Colombia: exguerrilleras de El Salvador y Guatemala dan claves para el posconflicto

Dos excombatientes de las guerrillas de El Salvador y Guatemala, que participaron en procesos de paz al final del siglo pasado y en la reconstrucción social, coincidieron en que para consolidar el posconflicto en Colombia se debe, entre otras cosas, fortalecer los mecanismos de reinserción laboral y tener muy en cuenta el aporte de las mujeres a la paz.

Morena Herrera, exintegrante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), en El Salvador, aseguró que el posconflicto debe ser también una oportunidad para conocer los orígenes de la violencia.

Y Patricia Castillo, excombatiente de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), afirmó que la educación es una herramienta vital para hacer posible la reconciliación.

EL TIEMPO recogió sus experiencias mientras recorrían el camino hacia la paz.

‘Es difícil, pero sí se puede construir una sociedad nueva’

Morena Herrera, exguerrillera de El Salvador.

¿Qué hay que esperar del proceso de paz en Colombia?

Una esperanza para una reconstrucción que no va a ser corta ni de soluciones fáciles. Hay que entender que los conflictos políticos, militares y sociales tienen otras dimensiones humanas, que dejan profundas huellas en la gente. En Colombia, que ha tenido un conflicto tan largo, han quedado muchas generaciones afectadas. También debe ser un espacio para mirar los raíces del conflicto.

¿Qué papel juegan las mujeres?

Las mujeres son decisivas en la paz, porque tenemos maneras distintas de ver la vida y jugamos un papel importante en la reconstrucción de los tejidos comunitarios y familiares.

¿Qué valor tiene el testimonio de quienes combatieron?

Es muy importante escuchar a los sobrevivientes del conflicto, porque aunque mucha gente joven sabe de la guerra, no la vivieron. Se debe escuchar a los que vivieron en carne propia eso, para que no se repita.

¿Cuáles fueron las claves en El Salvador para dejar de lado la violencia?

Primero, llegar a la convicción de que la guerra por vía militar nadie la iba a ganar. Entendimos que no se podía prolongar indefinidamente ese dolor. Segundo, la población ya no quería guerra. La gente que apoyaba nuestros ideales nos decía que no quería colaborar más con acciones armadas. Ese fue un mensaje muy fuerte, que tuvimos que escuchar.

¿Ve ese mismo mensaje en Colombia?

He podido ver que aquí la mayoría de la gente quiere que se construya un acuerdo. Incluso, la comunidad internacional está muy atenta al proceso.

¿Es muy difícil dejar las armas?

Es difícil, pero no es imposible. Yo tuve miedo mucho tiempo, pero también tuve la convicción de que no teníamos otro camino y que teníamos que darnos la oportunidad hacerlo. Uno se acostumbra a vivir en guerra. Por ejemplo, a vivir con claves de clandestinidad y, por eso, luego uno tiene que aprender que para resolver los problemas hay que buscar otros canales, porque la guerra se acaba. Es difícil, pero se puede construir una sociedad nueva.

¿Qué mensaje les puede enviar a los combatientes que piensan desmovilizarse?

Tienen que escuchar a la sociedad colombiana si quieren ser una fuerza política legítima.

‘La educación es vital para llegar a la paz’

Patricia Castillo, excombatiente de Guatemala.

¿Qué se debe tener en cuenta al negociar la paz?

En el caso de Guatemala, el acuerdo abrió la posibilidad de hacer un diálogo a nivel de país con toda la sociedad. Las partes beligerantes deben tener la apertura y humildad de escucharlos a todos, porque esa es la forma de desmontar la guerra.

¿En ese proceso, qué tan vitales son las mujeres?

Nuestros países han estado gestionados por las decisiones de los hombres, y está demostrado que no han sido las mejores. Se ha dejado afuera a más de la mitad de la población, y más de la mitad de esa población hemos tenido que pagar las consecuencias. Deben compartir responsabilidades entre hombres y mujeres.

¿Cuáles son las claves para reconstruir una sociedad?

Una de las claves que vivimos en Guatemala es el desafío de reinsertar a los desmovilizados. Hay que dar las condiciones para que esto se haga en condiciones de dignidad y de seguridad, y que se conviertan en un factor de desarrollo, de dinamización. También se necesita tierra, y que no haya privilegios para algunos.

¿Qué papel juega la educación?

La educación es vital en el proceso de paz. Se tienen que desarrollar programas para educar a los desmovilizados, en los que validen, estudien y puedan recibir títulos académicos que les permitan hacer su reinserción laboral como profesionales.

No se puede pensar la paz sin mecanismos de reinserción…

Exacto, porque esos mecanismos no son privilegios paras los desmovilizados, sino que permiten que la sociedad se pueda pensar de otra manera.

¿Cómo se supera el estigma en la sociedad?

El estigma no es solo una construcción subjetiva, sino que tiene bases en el miedo, en la imagen y en la figura militar. Pienso que esto tiene que ver con la seriedad con la que se asuma el cumplimiento de los acuerdos.

¿Ese es un proceso largo?

Sí, porque la guerra desgarra el tejido social y reconstruirlo requiere de una inmensa voluntad política.

¿Qué deben tener en cuenta los integrantes de las Farc?

Que la comunicación de los acuerdos es clave para toda la organización. Y que es importante entender que con los acuerdos no se claudican los principios ni los objetivos, sino que se establece que esos desafíos se deben lograr ahora de otra manera. Sin la utilización de las armas.

El Tiempo