En honor a Bartolina Sisa, la región conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena

Por Camila Parodi. El 5 de septiembre, en memoria del cruel asesinato de Bartolina Sisa, comandanta y cabeza del mayor levantamiento aymara contra la corona española, se celebra el Día Internacional de la Mujer Indígena. A 232 años de su muerte, las originarias de Nuestra América siguen su ejemplo de lucha, tesón y rebeldía contra la opresión.

Fue en el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América en Tiwanaku, Bolivia, realizado en 1983, que se estableció este día de conmemoración. En la actualidad, comunidades indígenas rinden su homenaje, por un lado, a la valentía de Bartolina Sisa, aguerrida indígena aymara que fue cruelmente torturada y ejecutada el 5 de septiembre de 1782 en La Paz, por pedir justicia y libertad para su pueblo junto a su compañero Tupac Katari. Y, por el otro, a las heroínas de la Coronilla, pequeño ejército de mujeres de Cochabamba, quienes ante la cobardía de sus esposos, padres e hijos, decidieron organizarse y armarse para enfrentar a las fuerzas realistas y defender sus casas, si bien sabían la desproporción que existía, lucharon y resistieron a la opresión de la Corona española durante la batalla en la colina de San Sebastián, el 27 de mayo de 1812.

¿Quién fue Bartolina Sisa?

Nacida en la comunidad de Q’ara Qhatu, el 12 de agosto de 1750 se dedicó desde niña al comercio de hoja de coca y de tejidos junto a sus padres. Al comenzar a realizar viajes comerciales por los pueblos andinos de joven, comienza a tomar conciencia de las injusticias que las autoridades españolas cometían sobre la población indígena.

Así Bartolina se casará con Tupaq Katari y junto con otros líderes indígenas como Tupaq Amaru II, Micaela Bastidas y los hermanos Katari encabezaran el levantamiento aymara- quechua entre los años 1780 y 1783 siendo el movimiento precursor de la independencia americana. Ella jugará un rol muy importante, destacado por su coraje y estrategia en todas las acciones de guerra, llegando al punto de que el mismo Tupaq Katari consulte con ella previamente sus acciones. Y asumirá con gran convicción el puesto de comandanta político-militar en la lucha por la emancipación de las comunidades. Esta insurgencia se replegará por las comunidades indígenas con la pretensión de poner fin a tantos años de opresión, esclavitud y muertes.

En mayo de 1781 el ejército aymara- quechua pretenderá la toma de la ciudad de La Paz. Será rodeada por meses y estará muy cercana a la victoria. Pero las tropas españolas pedirán refuerzos y harán correr rumores de que la resistencia indígena fue derrotada, ofreciendo a su vez indultos a quienes entreguen a sus líderes. Es en ese contexto que Bartolina será entregada por sus mismos compañeros cuando se dirigían al campamento de Pampajasi el 2 de Julio de 1781. Tupaq Katari intentará liberarla, pero en ese accionar será apresado, condenado y descuartizado públicamente en presencia de su compañera el 14 de noviembre de 1781, habían decidido dejarla viva hasta ese entonces para que esta pudiera servir de “carnada” de Tupaq.

Una vez asesinado Tupaq Katari, se condenará a Bartolina junto a su cuñada Gregoria Apaza, otra gran heroína aymara bajo la siguiente sentencia colonial: “A Bartolina Sisa, mujer del feroz Julián Apaza o Tupaj Catari, en pena ordinaria de suplicio, que sea sacada del Cuartel a la Plaza Mayor atada a la cola de un caballo, con una soga al cuello y plumas, un aspa afianzada sobre un bastón de palo en la mano y conducida por la voz del pregonero a la horca hasta que muera, y después se clave su cabeza y manos en picotas con el rótulo correspondiente, para el escarmiento público en los lugares de Cruzpata, Alto de San Pedro, y Pampajasi donde estaba acampada y presidía sus juntas sediciosas; y después de días se conduzca la cabeza a los pueblos de Ayo-ayo y Sapahagui en la Provincia de Sica-sica, con orden para que se quemen después de un tiempo y se arrojen las cenizas al aire, donde estime convenir. “

