Educacion: La dialéctica de las incertidumbres – por Eduardo Camin

La educación de escasa calidad está dejando un legado de analfabetismo más grave de lo que se pensaba: uno de cada cuatro jóvenes, es decir, 175 millones de adolescentes, es incapaz de leer una frase sencilla. Casi dos tercios de los casi 800 millones de adultos iletrados son mujeres, un porcentaje que no ha mejorado desde 1990.
 Sin contar en esta ocasión los numerosos analfabetos llamados “funcionales” que no tienen hábito de leer y escribir en la vida diaria aunque han sido capaces de hacerlo en un determinado momento, por lo general al abandonar la escuela. La alfabetización constituye un derecho humano fundamental, intrínseco al derecho a la educación, reconocido hace ya más de 65 años .Si no detenemos a considerar otras cifras además de las del analfabetismo, comprobamos que mil millones de seres humanos viven por debajo del umbral de extrema pobreza.

El paralelismo entre estas cifras y los mil millones de analfabetos absolutos y funcionales salta a la vista; resulta inevitable concluir que el mapa del analfabetismo mundial y el de la pobreza coinciden. Si esta verdad afecta en primer lugar a los países pobres, no es erróneo suponer que los analfabetos funcionales de los países industrializados son casi siempre los desocupados y los excluidos de las grandes corrientes de la economía y las nuevas tecnologías. De ello se desprende que cualquier debate en torno a la enseñanza es meramente teórico si no se sitúa en un contexto más amplio que el de la simple pedagogía y el aprendizaje de la lectura y el cálculo.
Los economistas y los responsables de las políticas gubernamentales suelen coincidir
– por lo menos en su retorica – en que las inversiones en educación son muy rentables desde el punto de vista del crecimiento económico y el bienestar social. Pero la actual conducciónón económica globalizada hace vacilar a más de una iniciativa de alcance social. Con un cuadro sociopolítico y económico complejo y cargado de incertidumbres, la educación no está al margen de este contexto. Pero el sistema educativo de cualquier sociedad, es reflejo fiel de la política e ideología de los grupos gobernantes o de los partidos políticos en el poder.
Si una sociedad evoluciona, el sistema educativo tiende a evolucionar con ella; si una sociedad entra en crisis, muy pronto la escuela en particular, pero la enseñanza en todos sus niveles entra en crisis. Éste no es un fenómeno nuevo en la historia de la humanidad, el Medioevo, la época Feudal, el Imperio y la República, tuvieron su peculiar sistema educativo acorde con las ideas políticas imperantes en cada una de esas épocas.
Hoy hablamos de educación liberal, funcionalista o socialista en conformidad con la ideología y con las políticas de cada una de nuestras sociedades. El tipo de hombre que se busca en las sociedades capitalistas difiere profundamente del que se pretende para las sociedades socialistas. Señalamos particularmente este aspecto porque nos parece esencial para determinar los comportamientos humanos.
Ya que en una sociedad basada en el individualismo en ganar como sea y con quien sea, perpetúa la ideología de aquello que se pretende combatir. Enraizándose en toda su especificidad la consabida y maneada “pérdida de valores”, como un espejo natural acorde con el sistema social predominante basado en la cultura Shopping, el egoísmo e individualismo. Se cumple inexorablemente, tal como lo señalo Marx, “que la clase que en la sociedad detenta el poder, detenta también el control cultural y los aparatos educativos”.

Esto explica el porqué esos aparatos constituyen el campo de batalla que consolida el tipo de sociedad que se quiere reproducir y perpetuar. En ese sentido Fidel Castro advirtió con meridiana claridad política que “el objetivo del plan de perfeccionamiento del sistema educacional es el de adecuar la educación a la sociedad que estamos construyendo”

No hay ninguna duda en cuanto a que la educación desempeña un papel central en el progreso individual, social y económico, de los países en definitiva la educación es un valor estratégico, un asunto de Estado.
Por lo tanto creemos que este nuevo capítulo pone de relieve una vez más las contradicciones de los gobiernos de corte progresista, que surgieron en América Latina donde cada uno se vio en un momento u otro confrontado a las deficiencias de la educación; porque la realidad de su orientación económica netamente capitalista ha generado este giro de timón de una bitácora sin rumbo, en materia de educacion, que cuando menos desorienta.
Ya que la crisis del educador nace de la desazón que le produce el sinsentido de una actividad que cae en el vació. Y ante tanta dudas el enseñante se pregunta sobre la finalidad de su práctica, sobre su estatus, su identidad, sus motivaciones. No obstante, después de tanto camino recorrido, ríos de tinta gastados en ejes temáticos, lineamientos programáticos con tantas cuestiones conceptuales y prácticas allí vertidas y documentadas por los principales protagonistas del savoir para definir las prioridades educacionales, se vuelve hoy al punto de partida y a un volver a empezar.

La tan cacareada igualdad de oportunidades es otra de las falacias con la que se procura ocultar la ideología del sistema educativo. La igualdad de oportunidades supone que cualquier individuo no importa su condición (social, sexo, raza, etc.) con tal de que esté adornado con un mínimo de dones naturales y se empeñe y quiera, podrá escalar los últimos peldaños de la pirámide escolar y, en consecuencia, acreditarse para desempeñar las importantes posiciones con que la sociedad recompensa a los esforzados. La escuela democrática, se dice y se repite, sanciona el mérito de los individuos, independientemente de su procedencia social. La historia abunda en ejemplo de personas humildes que sobreponiéndose a todo tipo de dificultades lograron sobresalir como modelos acabados para las jóvenes generaciones. Pero la experiencia demuestra que en aquellos países pobres la estructura social que es causa de la injusticia de la miseria y de la pobreza, es también la causa de un sistema de enseñanza pobre e improductivo.

Es ciertamente preocupante que en aquellas sociedades con un sistema de educación “adelantado”, se acepten tan naturalmente formas tan simples y tan poco científicas de selección. Ante la verdad “probatoria” de un examen de admisión, tanto a los estudiantes afectados como a sus padres no les queda otra alternativa que aceptar la “incapacidad innata” la “carencia de dones” de su progenitor y, en consecuencia, la exclusión de grupo privilegiado de la sociedad. Cabría preguntarse entonces ¿por qué el fracaso escolar tiene que ser siempre atribuido al estudiante y no se achaca como fracaso de la escuela, es decir, de la sociedad y de los políticos?
La realidad es que basándose en las tendencias actuales, el informe presentado por la UNESCO calcula que hasta el 2072 no podrá vencerse el analfabetismo de las adolescentes más pobres de los países en desarrollo…

Eduardo Camin

Miembro de la Plataforma Descam Ginebra del Consejo de Redacción del Hebdolatino