¿Luz en el túnel? – Periódico Tiempo, Honduras

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La expectativa gubernamental sobre la anhelada firma de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que le permita al gobierno salir del barranco del déficit fiscal y del pantano financiero, parece alargarse más, si no es que opacarse en el corto plazo.

La delegación del FMI, que últimamente estuvo en Tegucigalpa por diez días, se largó a su sede sin que hubiera firma de carta de intenciones, pero sí dejando un comunicado que, como todos los de su clase, dan una de cal y otra de arena.

Como lo del cuento del burro tras la zanahoria, ha quedado la continuación en Washington de las tratativas, ahora con un objetivo modificado, o sea el cambio de Stand-by por Stand-by Credit Facility, que, dicen, mejora la viabilidad del crédito. La cuestión es que el hilo se tense, pero no se rompa…

El presidente del Banco Central de Honduras (BCH), Marlon Tábora, marcha a toda prisa para continuar las negociaciones en Washington, llevando en cartera, sin duda, el acatamiento de reestructuración y obediencia al dictado internacional.

Esa disposición de sometimiento es desesperada, por supuesto, aunque —a la corta o a la larga— la medicina puede ser peor que la enfermedad, como se ha visto de manera similar en otros países destripados y otras latitudes. A mal tiempo, buena cara. El presidente del BCH se presenta optimista, seguro del logro final, con cara de situación sonriente.

Aun con la gramática parda del comunicado del FMI puede advertirse, empero, una línea modificada —no exactamente de cambio real— acerca de la orientación de la inversión (no del gasto) pública, con vista a paliar la gangrena de la desigualdad social, hoy día la carga más explosiva en los países del tercero y cuarto mundos.

“Asimismo —reza el comunicado—, acordamos que la reducción en el nivel del gasto debe ser acompañada por cambios en su composición, con el fin de crear espacios para el gasto social que ayude a reducir la pobreza, así como para proteger la inversión y promover el crecimiento económico”.

Eso significa que, en primer lugar, la política de Estado del actual gobierno de Honduras en materia de desarrollo no está, en la mente del FMI, debidamente orientada, especialmente en lo relacionado con el desarrollo económico y social. En esto, hay suficiente materia de discusión, cuanto más en lo pertinente al modelo neoliberal a ultranza que persigue la política del régimen actual.

Eso tiene que ver con los programas puestos en la mesa, entre otros, el de desarrollo agroalimentario, el de vivienda social y los emprendidos por Co-Alianza, un instrumento de expoliación de los recursos del Estado para grupos privilegiados, a través de la apropiación de los ahorros —de los trabajadores— de los institutos de previsión.

Esta es, naturalmente, otra clase de madeja (diferente a la del IHSS, pero no menos deletérea), que, tal vez, el FMI buscaría reacondicionar. En cualquier caso, el Ejecutivo y su compañero Legislativo habrían de modificar el proyecto de Presupuesto General de Ingresos y Egresos de 2015, para que haya luz en el túnel.

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