Bartolina y Gregoria serán torturadas y violadas. Ella en particular será exhibida desnuda sobre un burro en la plaza hoy llamada “Murillo” para luego ser ahorcada y descuartizada. Su cabeza fue exhibida en Jayujayu- Marka y sus extremidades fueron enviadas a Tinta- Marka, una comunidad situada en la actual República del Perú y a distintos lugares de los ayllus y caminos donde estuvo presente la lucha de liberación aymara, con el fin de que “indios escarmienten”. Sin embargo, desde ese entonces el espíritu insurrecto de Bartolina Sisa que tanto quisieron ocultar, se hace presente en las luchas por la emancipación de nuestros pueblos por parte de todas las mujeres indígenas.

La lucha de las mujeres indígenas en la actualidad

En diálogo con Marcha, Mayra Juárez integrante del Ciclo Reencuentros con Pueblos Originarios de la Universidad Nacional de General Sarmiento contextualizó la resistencia de las mujeres indígenas en nuestros días.

-¿Qué significa hablar de mujeres indígenas en el contexto en que nos encontramos?

-Creo que para pensar la mujer originaria en estos momentos hay que situar también los nuevos contextos en donde los pueblos originarios nos estamos moviendo, la ciudad. Pensar una identidad indígena en la ciudad atravesada por un montón de variables sociales económicas, culturales con la carga de discriminación, racismo, exclusión, desmembramiento social no es nada fácil. Menos aún pensar la identidad como mujer e indígena, ya que es una doble tarea. Hay que pasar por todo un proceso para llegar a pensarse como individuo femenino porque antes esta lo colectivo (familia, comunidad, incluso como trabajadoras). Por eso el pensarse como mujer originaria es un proceso que se está dando, se está construyendo y que lleva su tiempo.

-¿Cómo es la organización hacia adentro de los movimientos? ¿Qué rol ocupan las mujeres?

-El debate sobre el rol de las mujeres indígenas está empezando a ganar terreno, proyectos como el Monumento a la Mujer Originaria y la Marcha Nacional de Mujeres Indígenas en el 2015 son proyectos que en el ámbito simbólico y político tienen gran impacto para nosotras. Falta… Falta participación de mujeres en los ámbitos claves de decisión política, organismos gubernamentales, cargos jerárquicos. Hay hermanas pero falta más participación.

– ¿Crees que la participación política sigue siendo un rol masculino?

-Sí, el movimiento indígena no está ajeno en este tema, en los ámbitos de decisión claves son muy pocas mujeres. Es un trabajo dual, hacia nosotras por pensar nuestro género como base fundamental para la identidad de nuestros pueblos y de los hermanos por reconocer, en la práctica esa función. Para mí, para pensar la clave feminista dentro del movimiento indígena está en pensar el valor de la dualidad. En nuestros pueblos se valora y habla mucho de la reciprocidad es decir de la ayuda mutua: dar y recibir. La reciprocidad, el colectivismo, el comunitarismo son elementos importantes dentro de las cosmovisiones originarias. Pero hay poco debates sobre la dualidad.

-Es una dificultad desde el feminismo, que generalmente opera con el patrón de conocimiento occidental, comprender la construcción de las relaciones de comunidad sin una perspectiva que no sea entendida como contradicción o inclusive heteronormativa.

