Elecciones en Brasil y Uruguay tienen disputa básica semejante – Por Nicolas Chernavsky

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Cada país, en sus elecciones nacionales, entra en un alboroto absolutamente comprensible y provechoso, referente a la campaña y al debate electoral. Surge una infinidad de cuestiones específicas, con relación a proyectos, obras, programas, propuestas, casos de corrupción, principios ideológicos, morales, religiosos, etc. Sin embargo, cuando se observan las elecciones en los países en general, queda claro que, además de todo esto, existe un sustrato común a las elecciones, especialmente acentuado cuando se trata de países vecinos. En las elecciones de Brasil y Uruguay, que están ocurriendo casi simultáneamente, este fenómeno está bastante nítido, y nos permite percibir cuál es este sustrato común, que es la fuerza más influyente en las elecciones de forma global.

En las elecciones en Uruguay, ¿qué situación tenemos? Hace 10 años está en el comando del Estado, actualmente con el presidente José Mujica, el Frente Amplio (FA), partido político progresista, que reemplazó a partidos conservadores en la función. ¿Qué situación tenemos en Brasil? Hace 12 años está en el comando del Estado, actualmente con la presidenta Dilma Rousseff, el Partido de los Trabajadores (PT), partido político progresista, que reemplazó a partidos conservadores en la función. En ambos países, la situación económica y social mejoró intensamente en este período. En ambos países, los sectores más conservadores cuentan con el hecho de que ya hace una década o más el progresismo está en el poder, y por lo tanto, el discurso del “cambio” ya se puede hacer, siempre que los electores no se den cuenta de que este “cambio” seria del progresismo al conservadurismo.

Para intentar que los electores no se den cuenta de la posibilidad de que vuelva el conservadurismo, este sector del espectro político invierte en candidatos y candidatas que de alguna forma no parezcan conservadores. En Uruguay, el principal candidato conservador, Luis Alberto Lacalle Pou, del Partido Nacional, es relativamente joven, tiene 41 años, contrastando con los 74 años del candidato progresista, Tabaré Vázquez, del FA. En Brasil, el artificio utilizado para esconder el conservadurismo de la principal candidatura presidencial de los sectores más conservadores de Brasil, la de Marina Silva, del Partido Socialista Brasileño (PSB), es dar la impresión de que Marina no va a tener una base de gobierno en el parlamento brasileño. De esta forma, ella no necesitaría negociar con los políticos, y podría simplemente indicar la persona que a ella le pareciera más adecuada para cada cargo.

Por lo tanto, tanto en Uruguay como en Brasil, vemos que es esencial que los sectores más progresistas muestren las características conservadoras de las candidaturas de Lacalle Pou y Marina Silva, exponiendo cuál es la disputa más influyente en estas elecciones en los dos países. De un lado, el progresismo, con Tabaré Vazquez y Dilma Rousseff, con foco en la utilización del Estado para resolver las cuestiones que la sociedad todavía no consigue resolver sin él, como la educación y la salud masivas, la infraestructura energética y de Internet, la gestión ambiental, la seguridad pública, la investigación científica, el crédito habitacional, la moneda como medio de pago, entre otras. De otro lado, el conservadurismo, con Lacalle Pou y Marina Silva, con foco en la utilización del Estado para mantener privilegios económicos, políticos y culturales, con la excusa de que todo eso sería para el bien de la sociedad, lo que no es verdad.

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