Ecuador: en cinco años, el desempleo cayó un 25%

Entre 2007 y 2013, 667 mil personas encontraron trabajo con ingresos superiores a la remuneración básica. Según la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades), las cifras permitieron que por primera vez la ocupación plena (52%, en 2013) supere al subempleo, que se sitúa en 43%. Además Ecuador cuenta con la tasa más baja de desempleo urbano en América Latina, que se sitúa en 4,9%.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) atribuye los logros a las políticas laborales, así como al incremento de trabajadores con ocupación apropiada y adecuada.

La Constitución de Montecristi, de 2008, constituyó la más importante reivindicación de los derechos de los trabajadores.

La norma, en el artículo 33, confirma al trabajo como un derecho y un deber social y económico. Es la “fuente de realización personal y base de la economía”.

Otro hito constituyó la Ley Orgánica del Servicio Público y su respectivo reglamento que establecieron una escala remunerativa justa al igual que otros beneficios: remuneración variable por eficiencia, bono de ubicación geográfica e incentivos para una carrera en el servicio público.

De esta manera, las políticas laborales terminaron con los salarios de miseria, con la tercerización laboral y el abuso del contrato por horas. De igual manera, actualmente 70 mil personas con discapacidad tienen empleo con salarios dignos.

El desempleo cayó un 25%, al pasar del 5,22% en junio de 2008 al 3,91% en junio de 2013. El país registró una inflación anual de 2,70% el año pasado y la ocupación plena creció en 8%.

Según el presidente Rafael Correa la política neoliberal convirtió al “trabajo humano en un instrumento de acumulación del capital, y en nombre de la competitividad precarizó las relaciones laborales”.

Durante los 7 años de gobierno, el Ejecutivo proclamó como principio fundamental del socialismo del Buen Vivir “la supremacía del trabajo humano sobre el capital”.

Políticas de seguridad social

La población económicamente activa afiliada a la seguridad social ascendió, pues pasó de 26% en 2007 a 43% en 2013. Sin embargo, el gobierno piensa ya en la seguridad social universal.

El pasado 1 de mayo, en el Día del Trabajador, el presidente Correa manifestó que durante su administración se eliminaron la tercerización laboral y el contrato por horas, y se dispuso la afiliación obligatoria de los empleados al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS).

El Seguro Social Campesino (SSC) invertirá $ 55 millones este año para repotenciar este servicio, que beneficiaría a más de un millón de afiliados.

Además se duplicó el salario básico, que pasó de $ 170 en 2007 a $ 340 este año. “Para nosotros el trabajo humano tiene supremacía sobre el capital”, resaltó Correa.

El mismo salario lo reciben las trabajadoras domésticas, quienes antes del gobierno actual percibían un salario de $ 80 y no contaban con afiliación al IESS.

Según el Ministerio de Relaciones Laborales, el trabajo digno y productivo es la vía más eficaz para acabar con la pobreza. Por eso 400 mil niños dejaron de trabajar en florícolas, bananeras, minas y basurales.

“No se olviden de cómo estaba la situación, hemos avanzado mucho aunque falta por hacer. No se olviden de que aquí mandaban todos, medios de comunicación, banqueros, etc. Ahora no, ahora mandan los humildes trabajadores de la patria. Con este Gobierno, con el nuevo Código, el poder lo tienen ustedes, compañeros trabajadores”, subrayó Correa.

Sin embargo, el gobierno ya trabaja en los desafíos hasta 2017. El objetivo es mejorar la ocupación plena, disminuir el subempleo y la informalidad, así como ampliar la cobertura de seguridad social y el porcentaje de hogares que cubren la canasta básica.

Ese criterio lo compartió el vicepresidente Jorge Glas, quien reconoció ayer los avances en la disminución de las tasas de desempleo, en el marco de un recorrido por la planta de Maquita Cushunchic, en Quito. Recordó que la clase media aumentó del 19% al 35%.

Por el avance en estos indicadores macroeconómicos y sociales, Glas enfatizó que el gobierno se plantea “el desafío de producir más y cosas nuevas”.

El Telégrafo