República Dominicana está en el centro de la guerra del papa Francisco contra pedófilos

El territorio que hoy ocupa República Dominicana es considerado como el de las primacías de América en el mundo católico, pues fue donde los colonizadores europeos celebraron la primera misa, el primer bautizo, la primera boda, construyeron el primer templo cristiano, levantaron la primera catedral, la primera universidad (fundada por los dominicos) y fue donde se hizo la primera proclama por el respeto de los derechos humanos a favor de los indígenas con aquel famoso Sermón de Adviento de fray Antón de Montesinos.

La Evangelización de América comenzó por estas tierras y por lo tanto República Dominicana tiene páginas ganadas en la historia de la Iglesia católica en el mundo, pues el complejo fenómeno que se produjo en 1492, cuando los europeos llegaron a América, le permitió expandirse en un momento en que el mundo musulmán crecía en Asía y África.

La historia vuelve a colocar a República Dominicana en un lugar preponderante justo cuando el mundo aún no sale de la sorpresa de la línea asumida por el papa Francisco, el primer Sumo Pontífice oriundo de América, en su interés de librar a la Iglesia del lastre que por años ha cargado por los escándalos de abusos sexuales contra menores por parte de algunos miembros del clero.

El papa Francisco ha embarcado al Vaticano en una especie de guerra contra la pederastia cometida por miembros del clero y ha tomado como caso emblemática el del arzobispo Josef Wesolowsky, a quien se le atribuye haber abusado sexualmente contra menores mientras se desempeñaba como Nuncio Apostólico en República Dominicana.

Jorge Mario Bergoglio fue electo como Sumo Pontífice tras la renuncia de su antecesor Benedicto XVI y sus retos inmediatos eran los escándalos sexuales y algunos financieros, los cuales eran manejados con mucho bajo perfil por la Curia Vaticana, pero que estaban mellando los cimientos de la Iglesia.

A principio de diciembre de 2013 dio una señal contundente de lo que él mismo ha calificado como “política de tolerancia cero” contra la pederastia y formó una Comisión Especial para acompañar a las víctimas de este crimen y luchar contra esa práctica en el seno de la Iglesia.

Una comisión de ocho cardenales, encabezada por el arzobispo de Boston, cardenal Sean Patrick O’Malley, tuvo a su cargo darle seguimiento a esta iniciativa.

Sacar el problema a la luz

Previo a eso, el papa Francisco había reforzado las sanciones penales del Vaticano contra la pederastia y además dispuso que por primera vez el Vaticano acudiera ante las Naciones Unidas a hablar sobre el tema y a someterse al escrutinio de sus críticos en ese foro mundial.

El primer mensaje lo estaba mandando con claridad: no trataría de mantener el problema tras bastidores, como había ocurrido en el pasado.

El mismo papa Francisco en persona le comunicó en junio pasado al presidente dominicano Danilo Medina que le daría seguimiento de manera muy particular al caso de las acusaciones formuladas contra el exnuncio Josepf Wesolowski. Sorprendió que el tema lo puso sobre la mesa en esa oportunidad el propio Sumo Pontífice.

El de Wesolowski es un caso con muchas peculiaridades y primacías, pues se trata de crímenes que se le imputan a un diplomático de la Santa Sede y por primera vez las acusaciones recaen sobre un ciudadano del Estado Vaticano. Ambas cosas ocurren por primera vez, ya que los anteriores casos de pederastia en el aspecto penal entraban en las jurisdicciones de donde habían ocurrido los hechos o en la de los países de donde son oriundos los imputados.

En esos casos la Iglesia ve limitado su campo de acción a las sanciones canónicas, como la de la reducción al estado laical de los imputados (retirarle su condición de sacerdotes), pero las sensaciones penales recaían en jurisdicciones de otros estados. Tal es el caso del padre Alberto Gil, el de Juncalito, que el proceso penal es responsabilidad del Estado dominicano (donde se cometieron los hechos imputados) y el de Polonia, de donde es originario el acusado.

En este caso Wesolowski era diplomático del Vaticano y por esa condición ostentaba la condición de ciudadano del Vaticano, por lo tanto sobre él pueden aplicarse las disposiciones penales previamente endurecidas por el papa Francisco. Manda un segundo mensaje: no habrá impunidad.

Tres decisiones concretas ha adoptado el Vaticano contra Wesolowski. Ya lo condenó en el juicio canónico llevado a cabo por la Congregación de La Fe y se le quitó el orden sacerdotal; también la Santa Sede le quitó la inmunidad diplomática para que pudiera enfrentar los cargos penales sin estar amparado por la Convención de Viene y finalmente, por disposición expresa del papa Francisco, Wesolowski fue arrestado, mientras que un juez de instrucción del Vaticano prepara la sumaria para formalizar una acusación penal.

Castigo a los cómplices

El arresto de Wesolowski fue una acción sincronizada con otra ocurrida en Paraguay. El papa Francisco retiró de la administración de la importante diócesis Ciudad del Este, en ese país, al obispo Livieres Plano, a quien se le atribuye haber encubierto a un sacerdote argentino (compatriota de Bergolio) acusado de pederastía.

Justo ese es el tercer mensaje contundente que envía el papa Francisco con relación al tema: castigos para los encubridores.

En esta dimensión también sale a relucir el caso Wesolowski.

El Vaticano ha tenido comunicación permanente con el Ministerio Público dominicano para instrumentar la acusación penal.

Un juez de la instrucción ha sido enviado varias veces a República Dominicana para levantar información y recopilar pruebas, muchas de las cuales han sido aportadas por la propia Nunciatura Apostólica en el país, la cual ocupaba el hoy imputado.

En ese sentido, hay que señalar que fue el propio cardenal dominicano, Nicolás de Jesús López Rodríguez, quien en persona puso al tanto al papa Francisco de lo que ocurría con su representante en el país.

Las tareas para el nuevo Nuncio

El papa Francisco envió a un nuevo nuncio con dos misiones importantes: dirigir el proceso de renovación de la Iglesia dominicana, donde hay cuatro obispos titulares en edad de retiro, y atender los casos de abusos sexuales de menores en República Dominicana y Puerto Rico.

Aunque el caso que más se ha aireado a nivel internacional es el de República Dominicana, Wesolowski y otros sacerdotes son investigados también en Puerto Rico por situaciones similares.

En la vecina isla varios sacerdotes son investigados por las autoridades federales de ese país y ha salido a relucir que varios de ellos también se vincularon con Wesolowski para delinquir juntos, igual como hacía aquí con el también polaco padre Alberto Gil.

El Día