda de salidas políticas negociadas.

Hoy tenemos que hacer preguntas que no son retóricas sino reales: ¿Por qué hay gente que está contra la paz? ¿Por qué hay algunos que solo ven la guerra como salida?
Tal vez porque sin la guerra pierden su poder; porque se han acostumbrado a vivir de ella, se lucran de ella y no se imaginan su vida sin ella.

Tenemos que persuadir a los promotores de la guerra. Convencerlos de que ese no es el camino y convertirlos en promotores de la paz. Ya lo estamos haciendo en Colombia y debemos hacerlo en cada rincón del planeta.

Naciones Unidas es un organismo que se constituyó precisamente para prevenir los conflictos y buscar la paz.

Un combustible del conflicto en Colombia y en todo el mundo es, sin duda, el narcotráfico.

Colombia ha promovido una discusión seria, técnica y objetiva sobre los métodos y resultados de la llamada “Guerra contra las Drogas”, y ya tenemos algunos resultados a nivel hemisférico.

La semana pasada en la Asamblea extraordinaria de la OEA en Guatemala, logramos varios consensos sobre la posición hemisférica y adoptamos una resolución que muestra que podemos avanzar juntos en este tema.

Estos resultados nos llevan a estar más preparados para lograr avances en la Sesión Especial sobre las Drogas que ha convocado Naciones Unidas para el año 2016.

Señor Presidente, señores delegados:

El mes pasado, en las palabras inaugurales de mi segundo mandato, planteé a los colombianos una visión que será la guía de nuestras acciones.

Hacer de Colombia un país en paz, un país con equidad y un país que sea el más educado de América Latina para el 2025.

Esta es una visión que nos acerca —a la vez— a lo que serán los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el periodo posterior al año 2015: objetivos ambiciosos que traten las problemáticas más apremiantes de la humanidad en lo social, lo económico y lo ambiental.

El buen momento económico que atraviesa Colombia, los avances en los indicadores sociales, especialmente en la superación de la pobreza y la creación de empleo, y el mismo proceso de paz, nos permiten creer en la posibilidad de realizar esta visión.
Es esa Colombia que está venciendo la pobreza, que recuperó su territorio, que crece a los más altos niveles mundiales y que tiene políticas sociales exitosas para la equidad, la que está buscando la Paz.

Y yo me imagino para América Latina y el Caribe lo mismo que me imagino para mi país:

Que seamos una región en paz, con equidad y mejor educada.

Una región que haga la transición de economías basadas en recursos naturales a economías basadas en el conocimiento.

Una región donde el emprendimiento y la innovación sean motores del desarrollo.

Una región con empresas responsables social y ambientalmente, que trasformen nuestro futuro.

Como afirmé en el año 2010 en esta Asamblea, ésta debería ser la década de América Latina y el Caribe. Y reitero ahora, ante las naciones del mundo, un llamado a mi región — América Latina y el Caribe — para que mantengamos nuestro propósito.

Y a la comunidad internacional le hago un llamado ferviente para que pongamos todo lo que esté en nuestras manos —¡todo!— para que el sentido de humanidad venza la guerra.
Estamos perdiendo el norte cuando vemos las tragedias que sufre la humanidad sin que nos duela, sin que el mundo despierte y tome acciones decididas para solucionarlas.

No podemos perder la capacidad de asombro frente a la guerra.

¡Es hora de despertar! ¡Es hora de actuar!

Muchas gracias”.

http://www.cancilleria.gov.co/newsroom/news/palabras-del-presidente-juan-manuel-santos-ante-la-asamblea-general-la-organizacion