-Y sí, la mirada eurocéntrica es muy fuerte, incluso dentro del mismo movimiento indígena. Por eso, el pensar la dualidad y sobre todo, ponerla en práctica, es la clave para comenzar a pensarnos como originarias. Porque la dualidad implica pensar en complementariedad, en paridad, en equidad. Y en ese marco, la figura de la mujer es fundamental. Si no hay dualidad no hay equilibrio. Por eso el rol y protagonismo de la mujer es esencial para pensar ese equilibrio. Eso en el plano, filosófico. En el plano social esto se traduce en los diferentes roles que la mujer originaria cumple que son fundamentales, como trasmitir la lengua, las costumbres, es decir es transmisora de las culturas. Y en el plano político, cuando hablamos de derechos de las mujeres originarias hablamos de todas esas vetas. Es interesante el poder pensarnos como indígenas y como mujeres. Te empodera y te reafirma identitariamente aún más, porque una se da cuenta de la importancia de nuestro género para la lucha indígena. Admiro mucho a las hermanas que caminan hace rato y que orgullosamente muestran su identidad. Gladis Roa, Rosi Choque, Angelica Tena, Beatriz Alor, Verónica Carrasco.

-¿Y cómo se sostiene esa resistencia ancestral y ese rol propio de las mujeres a nivel organización en el territorio urbano?

-Son varias las prácticas, culturales, académicas, políticas, profesionales, espirituales. Por ejemplo Gladis Roa es una gran referente espiritual y cultural, dirige las ceremonias que realizamos, tiene una espiritualidad muy profunda. Verónica Carrasco es coplera, ella y su baja son inseparables. Y Beatriz y Angélica son profesionales, están ligadas a los ámbitos académicos, hacen una tarea de producción y difusión muy loable.

-Como dice el movimiento feminista: ¡Nosotras en todas partes!

-¡Sí! hay que ocupar espacios. Hay que trabajarlos también. Las que somos menos espirituales y culturales tenemos el desafío de aprender de eso que nos falta y así seguir sosteniendo la lucha.

-¿Y cómo se da la trasmisión de saberes y conocimientos?

-Gran tema. Creo que en los contextos urbanos es todo muy autodidacta. Una aprende armando sus propios recursos porque lo que sucede es que en el interior de nuestras familias, las lenguas, los cantos, las ceremonias, no se realizan. Es vergonzoso reconocerse como indígena. Por eso, las que salimos buscamos en el exterior eso que nos falta. En el contacto y diálogo con las hermanas. Nos pasamos desde recetas del mbjyu (comida guaraní) hasta consejos para nuestras vidas personales.

-Desde el encuentro, la salida es colectiva…

-Claro, por eso es importante el trabajo con las pares, entre mujeres, entre jóvenes, ya que el proceso de auto reconocimiento de una identidad indígena es muy doloroso. Vergüenza, negación, ocultamiento, ese es el comienzo necesario; pero lo bueno es que veo movimiento. Todavía falta mucho por hacer, pero las hermanas se están moviendo, nos estamos moviendo. Está pensada una marcha nacional para abril del año que viene, para entregar al Congreso de la Nación un Proyecto de Ley sobre el Buen Vivir y los Pueblos Originaros.

-¿Qué significa para vos como mujer indígena que haya un día de conmemoración de la lucha?

-Tiene muchos significados. Por un lado, el festejar nuestras luchas, nuestros logros, nuestra identidad. Por el otro, reflexionar críticamente sobre ese festejo. Digo que mujer originaria soy todos los días, pero todas las efemérides corren ese riesgo. Trabajar para que ese día no sólo quede en un día, que el festejo sea un festejo consiente de que todavía hay cosas por hacer, porque sino seguimos trabajando lo simbólico.

-¿Qué lugar ocupa la figura de Bartolina en prácticas cotidianas de resistencia?

-Sobre Bartolina, como historiadora, me remite muchas reflexiones. Ya es un golazo que se piense en las historia de los sectores subalternos. Que hoy se visibilice la participación de las mujeres indígenas en los hechos históricos de gran envergadura como lo fueron las guerras independentistas, es un gran logro. Para aquella persona que quiera hacer historia del período tardío colonial, para aquella hermana que quiera pensar la historia de la participación de las mujeres indígenas, la figura de Bartolina es insoslayable.

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